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Martín Churba: tramar un sueño

Revista

En su local de Recoleta, ninguna prenda cuesta menos de 180 pesos. Desde allí viaja todas las semanas a Laferrère para llevar adelante un proyecto que empezó con un lema: "Pongamos el trabajo de moda". Junto con un grupo de desocupados, y con la ayuda de empresas y ONG (entre ellas, Poder Ciudadano), diseñó guardapolvos que ahora se exportan a Japón. La historia de dos Argentinas unidas por una idea solidaria

Algo sucedió en el puerto de Tigre ese verano, dice Martín Churba (34). Recién separado del famoso matrimonio creativo y comercial con Jessica Trosman -con quien en los 90 revolucionó la moda, fue pionero en Palermo Soho y exportó a Estados Unidos, Arabia y Kuwait-, hizo lo que algunos cuando la vida les pega fuerte o impone una curva: se tomó un respiro y se refugió en una casa en una isla del Delta a pensar cómo seguir. Un día clavó las pupilas en el cielo. Una hilera de banderas del mundo aleteaba por encima del olor a río, y al verlas supo que la próxima colección estaba servida. La historia y el futuro se le hilvanaron. Y, aunque no lo sabía, los hilos del proyecto estaban cosidos a la patria de sus sueños.

Fue el principio de Tramando, la empresa que una vez más lo puso en el centro de la moda y con la que fue capaz de enhebrar la búsqueda creativa hacia un emprendimiento social: la creación de empleo para piqueteros desocupados y la exportación de su trabajo a un local de Tokio, Japón, que abrió en octubre.

Dos años después de aquella revelación, otra mañana de verano, Martín Churba (34) toma mate junto a su notebook de titanio en el triple centro de operaciones que es Tramando Casa Matriz, una maison de tres plantas y aires recoletos, con escaleras de mármol y jardín de película. Allí funcionan el estudio de diseño, la fábrica y la tienda, que abrió sus puertas en agosto de 2003 y ya es una coordenada de peregrinaje local e internacional. Churba lleva una camisa leñadora a cuadros azules, jeans y el colgante que lo salva de pasar inadvertido: del cordón de seda rojo furioso ("de un kimono") cuelga una figura de libélula dorada ("de mamá") y un prendedor diminuto con una calavera blanca ("mi infaltable toque trash").

En el escritorio hay jazmines recién cortados, revistas japonesas, y en el centro de la pared, un diploma de papel ligero: "El Movimiento de Trabajadores Desocupados de La Matanza tiene el orgullo de reconocer a Martín Churba como una mano amiga, cuya confianza nos sigue dando fuerzas para cambiar el mundo". En otro rincón del estudio, el quid de la cuestión: tijeras, centímetros, rollos de tela y prendas sobre un tablón de trabajo. Hiperkinético, Churba se para al lado y explica: "Todo empezó en una mesa".

Se tejió a sí mismo

El escritorio de Churba está en el primer piso: el corazón de Tramando, en Recoleta. "En esta planta estamos los que bombeamos", describe, y presenta al equipo, seleccionado en una convocatoria a la que se presentaron 400 diseñadores. Separados por biombos de gasa de bordes curvos, están los diferentes sectores: diseño gráfico, diseño industrial, diseño textil y diseño de moda.

"Mi tienda es como una verdulería. La gente encuentra cosas frescas semana a semana, productos recién cosidos", dice Churba.

La prenda más barata de la verdulería gourmet, una remera o un dúo de ropa interior, cuesta 180 pesos. Hay vestidos de 1200 pesos para arropar el espíritu de un hada, el de una gitana pospunk y el de una princesa del siglo veintidós. Isabel Menditeguy se pasea entre los probadores con bajo perfil, se prueba pantalones y se lleva un guardapolvo piquetero. En un instante, se anudan dos extremos de la Argentina.

Cadena de valor

Al día siguiente estamos en un auto, camino del taller de costura que el Movimiento de Trabajadores Desocupados (MTD) tiene en su Centro para la Educación y Formación de Cultura Comunitaria (Ceffoc) en Laferrère. Martín Churba improvisa lecciones de diseño textil y economía. Viene de una reunión con la Fundación Pro-Tejer, de la que es socio fundador.

"Uno siente que está evangelizando, convenciendo a los industriales de incorporar el diseño en la moda para construir el futuro. Luego de 10 años en la convertibilidad, se desactualizaron las fábricas y se empezaron a perder los oficios. Poner en marcha el sistema resulta más caro que pagar la prenda tres veces. Conclusión: hoy todo el mundo volvió a comprar en China. Pocos crecieron y evolucionaron. Se paga tres veces más que antes por importar lo mismo, y este costo, adivinen quién lo cubre... El último que compra", se enardece Churba. Y explica que estos vaivenes son los grandes desestabilizadores de la industria textil, porque mil personas pasan a estar fuera del mercado con un producto que queda obsoleto. Desde la Fundación Pro-Tejer, él lucha por una cadena de valor textil que incluya el diseño. "A más producto final, más puestos de trabajo", resume, convencido de que hay que copiar en algo eso que él vivió como una experiencia religiosa en Brasil: los diseñadores como la punta del iceberg de una industria de la confección, y la moda, un espectáculo popular y de calidad, capaz de atraer a los compradores del mundo.

"El último que compra" podría ser Toty, según dice el propio Churba. Toty Flores, dirigente del MTD. Esa agrupación piquetera es de las más antiguas, no se enrola con ninguna corriente y desde 1997 rechaza los planes sociales por considerar que no necesitan asistencialismo, sino empleo. La Cooperativa La Juanita es el formato de emprendimientos autogestionados y autónomos de servicios educativos, asistenciales y comunitarios que encontraron para sus proyectos: una panadería, una huerta, un jardín para 60 chicos, un taller de costura. Cada máquina significa un puesto de trabajo, y hay seis, donadas por la embajada de Suiza.

"Churba te va a cagar", corean en la Cooperativa La Juanita. Repiten lo que algunos les advirtieron. Martín se ríe y templa el calor con un sabroso puchero cocido con energía solar, con que los piqueteros agasajan a su socio estratégico. Las tratativas de esta alianza las inició Carlos March, director de Poder Ciudadano, cuando en marzo de 2004 abrió su agenda al MTD y lo contactó con Churba. El plan era reactivar unas pocas máquinas que tenían los piqueteros y a las que no les encontraban la vuelta desde la producción ni desde la comercialización. Toty y sus compañeros llegaron al local de Recoleta y algunos desconfiaron: ¿por qué un diseñador así querría unirse a ellos? Las dudas se despejaron con la campaña Pongamos el trabajo de moda. Empezaron a preguntarse cuál sería la prenda para simbolizar esa idea. "Surgió el guardapolvo como ícono transversal, que preserva la identidad, protege, iguala en las diferencias a médicos, maestros, chicos o mecánicos", comentan a dúo Flores y Churba.

A la alianza se sumaron Pro-Tejer, la fábrica de telas INTA (Industria Textil Argentina), la marca Casa Quintás, la marca Arciel. Cada uno aportó lo suyo, mientras los piqueteros etiquetaron, estamparon, se capacitaron. Los guardapolvos desfilaron en Buenos Aires Fashion Week. Cuando Toty vio a Churba en la pasarela con el delantal, se le llenaron los ojos de lágrimas. La venta de los primeros 300 dio impulso al taller.

Churba tiró más leña al fuego: "Me pidieron unos guardapolvos para Japón, ¿se animan? Tenemos una semana". Las prendas volaron puntualmente a la capital japonesa, con solapas triples y bolsillos diagonales, estampadas por los flamantes trabajadores. Hoy buscan crear su propia marca, asesorados por Churba. Y, desde aquel envío, las costureras no pararon. Confeccionaron cientos de delantales para otras empresas, miles de bolsos para un programa de alfabetización, y se animaron con remeras serigrafiadas y puffs para el jardín de infantes. Su apertura, dicen, fue posible porque tras el eco mediático de los guardapolvos llegaron las donaciones.

Diez meses después del primer contacto, ya se nota la influencia churbiana en el predio: hilos de género rosa chicle, verde flúo, azul eléctrico, cuelgan como guirnaldas en el patio. Después de chequear la producción con las costureras, Churba orienta, pasa el pincel, pide papel: "Ese con el que se envuelven manzanas". Se lo traen, lo pega. Habla de Gaudí, de los mosaicos, de cortar pedacitos y jugar con transparencias. Propone objetos para vender. "Es el niño soñado, el que se atreve a todo", dice Soledad Bordegaray, maestra y psicóloga social.

Antes de despedirnos, alguien cuenta que vio a Pampita en una revista con un gorrito con visera que es una trama artesanal que los piqueteros hacen para Churba. "¡Ciento ochenta pesos cuesta!", agrega otra voz. El Toty dice: "Nosotros estamos muy bien pagos, Martín nos paga cinco veces más que un encargo común. Aprendemos que una relación empresarial no necesariamente significa explotación. El nos tuvo confianza, nos revalorizó. La creatividad que tuvimos para subsistir en la crisis, él la ubicó de modo que nos sirviera para vivir. Es democrático y nos deja hacer".

La trama íntima

Churba cree que hay que ser solidario, pero también inteligente. Tres cosas aprendió:

"La creatividad no es un bien o un derecho de los ricos y bien educados, la belleza y el arte no siempre salen de los lugares lindos y prósperos, y esta gente no se vuelve a someter: los guardapolvos a Japón los diseñaron ellos con una libertad total".

Rompió el hermetismo de las telas italianas y los cristales de Murano que tapizaron su infancia. "Tiré unas lianas y me estoy trenzando a la Argentina real. Esto me da pertenencia al lugar donde vivo. Elegí pinchar la burbuja. Sentir que soy de acá y conocer a la gente", reflexiona, más transformador que diseñador.

"Todo empieza con algo para transformar. Se entabla un diálogo. Es como entrar en la cocina, ver lo que hay, y barajar posibilidades. Creo que como argentino esa actitud te hace útil: en lugar de hacer la lista de lo que no existe, hay que generar a partir de lo que hay. Que es muchísimo."

Este verano lo encuentra en un proyecto artístico en el que el país también es eje: rediseñar los íconos nacionales. Prueba un degradé sobre la celeste y blanca, y asegura que es la bandera de la tierra prometida. "Tenemos que rediseñar la imagen de la Argentina. Es el lugar del mundo donde la naturaleza te da la pauta de la inmensidad, un rincón alejado del mundanal ruido. Tenemos que elegir cómo contarnos. Todo está por hacerse", predica.

Se levanta a las 8 de la mañana. Practica yoga y Pilates. Les cose vestidos a sus sobrinos. El trabajo es para él "diversión, juego, responsabilidad, vida, dinero, posibilidad". Le apasionan el arte -trabaja con la artista Nicola Constantino y Kuitca lo convocó para un proyecto-, la actuación (estudió 7 años) y el canto. Lo inspiran la naturaleza, dibujar, juntar piedras en la playa.

"En lo individual me siento realizado, pero no como ciudadano. Trabajo con un grupo de piqueteros para tramar un sueño. Ayudar a que un emprendimiento así tenga éxito económico puede generar un cambio en la percepción en este país. No es tan difícil si la gente entiende que capacitarse y asociarse a líderes honestos crea oportunidad, puede desarrollar una industria. Tengo un sueño colectivo: el diseño de un país generoso y del que podamos sentirnos orgullosos.

Para saber más:
www.tramando.com
www.fundacionprotejer.com
www.ante-buenosaires-hpfrance.com

Dinastía de estetas

  • Martín Churba nació el 3 de octubre de 1970. Hace 10 años inició su camino como artista textil. También estudió diseño gráfico y teatro. En cine actuó en No quiero volver a casa, de Albertina Carri, y en teatro hizo Perlas quemadas, de Fernando Noy.
  • De su árbol genealógico cuelga una dinastía de estetas. Muradep, su abuelo materno, fue un revolucionario de la moda con la casa Vittorio. Su mamá, Lidia, tuvo una marca de ropa para chicos, Lemamú. Su tío abuelo, Alberto Churba, fue el creador del famoso local de diseño en Cabildo y Juramento. Su tío León Churba es el dueño de Gris Dimensión y sus primos tienen una marca de accesorios y bijou, Perfectos Dragones. Tía Graciela pinta, diseña alfombras y es arquitecta. Otros tíos Churba son los dueños de Natán. Su padre, Natalio, dirige una empresa constructora: "Es uno de los tipos más honestos que existen para los negocios".
  • A los 27 años se asoció con Jessica Trosman en el emprendimiento de indumentaria TrosmanChurba; con ella se insertó en el mercado internacional.
  • En 2002 gestó Tramando: combina el laboratorio textil, el desarrollo estratégico del diseño y la venta al público. El mismo año fue elegido Emprendedor Endeavor.
  • Es socio fundador de la Fundación Pro-Tejer, organismo del área agroindustrial textil que es punto de encuentro de diferentes eslabones del sector.
  • En octubre de 2004 abrió un local en Tokio. Exporta a Japón y a los Estados Unidos.

Tokio-Buenos Aires

A principios de 2004, en Nueva York, Takanao Muramatsu, representante de un grupo de 60 locales japoneses y distribuidor en Estados Unidos enloqueció ante las prendas de Churba. A los pocos días estaba en la Argentina. Churba le ofreció un intercambio de figuritas: "Te doy mi colección para distribuir en Estados Unidos y vos me vendés en Japón". El 3 de octubre último abrió, en Tokio, Ante Buenos Aires HP France, la tienda que vende sus creaciones. ¿Y los guardapolvos? El proyecto que involucra al Taller de Costura de la Cooperativa La Juanita se amplía este año con una máquina de estampar. Y pasa a manos de la Fundación Pro-Tejer para fortalecerse en la industria textil. La ONG y Churba alientan una transferencia de conocimientos para rescatar antiguos oficios: convocan a jubilados y ex obreros a sumar voluntades para capacitar a los más jóvenes en este proyecto ( www.fundacionprotejer.com ) .

Por María Eugenia Ludueña
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