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Memoria

El Holocausto: los triángulos púrpura

Enfoques

A menudo olvidados en la memoria colectiva que recuerda a las víctimas de la persecución nazi, miles de Testigos de Jehová fueron deportados a campos de concentración por mantener sus convicciones en la fe

 
 

Obstinados, tenaces, fieles a sus convicciones religiosas hasta lo último, los Testigos de Jehová fueron brutalmente perseguidos por el nazismo, en una historia relativamente poco conocida, cuyas particularidades la vuelven singular. Desde un comienzo fueron marcados por su negativa a hacer el servicio militar, a respetar la cruz esvástica y a realizar el saludo nazi, en lugar del cual sólo decían "Buenos días", por considerar que el obligatorio "Heil Hitler" implicaba una reverencia sólo reservada a Dios.

A diferencia de otros grupos que eran condenados a priori más allá de su voluntad, los denominados "estudiantes de la Biblia" tuvieron la posibilidad de salvarse con sólo firmar una carta renunciando a su fe y adhiriendo a la autoridad del régimen -que los nazis les entregaron en los campos-, pero muy pocos lo hicieron.

Este rasgo particular de su actitud, la indoblegable entrega a su fe, resultó su más implacable condena: unos 10.000 Testigos en Alemania, Austria, Bélgica, Checoslovaquia, Holanda, Noruega y Polonia fueron deportados a diferentes campos de concentración. Entre 2500 y 5000 de ellos murieron en Dachau, Bergen-Belsen, Buchenwald, Sachsenhausen, Ravensbrück, Auschwitz, Mauthausen y otros campos de exterminio. Su historia se enmarca dentro de las persecuciones del III Reich a los cristianos, que incluyeron también a católicos y protestantes que se opusieron a la dictadura.

Un ícono los distinguía: así como la estrella amarilla de David era la insignia que debían llevar obligatoriamente los judíos, los Testigos fueron obligados a portar un triángulo púrpura que los identificaba, tanto dentro de los campos de concentración como fuera de ellos.

Desde la asunción de Hitler, fueron acusados de participar en una conspiración mundial contra el Reich junto con judíos y comunistas. Por ello, en abril de 1933 -a un mes de la instauración del Reich- se proscribieron todas sus publicaciones, a la vez que las tropas de asalto (SA) y la policía realizaron el primer allanamiento del local "Watch Tower" en Magdeburgo. También se prohibieron sus reuniones y la predicación "de casa en casa".

Eran continuos los ataques a través de la prensa, vejaciones a sus hogares y humillaciones a sus creencias, ya que identificarse como Testigo de Jehová estaba considerado como "actuar en contra de los intereses nacionales".

Ante esta situación, el 25 de junio de 1933, 25.000 Bibelforscher iniciaron una asamblea en Berlín donde expusieron su posición de neutralidad y reclamaron su derecho a beneficiarse de la libertad religiosa y de pensamiento, en una proclama de la que se distribuyeron 2.000.000 de copias. Ello derivó en el envío de algunos de ellos a prisiones, campos de trabajos forzados y de concentración.

A partir de fines de 1933 comenzaron a recibir sanciones económicas y sociales: pérdida de fuentes de trabajo, boicot a sus negocios, confiscación de su dinero. Los niños eran perseguidos en los colegios: la Gestapo separó a más de 900 de ellos de sus padres y los enviaron a reformatorios que eran prácticamente una prisión.

El 1° de abril de 1935, a los testigos de Jehová de toda Alemania se les negaron los puestos de trabajo relacionados con servicios civiles y se les confiscaron las pensiones y los subsidios de desempleo. Estar casado con uno de ellos constituía motivo legal suficiente para el divorcio.

El 4 de marzo de 1936 la Gestapo dictó órdenes de arresto para todos los testigos, lo que ocasionó que pasasen a la clandestinidad, y que varios miles fueran enviados a campos de concentración. El 24 de junio de ese año, la policía secreta creó una unidad especial para perseguirlos.

Frente a la adversidad, los Bibelforscher buscaron formas ingeniosas de llegar al público. La prensa nazi se quejaba de un instrumento de los Testigos para la predicación: unos discos de fabricación especial que proclamaban su mensaje audazmente. Algunos de ellos entraban clandestinamente desde Suiza y otros se fabricaban en la misma Alemania.

En ese mismo año en una asamblea en Lucerna, Suiza, los testigos adoptaron una resolución de denuncia de la persecución nazi, de la cual se difundieron 200.000 copias. Los nazis negaron esa resolución, ante lo cual los hombres de fe formularon una carta abierta denunciando palizas y asesinatos perpetrados por la Gestapo el 30 de junio de 1937, que incluía lugares y fechas.

En marzo de 1938 los llamados "objetores de conciencia" pasarían a la clandestinidad de un país a otro, lo que los impulsó a armar sus propias redes de comunicación para poder difundir su mensaje a través de publicaciones como la "Atalaya", que llegaban inclusive hasta los campos de concentración. Hasta alcanzaron a tener una imprenta propia en el campo de Wewelsburgo, que se convirtió en una fuente de denuncia hasta que los nazis la descubrieron y la cerraron.

En 1938 los testigos editaron el libro Cruzada contra el Cristianismo en alemán, francés y polaco, donde se detallaba lo que ocurría en los campos. Al respecto, el escritor Tomas Mann, premio Nobel de Literatura, exiliado en Suiza escribió: "He leído con profunda emoción el libro y su sobrecogedora documentación. Ustedes han cumplido con su deber al publicarlo y sacar a la luz pública estos hechos. En mi opinión no existe un llamamiento mayor a la conciencia del mundo".

El 2 de octubre de 1938 Judge Rutherfor, presidente de la Watch Tower, pronunció un discurso que se emitió por más de 60 radios de todo el mundo, titulado "Fascismo o Libertad". En él denunció los crueles ataques contra los judíos en la noche de los cristales. Después de este suceso, cuando 20.000 judíos fueran llevados a campos de concentración, varias revistas de los testigos expresaban: "cómo puede uno permanecer callado".

El 17 de octubre de 1939 el diario New York Times informó sobre la primera ejecución de una persona por negarse a hacer el servicio militar: se trataba de August Dickmann, de 20 años. El objetor de conciencia fue fusilado en el campo de concentración de Sachsenhausen, a fin de presionar a los testigos para que firmaran la aceptación de ser ciudadanos alemanes y se enrolaran en las filas del ejército. Pero nadie accedió.

En ese sentido, el conocido pastor protestante Martín Neumayer -que también estuvo preso- les destinó en una de sus reuniones un especial reconocimiento: "Miles y Miles de testigos han sido recluidos en campos de concentración y han muerto por negarse a ir a la guerra y no estar dispuestos a tomar las armas para asesinar a sus semejantes".

Antes de la Segunda Guerra Mundial los prisioneros de esta fe componían entre el 5 y el 10 por ciento de la población de los campos, una proporción que disminuyó rápidamente con el comienzo de la guerra y las masivas deportaciones de judíos, polacos y otros grupos.

Diversos testimonios evidencian que la vida de los testigos en esos sitios de cautiverio masivo consistía en mantenerse unidos, rezar, difundir su mensaje e intentar contener y dar fe a otros prisioneros. Aun en los sitios más hostiles, seguían introduciendo la Biblia, trasladándola de un lugar a otro.

Si bien los historiadores y los grandes especialistas en el Holocausto conocen del martirio de los Bibelforschers, esta historia permaneció durante muchos años prácticamente desconocida por la mayoría de las sociedades.

En los últimos años, una exposición itinerante recorrió varios países del mundo: "Memoria de un Testimonio, 1933-1945", organizada por el Círculo Europeo de Antiguos Deportados e Internados Testigos de Jehová. Y, además, han escrito algunos libros y realizado videos educativos. Porque los ya ancianos sobrevivientes no quieren morir sin contarle al mundo que fueron obligados a portar aquel triángulo púrpura, las persecuciones que sufrieron, su resistencia, y la historia de los hermanos que murieron por no traicionar su fe.

Los autores son investigadores del Centro de Estudios Sociales de la DAIA. .

Por Gustavo Efron y Darío Brenman
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