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El juicio por el motín en el penal de Sierra Chica

Enfrentó a los "apóstoles" y se topó con la muerte

Información general

Se trata de Agapito Lencina, uno de los presos que se opuso a la revuelta; fue asesinado y con sus restos se preparó comida

Por   | LA NACION

Tenía 40 años, una mujer, un hijo no reconocido y una afilada faca de medio metro. Su nombre era Agapito Lencina, pero lo llamaban Gapo, o Agapo. Pasó la mitad de su vida preso.

Era un hombre de carácter fuerte, imperturbable y hábil en el manejo de la faca (una suerte de daga casera hecha en la cárcel). No tardó en convertirse en un peso pesado; en todos los sentidos: por el respeto que imponía y porque medía un metro noventa y pesaba casi 100 kilos.

Por ello y porque Lencina tenía una muy buena relación con el Servicio Penitenciario, los cabecillas de "los doce apóstoles" lo querían muerto.

De hecho, a las 9.30 del lunes 10 de abril de 1996, el tercer día del motín en Sierra Chica, Lencina fue muerto por un grupo de amotinados; entre ellos estarían Marcelo Brandán, Jorge Pedraza, Víctor Esquivel, Juan Murgía y Miguel Ruiz Dávalos.

Con Brandán se conocían de la cárcel de Olmos. Nunca fueron amigos. Esa muerte fue adjudicada a esos presos por varios testigos en el juicio oral que se sustancia contra los 24 procesados por la revuelta.

Primero fue herido con dos disparos de una pistola plateada Ballester Rigaud. Después, rematado a facazos en el patio del penal.

El cuerpo nunca fue encontrado. Dicen que fue descuartizado y que con sus restos se preparó comida para la población de los pabellones 10 y 11. Dicen también que la cabeza de Lencina fue usada como pelota por el preso Gustavo Arín, al que, por eso, luego llamaron Maradona.

Con un hombre como Lencina en contra de la revuelta, se podría haber echado a perder todo. Y por eso lo mataron. Al menos eso es lo que se cree.

También eliminaron a muchos de los integrantes de un grupo que él comandaba: La banda de los guachos .

Según se afirma, Lencina y esa gente se caracterizaban por proteger a presos jóvenes, a cambio de favores sexuales. A estos jóvenes se los apoda aujeritos (sic). Son laderos de los reclusos poderosos.

Radiografía de un preso

La primera vez que Lencina pisó un penal tenía 19 años. Era 1975, y este correntino se había radicado en La Matanza. Tiempo atrás, había conocido a una vecina, una mujer ancha, morocha, de tez cetrina, que iba a ser su concubina.

Cuando detuvieron a Lencina por asaltar un quiosco en San Justo, la mujer se sorprendió: el hombre no necesitaba robar para sustentarse.

Fue cuando conoció el penal de Olmos. Estuvo un año. Tras cuatro años de libertad, lo arrestaron, también por robo. Como la vez anterior, salió luego de un año de prisión.

Volvió a Olmos el 13 de mayo de 1983. Esa vez fue definitiva. Había matado a un policía y el Juzgado en lo Criminal Nº 8 de Morón lo condenó a cadena perpetua.

Luego, Lencina se convirtió en uno de los líderes del penal: no perdía una pelea y era hábil con la faca . De sus muñecas colgaban cintas rojas, de unos 20 centímetros. Las usaba para atar su arma y evitar que se le cayera.

Los que lo conocieron, aseguran que también fue un excelente jugador de fútbol. En los campeonatos organizados por el Servicio Penitenciario, Lencina era director técnico.

En 1988, pudo jugar con el equipo de Boca Juniors, que junto con el entonces gobernador de la provincia, Antonio Cafiero, visitó el penal.

Pasaba sus días en el campo de deportes. Usaba ropa deportiva, que le encargaba a su mujer, según la moda.

Aunque temido, Lencina no era un preso que ocasionara problemas al personal penitenciario. Teníabuena conducta.

Por ello, se benefició con las llamadas visitas higiénicas o de contacto. Hace siete años, en uno de esos encuentros con su mujer, concibió a su único hijo. El 1996, Lencina había iniciado los trámites para el casamiento y para reconocer a su hijo. No llegó.

El 15 de marzo de 1996, Lencina fue trasladado a Sierra Chica. Se sabía que allí había una pistola y que se preparaba una fuga. Algunos creen que Lencina era el encargado de establecer quién escondía el arma, por encargo de los penitenciarios.

Uno de los de su banda, Esteban Polieschuk, alias Nippur, que también estaba preso en Olmos, le dijo: "Agapo, si no te acompaño, vos no vas. Te van a hacer la boleta".

Sus últimos días

Lo acompañó. Ambos quedaron en el pabellón 8, donde estaba Brandán. En el encuentro, éste abrazó y besó a Lencina.

Polieschuk también fue muerto por los "apóstoles" en el motín. Esa Semana Santa, Nippur había cumplido el tiempo de condena, pero nunca le llegó la notificación.

La mujer de Lencina sabía del peligro. Le dijo que se cuidara, que en poco tiempo le iban a unificar la condena y que le otorgarían un régimen de libertad vigilada.

Lencina le respondió: "Vos cuidá al nene, que a mí no me va a pasar nada", con voz neutra, como si lo que se le venía fuera ineluctable.

Cuando estalló el motín, el preso Omar Luján Ibarra le aconsejó que se escondiera, porque lo iban a matar.

"Eso sería demostrar miedo", dijo Lencina.

"Tienen una pistola", insistió Luján Ibarra.

"Nosotros tenemos sangre." La respuesta de Lencina fue definitiva, y la mañana del lunes 10 de abril fue ejecutado por los rebeldes. A esa muerte, como se dijo, le siguieron las de los integrantes de su banda.

Reclamo de la madre de Lencina

LA PLATA.- La madre de Agapito Lencina, Juana Aquino, inició hace dos años un juicio civil contra el Servicio Penitenciario de la provincia.

Fue con el patrocinio letrado de los doctores César Ferrara y Héctor Selaya. Hoy, esa demanda por daños y perjuicios, está todavía en etapade prueba.

La señora Aquino reclama 130.000 pesos: 40.000 por el valor vida, 60.000 por daño moral y 30.000 por daño psíquico. El argumento es que no se preservó la vida de Lencina: "Se trató de un error del Servicio Penitenciario dejar que un arma de fuego y tres cargadores ingresaran en el penal. Evidentemente, no se efectuaron las precauciones correspondientes", dijo Ferrara.

El abogado presume que la pistola Ballester Rigaud, calibre 11.25, llegó a manos de los presos por medio de la concubina y supuesta abogada de Hugo La "Garza" Sosa, que estaba preso en Sierra Chica.

"Es cierto que no se puede requisar a los abogados. Pero, Sosa debió ser revisado antes de retornar a su celda", explicó Ferrara. .

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