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Despliegue de artes circenses

Sábado 20 de noviembre de 2004
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" Opereta prima ", por La Pipetuá, circo artesanal de clowns. Intérpretes: Diego Lejtman, Sebastián Amor, Maxi Miranda, Fernando Sellés. Puesta en escena y coreografía: Teresa Duggan. Escenografía: Azul Borenstein. Vestuario: Nam Taroshii, Azul Borenstein. Música original: Fernando Sellés. En el Centro Cultural de la Cooperación, Corrientes 1543, sábados y domingos, a las 17; $ 5 (últimas funciones).

A partir de su presentación, estos tres clowns y su músico parecen lanzarse a una carrera acelerada e intensa hacia nuevos disparates. Uno los sigue sin poder abarcarlos mientras registra los absurdos y, si puede, se toma el tiempo necesario para reírse. No siempre es posible, pero al menos sí hay saludos que permiten el aplauso, si uno entra en su ritmo. Sonrientes, con las muecas de la picardía o la expresión blanda de la pura ingenuidad, recuerdan a los cómicos del cine mudo. Sus juegos, sus gags, como chicos que muestran sus habilidades y las cambian y siguen inventando, también parecen tomar algunas consignas del estilo de esa comicidad sin palabras.

La ropa que visten es estrafalaria, y los objetos con los que juegan, también. O sea, hay un chiste también en las cosas y en cómo se comportan. Con dos biombos a un costado para entrar y salir -acción que es alternada pero constante- y los espacios delimitados por la luz, se van armando distintos cuadros de destrezas insertas en la comicidad del delirio. Puede ser que el grupo esté circulando con los más extraños monociclos y biciclos, mientras uno de ellos llega con el termo y ceba mate; puede ser que se disputen un objeto y terminen transformándolo, o que se propongan una acción y luego de los preparativos cambien de idea o las cosas los obliguen a cambiar.

Las sorpresas son parte de la ristra de acciones absurdas y desopilantes. En una carrera, la señal de llegada puede terminar yendo a buscar al corredor.

La luz se proyecta y desplaza sobre el escenario jugando con los artistas, o las linternas en cascos de mineros se asoman a través de una espesa niebla en movimientos que parecen malabares.

Entre las escenas figuran un concierto muy extraño, un pintor que pinta con pelotas de goma, acrobacia sobre una patineta, malabares con ramos de flores, con raquetas, un simulacro de buceo bajo el agua detrás de una pantalla.

La importancia de la música

Otro elemento muy utilizado es el sonido. La música, acompaña y subraya movimientos, a veces hace de sonido ambiental, o efectos sonoros o banda sonora, y otras, en vivo. Pero también hay juegos con las palabras y sus ecos o resonancias, gritos y alaridos. Todo esto parece buscar ese clima de aceleración, de movimiento imparable que simplemente culmina al final con una especie de síntesis de los cuadros con imágenes que se forma en siluetas detrás de la pantalla.

La propuesta, además de entretenida, alegre, refrescante por ese humor simple y directo, acentúa y explota en extenso las distintas facetas que tiene la comicidad circense. A la manera de payasos modernos, los intérpretes de La Pipetuá se apoyan sólidamente en la mejor tradición del clown y le agregan su propia pizca de travesura y delirio para dejar casi sin aliento a su público durante la completa duración del espectáculo.

Ruth Mehl

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