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Ken O´Donnell: "Meditar en la empresa no es rasurarse la cabeza"

Domingo 12 de diciembre de 2004

"Durante dos años no hice otra cosa que mirar y mirar. Y escuchar voces que a veces hablaban lenguas que no entendía. Quería saber qué había detrás de todo eso. De costumbres, indumentaria y comidas. Como me di cuenta después, cuando ya había regresado a Australia, mi tierra, quería saber cómo éramos los hombres", recuerda el doctor Ken O’Donnell, profesor de meditación de la Fundación Brahma Kumaris, de paso por Buenos Aires.

Además, O’Donnell es experto en una ciencia nueva, la endocalidad, o la calidad de adentro hacia afuera. Una disciplina que propone integrar los valores espirituales en la organización empresaria para lograr el crecimiento humano de sus integrantes y, como consecuencia, un mayor éxito en la gestión.

"Me di cuenta de que debajo de esas diferencias había similitudes: sentimientos como amor o miedo y la necesidad de determinados valores. Que cuando un chofer de taxi en Tokio gritaba, aunque la lengua fuese distinta, pretendía las mismas cosas que uno porteño. Pero si había más coincidencias que diferencias, pensé que tenía que haber una solución para los problemas humanos."

–¿Por qué esa búsqueda de dos años?

–Me recibí de doctor en Química en la Universidad de Ciencias Aplicadas de New South Wales, en Sidney. Estaba orgulloso de mi título, pero al mismo tiempo sentía un gran vacío espiritual. Entonces, decidí emprender un viaje en busca de respuestas.

–¿Cómo llega a meditar?

–Una tarde, poco antes de viajar a la India, caminaba por Pound Lane, una calle de Londres, cuando descubrí la sede de Brahma Kumaris, organización india para el crecimiento espiritual. Anunciaban un curso de meditación y me inscribí. Eso fue hace treinta años. Sigo siendo meditador, pero no me quedé allí, decidí enseñar lo que había aprendido y tratar de aplicarlo a la vida práctica, a la empresa, por ejemplo. Porque en la Universidad me habían enseñado a tratar con sustancias, pero no con seres humanos.

–Quiere decir, ¿meditar en la empresa?

–No, tampoco hacer que todo el mundo se rasure la cabeza y se vaya por los pasillos cantando mantras. Cuando uno habla de estas cosas con algunos hombres de negocios y les explica la conveniencia de integrar los valores espirituales en la gestión se asustan. Piensan que se pretende abrir santuarios o hacer algún tipo de yoga. No es así, se trata de algo mucho más simple: alentar, demostrar, enseñar la conveniencia de ser más solidarios, más afectuosos, más íntegros. Y, por supuesto, predicar con el ejemplo.

–¿Qué es endocalidad?

–En parte es una síntesis, porque mi crecimiento técnico corrió paralelo con mi crecimiento espiritual. En determinado momento empecé a trabajar en control de calidad y a reorganizar grandes áreas de producción. Mis proyectos eran excelentes, pero siempre había algo que me inquietaba.

–¿Qué?

–¿Quiénes los llevarían a la práctica? Los hombres de la empresa, claro. Entonces, había que hacer algo para que el desarrollo fuese parejo, hacer crecer la calidad humana. En eso se basa uno de los más importantes descubrimientos del siglo XX: que el mayor capital de una empresa no es el dinero, sino sus hombres. Los hombres no tienen precio, lo primero que había que buscar era la excelencia humana. Bueno, eso es endocalidad, donde participan tanto la sabiduría oriental como la occidental.

–¿Puede explicarlo?

–En Oriente, el individuo desaparece y el trabajo en equipo asume todo el protagonismo. Cuando en 1989 la empresa Toyota comenzó a captar grandes cuotas del mercado de Estados Unidos, sus tres grandes fábricas –Ford, General Motors y Chrysler– recibieron la noticia con temor. Descubrieron que Toyota empleaba a 450 personas para fabricar un nuevo auto, mientras que la media entre las tres grandes empresas estadounidenses para un proyecto similar era de 1300 trabajadores. Una de las causas que explicaba esta diferencia era el hecho de que los 450 empleados de Toyota funcionaban como un nosotros, mientras que en las fábricas de Detroit había 1300 yo.

–¿Y Occidente?

–Occidente aporta la garra, el empuje que es la base del esfuerzo personal, imprescindible para poner en marcha procesos y alcanzar resultados. Pero, ¿cómo subrayar la individualidad sin caer en los desagradables extremos del individualismo? Estas y otras preguntas deberían formar parte de nuestra nueva educación.

–¿Qué es educar?

–En un sentido original, la palabra educar (del latín, educare ) significa conducir hacia fuera , extraer el potencial que reside en el interior del ser humano. Pero, en la mayoría de los casos, lo que se denomina educación es en verdad un adiestramiento. Desde que iniciamos nuestros primeros estudios, emprendemos un proceso de preparación para la vida en una sociedad productiva. En realidad, la verdadera educación, la que es capaz de hacer brillar nuestro potencial interior, se desarrolla en un plano informal y cotidiano: en el hogar, la calle, el recreo del colegio, en el alma a alma de las relaciones familiares, sociales y profesionales donde adquirimos los valores y principios que habrán de guiar nuestra existencia. Como dice un viejo refrán, La sabiduría no se enseña, se aprende.

Exito

“Podemos afirmar que una civilización ha alcanzado el éxito cuando es capaz de proporcionar estabilidad, seguridad, comodidad y felicidad a quienes la componen, y además se muestra capaz de vivir en armonía con el medio ambiente.”

Luis Aubele

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