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Nardo, un intenso aporte de fragancia

Cristina L. de Bugatti

Sábado 12 de febrero de 2005

"Tengo el alma de nardo del árabe español?" dice Manuel Machado en un poema, y la feliz metáfora que nos transporta a un mundo sensual no tiene mucho que ver con el origen de esta especie. El nardo (Polianthes tuberosa) es una bulbosa perenne clasificada modernamente como agavacea, es decir, del género de los ágaves (esas herbáceas, algunas muy grandes, que forman matas de hojas pinchudas), originaria de México, del desierto de Sonora.

El nardo que menciona la Biblia se refiere, sin duda, a otra planta. Así dice el ingeniero agrónomo Rolando Klasman que, desde la cátedra de Floricultura de la Facultad de Agronomía de la UBA, investiga las condiciones de cultivo que permitan una óptima floración.

Es una de las pocas flores auténticamente de verano. Las rígidas varas, de bonitas flores blancas, se ven mucho actualmente en los puestos de venta.

También ciertas tradiciones la señalan como la flor de Carnaval porque en épocas ya bastante lejanas las niñas iban a los corsos con una vara de nardo en la mano, lo que servía para contestar delicadamente saludos comprometedores.

Su mayor mérito es, sin duda, su intenso y exquisito aroma. Pese a que se ha logrado reproducirla sintéticamente, la esencia natural, que integra los más preciosos perfumes, es carísima, ya que requiere un cuidadoso sistema de destilación. Tener unas varas en el florero, o cultivarla, en el jardín o en macetas, nos permite gozarla a un precio mucho más módico.

También contribuyen las investigaciones del ingeniero Klasman y su equipo, que demostraron que las mejores floraciones al aire libre, en el jardín, se dan con los bulbos de mayor tamaño, plantados entre fines de agosto y noviembre.

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