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En el nombre de Gardel

Los cantores Osvaldo Peredo y Ariel Ardit serán dos de los protagonistas de una semana de festejos y conciertos por el Día Nacional del Tango

Martes 07 de diciembre de 2004
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LA NACION

Es la una y media de la madrugada y la noche recién empieza en el Bar de Roberto. El pequeño reducto tanguero, ubicado en el corazón de Almagro, está a punto de estallar. A pesar de la hora, Osvaldo Peredo, de 74 años, luce fresco, preparándose para oficiar su recital, ese rito tanguero de los jueves que cumple desde hace 8 años y que se fue transformando en parte de la leyenda urbana del barrio. En cambio, Ariel Ardit, con 30, está en el último round, a punto de caer KO después de una jornada agotadora con ensayos y recital incluido con su orquesta El Arranque, pero con una sonrisa gardeliana intacta.

Los dos cantores se conocieron en ese refugio tanguero y se transformaron en maestro y discípulo. Para Ardit fue el lugar donde comenzó a cantar tangos y se integró a la orquesta El Arranque. Para Osvaldo fue el espacio donde se transformó en figura de culto para los jóvenes. A pesar de la brecha generacional están unidos por su fanatismo gardeliano, y no es casual que ambos sean protagonistas de los festejos por el Día Nacional del Tango (el 11 se recuerda el nacimiento del Zorzal), que comienzan hoy y se extenderán hasta el próximo martes.

A pesar de la diferencia de edad, Osvaldo y Ariel comparten guiños cómplices y una misma forma de sentir los tangos; sin embargo, sus vidas artísticas tienen recorridos distintos. Ardit estudiaba canto lírico cuando el bar de Roberto se cruzó en su camino. Con sólo 21 años, descubrió a Osvaldo que, sin micrófono y acompañado por un guitarrista, cantaba valsecitos y tangos con una sencillez y una cadencia sólo rastreable en los discos de Gardel, Floreal Ruiz o Raúl Berón.

"Hasta ese momento para mí los cantores de orquesta o el mismo Gardel eran marcianos. Estaban a años luz de nosotros y era como que pertenecían a otra raza. Con Osvaldo conocí al cantor de tango de carne y hueso", reconoce Ardit, que fue descubierto por Ignacio Varchausky en una noche de peña tanguera en lo de Roberto, justo cuando andaba buscando un nuevo cantor para la ascendente orquesta El Arranque. Con la típica presentarán esta noche su nuevo disco junto a los maestros Raúl Garello, Julio Pane, Mauricio Marcelli y Néstor Marconi.

Peredo comenzó en una orquesta del barrio de Pompeya y paseó su arte por los bailes hasta que se fue a vivir a Colombia para jugar en el Sporting de Barranquilla. Pero le fue mejor como cantor de tangos y se quedó varios años. Cuando volvió pasó a formar parte de la generación perdida de los años sesenta. Resistió la crisis tanguera y, a pesar de su edad, su estilo sentimental y sencillo se transformó en una novedad. Tanto que ahora participará del Festival de Tango Joven (ver recuadro).

"Me acuerdo que antes si decías que te dedicabas al tango te echaban naftalina. Yo era más pibe y teloneaba a Goyeneche en el Rincón de los Artistas. Hubo un tiempo que me dediqué a otra cosa, pero con los años mi estilo se transformó en una cosa nueva para los jóvenes que venían a verme a lo de Roberto. Algo pasó, y ahora encontré mi lugar en el ambiente tanguero", cuenta Osvaldo que, con su estilo decidor y una fama ganada de boca en boca, recuerda al fenómeno que en su momento despertó Luis Cardei. Lo corrobora una ecléctica audiencia, expectante por escucharlo en el bar de Roberto.

–Pertenecen a dos generaciones distintas del género. ¿En qué se reconocen?

Osvaldo: –En Ariel veo la esencia del tango, eso que se encuentra poco, que se perdió de alguna manera con los años.

Ariel: –Osvaldo representa al canto sencillo, como paradójicamente era Gardel, que nunca remata un final. La escuela del tango está ahí.

–Es un estilo interpretativo que parece perdido. ¿Qué pasó?

Ariel: –Casi no se encuentra salvo en los discos de Gardel o en los cantores de orquesta como Charlo, Rufino, Campos o Berón, que parecen salidos de un laboratorio. Yo tuve que aprender a ser sutil, porque en una orquesta la voz es un instrumento más, que cuenta una historia.

Osvaldo: –Ese es el secreto. Fijate que los grandes cantores eran muy buenos decidores. Nunca puede ser más importante la historia que estás contando que la voz. Cuando uno es joven quiere sobresalir, pero con los años te das cuenta de que lo importante es el sentimiento que transmitís. Ya no gastás tanto combustible. Estás en otra. La fuerza está en el decir, en el mensaje.

–¿Se consideran parte de una raza de cantores en peligro de extinción?

Ariel: –Creo que este estilo de cantor no lo encontrás en una casa de tango, sino que nace en los boliches o en los asados, de donde salieron Osvaldo o Luisito Cardei, aunque sus historias son distintas. Cardei tuvo gente que lo grabó a tiempo. Pero creo que si Osvaldo hubiera tenido un poco más de suerte podría haber llegado a ser un Floreal Ruiz. A pesar de eso es reconocido por los jóvenes, porque hace un culto del canto amateur. El simboliza el cantor de tango que todos los días empieza de nuevo. Esa es su enseñanza.

Osvaldo: –Durante muchos años al tango lo borraron de todos lados, pero contra el destino nadie la talla. Por suerte, el tango y yo sobrevivimos.

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