En silencio, Macri vio la sesión por televisión
No lo conformó la actitud de Ibarra
"No está a la altura de las circunstancias. Ha incurrido en muchas inexactitudes." Tajante, el presidente de Compromiso para el Cambio (CPC), Mauricio Macri, reseñó anoche ante LA NACION su visión de las casi tres horas de explicaciones que Aníbal Ibarra dio ayer ante la Legislatura, antes de la interpelación en sí.
Acompañado sólo por media docena de dirigentes de su partido, Macri se instaló en la sede central de CPC, Chacabuco 175, cerca de las 17.30, y permaneció allí hasta pasada la medianoche. Siguió la interpelación a Ibarra desde el televisor del salón de reuniones partidarias, contiguo a su despacho.
Atendió el teléfono celular en muy pocas ocasiones, como cuando le transmitió a la legisladora Gabriela Michetti su conformidad y su felicitación por el encendido discurso en nombre de Compromiso para el Cambio, cuyas líneas generales conocía de antemano, y calificó de conmovedora la intervención del diputado Milcíades Peña (Confluencia).
Apuntes
De saco y corbata, Macri hizo pocos comentarios y pocos gestos –se mordió los bigotes cuando Ibarra advirtió que "las inspecciones no estaban en la agenda electoral" de 2003–, pero tomó nota con birome o con lápiz de algunos párrafos del discurso y puso especial atención a los números brindados sobre la cantidad de inspecciones que se efectúan al año.
"La ordenanza dice que una vez cada cuatro meses debe inspeccionarse cada local, pero según los números de Ibarra [17.000 controles], el promedio de inspecciones es menos de uno por día por inspector", deslizó, mientras un colaborador añadía: "La Capital tiene 10.000 manzanas en total. Si se hicieron las inspecciones que dice Ibarra, significa que el promedio es de una inspección cada tres días".
Macri, que apenas tomó un vaso de agua, hizo notar a Horacio Rodríguez Larreta, a Juan Pablo Schiavi y a Carlos Tramutola, entre el puñado de dirigentes que lo acompañaron anoche, "el impresionante respeto de todos los familiares de las víctimas" para con Ibarra.
No ocultó su preocupación por el clima que podía haber adentro y afuera de la Legislatura, cuyo operativo de seguridad prácticamente alcanzaba a la sede partidaria. A la altura de Chacabuco, por las calles laterales, los vallados policiales recordaban a los porteños que ayer era una jornada de tensión en la Legislatura.
Sin hacer comentarios a quienes lo rodeaban, Macri prestó atención a las imágenes televisivas que transmitían los gestos de sus legisladores. Y no se le pasó por alto que entre los familiares de las víctimas estaba el padre de Guido del Canto (15 años), el jugador de voleibol de las divisiones inferiores de Boca Juniors que murió en República Cromagnon. .
Por María Elena PolackDe la Redacción de LA NACION
