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Crónicas norteamericanas

Golpe al Ku Klux Klan a 41 años de un asesinato

Por Mario Diament
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Sábado 8 de enero de 2005 | Publicado en edición impresa 

MIAMI.- Le tomó 40 años a la Justicia de Mississippi llegar a las puertas de la modesta casa de Edgar Ray Killen, un impenitente miembro del Ku Klux Klan -conocido como "El predicador"-, y arrestarlo por el asesinato de tres activistas de derechos civiles, ocurrido en el condado de Neshoba, en 1964.

Killen tiene 80 años y es apenas uno de los ocho hombres que aún siguen con vida de los 18 que originalmente fueron procesados por conspiración, en lo que se convirtió en uno de los sucesos más tristemente célebres de la lucha por los derechos civiles en los Estados Unidos.

El episodio fue dramatizado en 1988 en la película "Mississippi en llamas", dirigida por Alan Parker y protagonizada por Gene Hackman. Las víctimas eran dos blancos -Michael Schwerner y Andrew Goodman- y un negro, James Chaney. Los tres, menores de 25 años, llegaron a Mississippi como parte del llamado "Verano de la libertad", cuando cientos de jóvenes estudiantes se volcaron al sur norteamericano para educar a la población negra acerca de sus derechos democráticos.

Mississippi era entonces el estado más racista del país y el condado de Neshoba, en particular, era un nido de activistas del Ku Klux Klan. Tanto el sheriff como su segundo eran miembros conspicuos de la organización.

Algunos días antes de los asesinatos, una iglesia negra había sido incendiada durante una reunión política y los participantes fueron golpeados brutalmente cuando trababan de huir de las llamas. Schwerner, Chaney y Goodman habían llegado a Neshoba el 21 de junio para inspeccionar los daños a la iglesia. En el camino de regreso, fueron detenidos por el segundo del sheriff, Cecil Price, y conducidos a la prisión local. En connivencia con los miembros del Klan, Price dejó en libertad al trío a las 10 de la noche. Pocos minutos después, la camioneta en la que viajaban fue interceptada, en un camino rural llamado Rock Cut Road, por un grupo de hombres armados, quienes obligaron a los tres a bajar, los golpearon, los mataron a tiros y arrojaron sus cuerpos en un pozo.

En 1967, tras una extensa investigación por parte del FBI y una serie de escandalosos procedimientos judiciales, siete hombres fueron condenados por conspiración por un jurado íntegramente blanco. Nadie fue acusado de asesinato. Las sentencias oscilaron entre 3 y 10 años, pero ninguno pasó en prisión más de seis.

Al momento de ocurrir los crímenes, Edgar Ray Killen tenía 38 años. Aunque había sido ordenado pastor bautista (lo que le valió el apodo de "El predicador") se ganaba la vida con un aserradero. Era un personaje gris, que había intentado vanamente obtener la posición de sheriff, hasta que fue reclutado por el Klan para ocuparse, a su vez, del reclutamiento.

Killen fue identificado por uno de los testigos como el hombre a quien Price comunicó primero la detención del trío de activistas. A continuación, Killen se ocupó de juntar a la gente de la organización que atacaría la camioneta en el camino rural. Pese a la abundante evidencia en su contra, quedó en libertad durante el juicio de 1967 porque uno de los jurados se negó a ""condenar a un predicador".

Killen nunca renunció a su racismo. El año pasado consintió en presentarse en una convención de supremacistas blancos para firmar autógrafos y sacarse fotos, pero el escándalo que provocó el anuncio lo obligó a cancelar.

En 1999, el diario Clarion-Ledger publicó una entrevista al ex gran brujo del KKK, Sam Bowers, quien se ufanó de que Killen estuviese en libertad. La entrevista causó profunda indignación y la consecuente presión sobre el fiscal general de Mississippi, Jim Hood, dio como resultado la reapertura de la investigación. Y si bien algunos vecinos de Killen dijeron que el arresto abriría viejas heridas, para aquellos vinculados a las víctimas y para quienes aún se horrorizan por esta historia salvaje, la memoria nunca cicatriza.

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