Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

Calderón, en una noche de nivel artístico

Domingo 21 de noviembre de 2004

Concierto de la Orquesta Sinfónica Nacional. Programa: Cantata Alexander Nevsky, Op. 78, de Sergei Prokofiev, y Sinfonía Nº 10, Op. 93, de Dmitri Shostakovich. Coro Polifónico Nacional, preparado por Darío Marchese. Solista vocal: Alejandra Malvino (mezzosoprano). Director: Pedro Ignacio Calderón. Auditorio de Belgrano.

Pedro Ignacio Calderón pasó en contados días y con naturalidad de un repertorio ampliamente difundido, ofrecido con la Orquesta Filarmónica en el Teatro Colón, a otro conformado por dos obras monumentales de la música rusa del siglo pasado, esta vez con la Sinfónica Nacional.

En el primero, transitó por el lenguaje melódico de Tchaikovsky, por la almibarada atmósfera de Frederic Chopin, secundando al joven pianista Ivan Rutkauskas y por el mundo sonoro entre grandioso y delicado de la "Grande", de Franz Schubert.

El director, al frente de la Orquesta Sinfónica Nacional, fue el artífice de un concierto memorable
El director, al frente de la Orquesta Sinfónica Nacional, fue el artífice de un concierto memorable. Foto: Archivo

En el segundo, el que aquí se comenta, nada menos que por una impecable ejecución de la cantata Alexander Nevsky, de Sergei Prokofiev, y por el monumental lenguaje de la décima sinfonía de Dmitri Shostakovich, dando una nueva demostración de su facilidad para penetrar en el lenguaje de las obras representativas del gran sinfonismo. Así, se concretó un hecho nada habitual de un director de orquesta abordando en el corto tiempo de una semana cinco obras representativas de un muy largo período de la historia musical ofrecidas casi simultáneamente en dos salas y con orquestas diferentes.

En la primera parte de la presentación en el Auditorio de Belgrano, Pedro Ignacio Calderón contó con una muy buena labor del Coro Polifónico Nacional, preparado por su subdirector Darío Marchese, así como con la sobriedad y musicalidad de la mezzosoprano Alejandra Malvino, que expresó con idoneidad -aquí se recordó una anterior versión con los mismos interpretes- todo el dolor que emana del texto de la sexta parte denominada "El campo de la muerte", con aquellas emotivas palabras de una mujer rusa que busca a su amado en el campo de batalla y explica la sangría y la desolación reinante.

Como la mirada de Calderón fue vibrante en los momentos épicos y admirables los efectos de lejanía y de poesía, con intervenciones del coro en muy bien lograda atmósfera, el canto de la solista sumamente doliente y de impecable musicalidad, se plasmó una versión de gran jerarquía y fidelidad al estilo. Entonces, como no podía ser de otro modo, el público ofreció un prolongado y cálido aplauso.

Shostakovich

La segunda parte se esperaba con mucho interés porque la décima sinfonía de Shostakovich no es precisamente una obra que se incluya con cierta frecuencia en las salas de conciertos y porque fue escrita en 1953, inmediatamente después de la muerte de Stalin, detalle significativo si se tiene en cuenta que el formidable creador ruso fue uno de los compositores atacados por el poder soviético a partir de 1943, una de las razones que han fabricado en torno de la obra un supuesto mensaje político y social por parte del compositor.

Pero más allá de los significados que se le quieran atribuir a la sinfonía, surge de ella la obra de un músico creador de fuste, conocedor de todos los recursos del arte de la orquestación, que aporta en casi toda su producción un lenguaje que parece revolucionario pero que es una continuación del pasado armónico aplicado con recursos de coloración y de timbres posibles, audaces y exclusivos.

La Orquesta Sinfónica Nacional funcionó con la suficiencia habitual, acaso con una sonoridad un tanto excesivamente viva que hace muy difícil amalgamar y atemperar el sonido, detalle que se atribuye a las condiciones acústicas del lugar. De todos modos se lucieron todos los sectores y algunos de sus principales solistas en un muy alto rendimiento, tal como se pudo apreciar en los pasajes a cargo de los solistas de flauta y oboe Patricia Da Dalt y Andrés Spiller.

Pedro Ignacio Calderón, que insufló vitalidad y pasión a toda la versión de la sinfonía de Shostakovich, recibió junto a su orquesta las muestras calurosas de un público profundamente agradecido por tan acertada labor. Fue una lástima que no se observara en la sala la instalación de micrófonos para atesorar una manifestación artística de calidad como la que está brindando el ciclo de conciertos de la Sinfónica Nacional en la presente temporada.

Juan Carlos Montero

Te puede interesar