NUEVA YORK.– A dos años de haberse estrenado en Buenos Aires, “La belle captive”, la obra de teatro musical concebida en el Centro Experimental del Teatro Colón (CETC), se presentó el miércoles en una de las salas de vanguardia más prestigiosas de Nueva York. “Con esta obra podemos mostrar afuera que en Buenos Aires se hacen productos experimentales tan sofisticados y al mismo nivel que en las capitales artísticas del mundo. Nuestro arte no está devaluado”, destacó orgulloso a LA NACION Martín Bauer, director del CETC, que vino especialmente para el montaje de la pieza en el teatro The Kitchen, en el barrio de Chelsea, donde fue dirigida por el norteamericano John King, también responsable de la mise en scene en Buenos Aires.
Se trata de la primera vez que un espectáculo del CETC se presenta en Manhattan, donde ha generado ya mucho interés en la prensa y el exigente público local. Fragmentos de la obra se habían ofrecido aquí el año pasado durante un showcase teatral que dejó gusto a más, y luego se montó en Londres en septiembre. “En general lo que exportamos culturalmente son cosas muy tipificadas, como puede ser algo de tango, o alguna estrella de ballet como Julio Bocca. Sin embargo, productos como éstos son recontra porteños –aclaró Bauer–. Y la gente de acá también tiene que conocerlos.”
Basada en textos del francés Alain Robbe-Grillet y en poemas escritos por mujeres que estuvieron cautivas en la ESMA durante la última dictadura militar argentina, “La belle captive” explora desde distintos ángulos y con novedosos elementos la compleja relación entre el captor y su víctima. Como sucedió en el Colón en 2003, donde fue todo un éxito, en Nueva York las actuaciones están a cargo de las argentinas Analía Couceyro y la soprano Carla Filipcic, que se desenvuelven ya con total naturalidad en el intrincado y original set que incluye cuadros de Henri Matisse e imágenes de una Buenos Aires decadente como fondo. En esta coproducción argentino-norteamericana, que pudo venir a la Gran Manzana gracias a la ayuda de la Fundación Teatro Colón, participan también Benton Baintbridge, a cargo del diseño de video, y Minou Maguna, directora de arte.
Aunque originalmente compuso la obra en inglés, King quiso mantener algunos textos en español -como las arias con letras de las poetisas argentinas- para darle mayor dramatismo y de alguna manera acercar más al espectador a la realidad porteña. "Quiero que la gente se acerque más a todos los elementos de la obra para que ellos mismos puedan crear su versión de la historia. Que tengan su reacción propia e individual del texto, y no un solo mensaje", explicó King a LA NACION durante una pausa en los ensayos en The Kitchen, en la calle 19, antes del estreno.
"Para mí es teatro experimental, es teatro que no es narrativo, que no necesariamente cuenta la historia en forma lineal, tradicional. Y como compositor, como músico, todos los elementos son importantes. El texto no es más importante que la música, o el video no es más importante que la música, o que el diseño del set. Creo que heredé eso de haber trabajado con Merce Cunningham y John Cage -indicó el director-. Todas las piezas del rompecabezas tienen el mismo valor, y eso, creo, ayuda a que cada espectador salga con una experiencia única, distinta, creándose su propia historia y no la misma que el que estaba sentado a su lado."
King volvió fascinado de su experiencia en Buenos Aires en 2003; sobre todo por la diversidad del público que asistió. "En el CETC vi que había gente joven, adultos, gente vieja, personas que una noche iban arriba, al Colón, a ver algo tradicional y a la noche siguiente venían a ver «La belle captive»", señaló el director, que cree que en Nueva York los espectadores son mucho más especializados y, por ende, limitados. "Acá el público es más cerrado, la gente que va a ver teatro tradicional no va a ver trabajos experimentales, y viceversa", apuntó.
Para la puesta en escena neoyorquina, King quiso que Couceyro y Filipcic fueran las protagonistas. Ellas habían sido las creadoras originales y habían trabajado muy bien juntos.
-¿Qué expectativas tienen con las actuaciones en Nueva York?
Filipcic: -Me parece que la gente de acá está más acostumbrada al lenguaje y lo va a recibir con más naturalidad. Allá era una cosa medio rara, por lo menos para mis compañeros. Allá ningún cantante de ópera canta en obras como ésta. Acá me parece que hay una mentalidad más abierta para hacer este tipo de cosas.
Couceyro: -Para mí siempre es muy liberador trabajar fuera de Buenos Aires. No conozco a la gente y nadie me conoce. Allá al final terminás trabajando para un público que dentro de todo es reducido. Acá uno no es nadie, y eso está bueno; sentís que podés crear más.
Por Alberto Armendáriz