Nuevas canciones de una trovadora cubana
Por Mauro Apicella | LA NACION
Recital de la cantautora Liuba María Hevia. Con Arnulfo Guerra en guitarra. En el Centro Cultural Torquato Tasso, Defensa 1575. Próxima función: el miércoles, a las 22.
Habla de ausencias, hace una arenga sutil, mantiene una vigilia (en "Los sueños") que, en definitiva, se refiere más a lo real y cotidiano que a una descripción onírica, y seduce cuando llega el momento de "Si me falta tu sonrisa, amor".
Liuba María Hevia tiene frente a sí un público que la conoce, escucha con agrado y festeja su show y otro que es seducido ante la novedad. ¿Estará bien decir que arrancó su primera visita a la Argentina con el pie derecho?
La cantautora cubana aborda el recital con repertorio propio. Después se refiere a la obra de María Elena Walsh y elige un tema de Silvio Rodríguez. Con la energía que le pone a "Te doy una canción" consigue una instantánea respuesta del público. Como gesto cordial saca un tango que lleva escondido bajo la manga, aunque, hay que decirlo, conoce el género desde hace tiempo. Luego recurre a la obra de la compositora Teresa Fernández para cantar "Lo feo", aquel tema tan popular que, curiosamente, es cándido y muy bello.
Liuba vuelve a lo suyo. Alguien de su audiencia levanta las manos cuando reconoce los versos que escucha, pero contiene cualquier otro gesto porque no quiere perturbar la bella sencillez del estribillo de "Tu amor es el canto mío".
A veces el repertorio transcurre sobre una linealidad musical que no la favorece. En sus placas es posible escuchar alguna sección de cuerdas, un contrabajo, un tres o hasta un cajón entre otro tipo de percusión. Aquí sólo toca su guitarra y está acompañada por un músico que puntea el mismo tipo de instrumento y aporta algunos coros. Tal vez por eso queda desprovista de variantes. Esa linealidad se pone en evidencia en muchas melodías y en lo previsible que pueden resultar algunas composiciones.
El poder de la canción
Sin embargo, con su voz Liuba puede salir adelante. Va y vuelve de una guajira a una habanera. Después reserva "Un son para la mañana".
Sus canciones son poderosas. No atropellan ni amedrentan. Llegan lentamente, se quedan y hacen que al final de la actuación mucha gente se interese por sus discos y quiera comprarlos. Lo poderoso de la canción puede tomar como buen ejemplo "La Habana en febrero"; una pieza que, además de ser uno de sus caballitos de batalla, suena redondita en letra y música. Hasta los que poco interés muestran por las canciones de amor prestan atención e imaginan el final de la historia que transcurre entre "dos miradas", "cuatro inviernos" y una primavera "indetenible".
La intérprete aprovecha su estada para llevar su música a varias ciudades de nuestro país. Mañana volverá a actuar en la sala porteña donde hizo su debut local. .
