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Desde 1945

Duravit, un clásico nacional

Comercio exterior

Cuando los más chicos jugaban al balero, juntaban figuritas y dibujaban rayuelas en las veredas

Los chicos correteaban por ahí, de pantalones cortos, en las calles de una Buenos Aires segura y de casas bajas. Trepaban a los árboles, jugaban al balero, las figuritas y la rayuela. No existía la tele. Tomaban naranja Bilz y comían caramelos Mumú. Los juguetes eran de madera u hojalata, y mientras sonaba en la radio la publicidad de Toddy, Ricardo Macchiavello hacía los primeros experimentos con una idea innovadora que alguien le trajo de California: la goma.

Corría 1945 y se puso a fabricar juguetes sin imaginar que su marca encarnaría en la memoria de una generación. Fue, al principio, una "fábrica de autos". Tuvo su década de oro en los años 60 y sufrió los avatares propios de la historia argentina. Macchiavello era obrero de su propia fábrica, y durante las temporadas altas cubría el turno más complejo, el de la noche, prensando juguetes. Empezó con cuatro empleados y llegó a tener 120, cuando la goma requería mucha mano de obra. A fines de los 70 estuvo al borde de cerrar sus puertas y entrados los años 80 empezó a vender productos para niñas.

Para esa etapa, el empresario le dejó paso a sus hijos, quienes hoy manejan la pyme: Horacio, en Producción; Sara, en Compras, y Alejandro, en Ventas. Actualmente, venden 1,2 millón de unidades al año. "Ahora viene la tercera generación. Mi padre tiene 33 nietos, veremos cómo hacemos", contó Alejandro Macchiavello, el menor de los seis hermanos.

Es la marca del sector más antigua del país. "Hay gente que no tiene idea que la marca sigue existiendo, pese a que nuestras ventas son mayores que las de antaño. Y cuando sale Duravit en algún medio, nos llaman y piden visitar la fábrica porque quieren ver dónde se crearon los productos con los que jugaron en su infancia. Ha venido gente que salió con lágrimas en los ojos", comentó.

Durante los años 90, la empresa fue pasando de la goma al plástico. Por eso, hay una cadena de coleccionistas que buscan el Duravit que se discontinuó, aquel que posicionó la marca. "Hay un mercado de remate. Se paga 500 o 600 pesos por auto. Tienen que ser Duravit, y los precios varían según las etapas: llanta de lata o plástico, con o sin remache. Incluso, hay una línea falsa y los que saben la reconocen como tal", explicó Alejandro. .

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