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El Santo Martín Fierro

Espectáculos

Con su estatuilla de oro, un periodista comprometido -y amenazado de muerte- como Santo Biasatti simbolizó una entrega de premios en la que Aptra demostró estar más conectada con la realidad

Dos hechos que fueron completamente opuestos marcaron la tan esperada noche de la 28a. entrega de los premios Martín Fierro.

Uno, trágico, fue el recuerdo de José Luis Cabezas, que se hizo presente en la mayoría de los testimonios de los ganadores. Y también en el homenaje que cerró la fiesta, cuando el ganador del Martín Fierro de Oro, Santo Biasatti, pidió a los fotógrafos que levantaran sus cámaras para recordar al periodista asesinado el 25 de enero último, en Pinamar. El otro, más bien frívolo, fue la estrepitosa caída de Susana Giménez frente al centenar de fotógrafos que intentaban retratarla con su dorado trofeo en la mano.

Tras recibir el galardón, la diva, como cada uno de los 46 ganadores, salió de la exclusiva sala Libertador del hotel Sheraton (donde se reunieron los 600 invitados) para posar delante de los fotógrafos que cubrían la fiesta, en el hall.

Pero, a diferencia del resto, la conductora no miró el accidentado terreno que pisaba. Es que el pequeño escenario que montó Canal 13 para inmortalizar a los premiados una especie de biombo rosado y gris con un enorme Martín Fierro en el centro tenía un pronunciado desnivel (casi un pozo, en realidad). Hasta tal punto que, cuando la diva dio dos pasos hacia atrás, se hundió y quedó absurdamente desparramada en el piso, con las transparencias de su vestido negro fuera de lugar, y totalmente expuesta ante los fotógrafos que disparaban sus máquinas a toda velocidad.

Pero ella, pese a todo, se levantó airosa, intentando superar el indisimulable rojo intenso de su cara, para continuar con la increíble sesión de fotos.

Entre dos mundos

Como siempre, la fiesta de los Martín Fierro tuvo dos escenarios bien diferenciados. Primero, poco antes del comienzo, la escena se dividió entre lo que ocurría en la calle y lo que sucedía en el interior del lujoso hotel.

A esa altura de la noche, puertas adentro, el ambiente era sobrio y tranquilo. Puertas afuera, en cambio, reinaba el desorden.

Sobre la avenida Alem, en uno de los ingresos al hotel y detrás de un extenso vallado, un centenar de periodistas, camarógrafos, fotógrafos y curiosos se apretujaban para no perder el triunfal ingreso de las estrellas por las escalinatas del hotel.

Y a eso hay que sumarle todavía los grupos de fans que se instalaron en la vereda para corear y animar a sus ídolos antes de que se conociera el veredicto final.

En medio de ese decorado humano, que fue copando el lugar hasta cubrir un tercio de la avenida Alem, la llegada de los invitados sólo se podía captar por las luces de las cámaras y de los flashes que los rodeaban.

El comienzo de la fiesta estaba previsto para las 21. Y si en los miles de televisores que siguieron la transmisión (Canal 13 alcanzó 39,5 puntos de rating) el inicio fue puntual; la entrada de estrellas rezagadas se extendió casi hasta las 22. Santo Biasatti, el equipo de Poliladron con Carlos Calvo de compañía, Gustavo Bermúdez, Federica Pais, María Laura Santillán y Juan Alberto Mateyko fueron los últimos en atravesar el custodiado ingreso. Eso, sin mencionar a Susana Giménez sin duda, la nota de la noche, que llegó en el cuarto bloque y entró en el salón por la cocina del hotel.

En el interior

Una vez que comenzó la transmisión, los dos escenarios se trasladaron al interior del hotel. Dentro de la sala Libertador, el lugar más exclusivo, se ubicaron los 600 invitados. Algunos menos, en realidad, porque faltaron Mirtha Legrand, Marcelo Tinelli, Mario Pergolini, Mariano Grondona y tres ganadores: Víctor Hugo Morales (estaba en París), Norman Brisky y Héctor Alterio, que recibió la noticia del premio por vía telefónica, en Madrid.

Pero sus lugares no quedaron vacíos: Graciela Alfano, sin invitación en mano, logró atravesar la rigurosa custodia para sentarse finalmente en la mesa 29, disimulando mal su condición de colada.

Del otro lado de la puerta, en el hall, los periodistas siguieron la transmisión desde una pantalla gigante formada por dieciséis televisores. Allí esperaron el rápido desfile de los ganadores que, a su turno, salieron del salón para posar ante las cámaras y decir unas palabras acordes con la situación.

"No lo esperaba pero estoy muy feliz", "Este premio sirve para seguir trabajando", "El reconocimiento del público es muy bueno, pero si también lo hace la crítica es mejor", y cosas por el estilo. Comentarios que sólo fueron superados por la verborragia de la locutora Alicia Cuniberti, quien casi logró igualar al exultante Cuba Gooding Jr. en la última entrega de los Oscars. Y por María Laura Santillán que, a las habituales palabras de agradecimiento, agregó un público reconocimiento de la cantidad de alcohol que había ingerido durante la cena.

Cámaras ocultas

Obviamente, como la transmisión de la fiesta que condujeron Araceli González y Juan Alberto Badía quedó en manos de canal 13, el ingreso de cámaras de TV al interior del salón estaba prohibido. Pero, en esta ocasión, más de uno logró burlar la celosa custodia del canal.

Fue el caso de Andy Kustnezoff, el cronista de "Caiga quien caiga", que con una cámara de mano hizo todas las notas debajo de su mesa, en el salón principal. Y también del equipo de "El Rayo"que llevó sus cámaras al baño para captar a las estrellas en privado. Con menos suerte, la troupe de "Videomacht" apenas logró llevarse algunas imágenes antes de que fueran echados del hotel.

La única cámara acreditada fue la del canal 9 SNT, de la televisión paraguaya, que no perdió oportunidad de entrevistar a todos y cada uno de los ganadores.

Finalmente, pasada la medianoche, llegó el momento más esperado - y más previsible- de toda la noche: la entrega del Martín Fierro de oro al periodista Santo Biasatti.

Entonces sí, camarógrafos, fotógrafos y periodistas pudieron ingresar al salón vedado para llevarse la imagen del ganador.

Los dos escenarios, hasta entonces claramente delimitados, se reunieron en un solo gesto ante el pedido de Biasatti: las cámaras en alto en memoria de Cabezas. Y con ese broche, más próximo al recuerdo trágico de la historia del país que a la celebración de una entrega de premios, la fiesta de la TV llegó a su fin.

La radio se hizo un lugar en la ceremonia

La radio tuvo un rol protagónico en esta noche tan especial para los medios de comunicación. La gente de Aptra - para alegría de algunas emisoras y tristeza de otras- distinguió sin duda al periodismo independiente. Sus voces, se erigieron fuertes, auténticas y solidarias con José Luis Cabezas y la situación de los docentes a la hora de los agradecimientos.

Nelson Castro, con su programa, Biasatti, con el suyo, conducción y el premio de Oro, "Jaque Mate" de Roman Letjman, el informativo de Mitre y hasta lo de Lalo Mir con su ciclo, marcan algo más que una tendencia.

La radio, ya lo habíamos señalado en más de una oportunidad se ha ganado un lugar con identidad propia que ya amerita incluso, una fiesta aparte. A la hora del balance la suma resultó así: "Tres para Rivadavia, tres para Del Plata, dos para Mitre, uno para Continental, una para Libertad, uno para Nacional y otro para Municipal.

Más de una sorpresa en varias ternas, como el caso de Lito Vitale en música y Alicia Cuniberti en locución. Esta última protagonizó por cierto uno de los momentos más verborrágicos, celebrados y graciosos de la noche con su prolongado agradecimiento (fué la única que se acordó de los oyentes); tratando de evitar las lágrimas. Badía dijo lo justo: "Es una locutora".

Abrazos y felicitaciones

El espíritu de cuerpo de la radio volvió a estar presente y pese a los "Gritos y susurros", el jolgorio de los ganadores y la frustración de los perdedores, las felicitaciones y abrazos resultaron sinceros.

Como prueba de esto cabe destacar una suerte de sketch que Lalo Mir, ganador con su programa en FM, protagonizó compartiendo el escenario -tironeo de la estatuilla mediante- con los de su rubro: la gente de Pergolini y el programa de Elizabeth Vernacci. Y para el final, la foto y la situación más fuerte e inolvidable, porque unió además a los dos medios. La posta de Martin Fierro de Oro. Abrazo, emoción y el encuentro de dos mundos: La diva de la tele: Susana Gimenez y un periodista de raza Santo Biasatti. Sobrados motivos para seguir festejando "Los días de radio" que no por éso deja de atacar porque es la única forma de seguir creciendo.

Sobriedad y ausencia sorpresas en la televisación

Presencia: el crimen de José Luis Cabezas y la huelga de hambre de los docentes fueron recordados por artistas y periodistas durante la sobria transmisión de la ceremonia.

A juzgar por los resultados en la pantalla, canal 13 apostó a una transmisión basada en la sobriedad y en la intención de ahorrarle al televidente el riesgo de las sorpresas. No las hubo ni para bien ni para mal; en la televisación de la entrega de los premios Martín Fierro todo transcurrió dentro de los cánones de lo previsible.

Juan Alberto Badía, demostró, una vez más, que los años de oficio no son en vano. Superado el mal paso inicial en el que presentó a su compañera de tareas, Araceli González, y ella entró por un extremo del escenario cuando él la esperaba por el otro, Badía supo timonear la ceremonia. El conductor tiene doble mérito dado que todo el peso del trabajo recayó en él. A pesar de sus esfuerzos por hacer participar a su coequiper, González, apenas lograba arrancarle una serie de mohínes más adecuados para una ceremonia escolar que para la conducción de un programa de TV, y un rosario de errores en lo relativo a la pronunciación de nombres propios.

Una cara bonita

En su momento, canal 9 eligió a Daniela Cardone para acompañar a Lucho Avilés en la transmisión local de la entrega de los premios Oscar. Ahora, canal 13 le da a Araceli González un papel que le queda más que holgado. ¿Será, acaso, que en la TV contemporánea ya no se concibe la emisión de ninguna ceremonia especial sin que el conductor tenga a su lado una muchacha que haya trajinado pasarelas". Tras recibir la estatuilla, Fernando Bravo, agradeció a sus padres. "Ellos me dejaron ser lo que soy:humildemente un locutor", sostuvo. ¿Podrá algún día una modelo rechazar las propuestas descabelladas de ocupar el lugar propio de animadoras y conductoras, haciendo gala de la autocrítica? ¿Se animará alguna de ellas a renunciar a la osadía de meterse en camisa de once varas, alegando una verdad indiscutible:"Humildemente, soy modelo".

La ceremonia estuvo atravesada por el eje de la realidad:José Luis Cabezas fue una presencia permanente;la huelga de hambre de los maestros, un bocado indigesto para el poder;los atentados a la Embajada de Israel y la AMIA, aún impunes, dos llagas en las que Luis Clur volvió a meter el dedo;la desocupación, una pesadilla colectiva;la existencia de las mafias, una preocupación que de puro inocultable, fue puesta en palabras por más de un premiado con el Martín Fierro.

Por lo demás, las cámaras recorrieron, como de costumbre, los rostros de los perdedores, los detalles de vestuario -el ecológico peinado de Esther Goris, los anteojos negros que Antonio Gasalla lució durante toda la fiesta, y el provocativo strapless de Graciela Alfano, fueron sólo una muestra- y la desesperación de la gran mayoría por hacer alguna mueca cuando el monitor les indicaba que los estaban enfocando.

El recuerdo de Cabezas

"Nada de lo que hagamos es en vano. No es en vano hacer una caravana para llegar a Pinamar. No es en vano escuchar a los compañeros periodistas que llegan a este estrado. No es en vano que usted nos acompañe en su taxi con la foto de nuestro compañero. No es en vano que usted nos ayude con su minuto de silencio, con su minuto de silencio, con su minuto de aplauso para rendir homenaje a José Luis Cabezas", dijo Santo Biasatti.

Seguramente, tampoco ha sido en vano el hecho de que los dolores nacionales hayan subido a escena en una fiesta televisiva con 40 puntos de rating. Nunca es en vano la catarsis y mucho menos cuando sirve de ayudamemoria.

Entre testimonios, reconocimientos y olvidos

Análisis: el Martín Fierro de Oro para Biasatti es un aval a los periodistas independientes que fueron amenazados en el ejercicio de su profesión

Los Martín Fierro son como su materia prima, la televisión: multifacéticos, controvertidos, a veces emotivos, en ocasiones erráticos y en algunos casos capaces de provocar irritación, desdén o apenas indiferencia.

Nunca, en la historia del premio, hubo una sola medida para analizar si quienes se llevaron las estatuillas fueron ganadores justos o no, y la ceremonia de anteanoche no fue la excepción a la regla.

Así, la innovación, la creatividad, el talento o la independencia de criterio no fueron los únicos elementos tenidos en cuenta a la hora de repartir las distinciones. Hubo figuras que se llevaron premios a sus casas por su condición de monstruos sagrados del medio y porque el rating (algo que pocos se animan a discutir en la TVabierta) avaló todo lo que hicieron, más allá de méritos o análisis rigurosos. El Martín Fierro también fue fiel a la historia a la hora de mostrar cuáles son los temas esenciales que la TVse plantea frente a la sociedad. Así como en el pasado, la fiesta de los Martín Fierro sirvió para combatir a las "listas negras" y a reivindicar a la TV en los albores del gobierno menemista, cuando se amenazó con cerrar los canales que estaban en manos del Estado hasta su privatización, anteanoche el crimen irresuelto de José Luis Cabezas y otros reclamos de fuerte compromiso testimonial sobrevolaron toda la ceremonia y estuvieron, con palabras y gestos elocuentes, en boca de muchos de los ganadores.

Con varias voces en actitud de compromiso, esta vez Luis Clur no estuvo solo. El veterano productor volvió a apelar a un discurso fuertemente testimonial (ver nota de Adriana Schettini) tras recibir para "Telenoche" uno de los dos premios "cantados" de la velada. El otro fue para "Fútbol de primera".

Tal vez aquí se explique el significado del Martín Fierro de Oro de anteanoche. El premio parece pensado como un reconocimiento a la dignidad y al comportamiento de la prensa independiente, afectada por la muerte no esclarecida de un reportero gráfico. Biasatti, un periodista serio y elocuente, levantó como pocos la bandera de Cabezas y sufrió en propia carne más de una amenaza. Por eso recibió un premio de alto valor simbólico, que se explica más por el momento que por la historia. Y si se habla de símbolos, en la madrugada del martes, las dos caras más visibles de la TV (la frivolidad y el compromiso) quedaron unidas en una síntesis perfecta: el abrazo entre Susana Giménez y Santo Biasatti con el Martín FIerro de Oro como intermediario. El sentido de este gesto sin palabras fue claro: ambas propuestas pueden coexistir sin inconvenientes, y hasta reforzarse mutuamente, si se realizan con profesionalismo y honestidad.

En todo caso, la medida de lo que quedaría afuera de este modelo deseable de TV fue sugerida por Jorge Lanata tras recibir uno de sus premios, cuando dijo que era posible "hacer televisión sin Samantha".

Una primera recorrida por la nómina de ganadores parece la ratificación en los hechos del abrazo Biasatti-Giménez. Por un lado, tal vez como nunca en la historia del premio, es alto el número de premiados que han manifestado posturas independientes y hasta francamente opositoras frente al poder (Román Lejtman, Nelson Castro, Lalo Mir, los citados Biasatti y Lanata, hasta Fernando Bravo); por el otro, también tuvieron su premio algunos de los reyes del rating, como Susana y Marcelo Tinelli.

Pero un análisis más minucioso encuentra datos y hechos para desmenuzar, algunas para el elogio y otras para la controversia. Hay que destacar los incuestionables méritos de algunos de los vencedores, encabezados por Soledad Silveyra y Alejandro Doria, tal vez los premios más merecidos de la noche. En esa lista están los citados Lejtman, Castro, Mir y Lanata (este último definitivamente ganado por el medio con la propuesta periodística más genuinamente televisiva del momento), dos talentosos actores que se ganaron un lugar a fuerza de pulmón (Gabriel Goity y Norma Pons), el equipo de "Verdad/Consecuencia", Enrique Wolff, Fernando Bravo (junto a su emocionada locutora, Alicia Cuniberti), Víctor Hugo Morales y Alberto Migré, que se llevó un inobjetable premio especial a su trayectoria.

En la vereda de enfrente quedaron algunos hechos inexplicables. ¿Por qué premiar a Salvador Ciliberto nada menos que como revelación, cuando hace varios años que trabaja en el mismo programa, junto a Tinelli? ¿Cuál es el verdadero mérito, más allá de los efectos especiales, para que "Mi familia es un dibujo" haya desplazado como mejor telecomedia a la muy superior "Mi cuñado"? ¿Cuál es el sentido de distinguir a una telenovela en el incongruente rubro de "producción integral" y se insiste en una categoría con el no menos incongruente título de "interés general"? ¿Cuál fue el aporte, más allá del dinero gastado en la producción, que llevó a "Alén" a convertirse en la mejor telenovela? Tal vez sea el momento, como señaló con lucidez Carlos Ulanovsky el domingo último en estas páginas, de revisar algunas de las ternas a partir de una definición más rigurosa y exacta de las categorías, en las que faltan, por ejemplo, programas infantiles o especialidades dentro del periodismo.

Y también de señalar que el año próximo no debería repetirse un olvido imperdonable. Nadie, en toda la noche, se acordó de varias figuras que fallecieron el último año y que, más allá de sus méritos, consagraron toda su vida a la TV y hasta en algún caso ganaron el Martín Fierro. Leonardo Simons, Cristina Lemercier y, sobre todo, Fabián Polosecki quedaron en el olvido. Y no está bien.

Apostillas

Las tres estatuillas obtenidas por "Alén, luz de luna" aumentan las posibilidades de que se realice la segunda parte de la telenovela. Gustavo Bermúdez -que actualmente graba la miniserie "Laberinto"- hará un tira "corta" a partir de julio. Para el 98, Canal 13 le pidió "Alén II", que volvería a contar con Héctor Alterio en el elenco. Bermúdez explicó que esa fue la razón por la cual "Alén" tuvo, en el 96, "un final abierto".

***

Periodistas y fotógrafos esperaban a los premiados en una sala cercana al Salón Libertador. Después de la foto de rigor, César Mascetti intentó volver a su mesa, pero el pedido de un colega pudo más que sus intenciones. "Es para salir en directo por la radio de San Pedro", le dijo el cronista. Y el conductor de "Telenoche" no tuvo problemas en ponerse los auriculares y contestar las preguntas que llegaban desde su "pago adoptivo".

*** La transmisión ya había comenzado cuando llegó Adrián Suar. El actor llegó acompañado por Carlos Calvo, para "posicionar", de paso, la dupla que protagoniza "Comodines", la película producida por Pol-ka. Lo que se dice, "no dar puntada sin hilo".

*** Un clásico: saber quién firma el vestuario que lucían las mujeres ternadas. Federica Pais fue muy clara "es de mi marido, que lo pagó", dijo la ex conductora de "P.N.P". La misma respuesta recibieron los "chimenteros" de Patricia Palmer.

*** Parece que Mónica Cahen D`Anvers no hace promoción gratuita. Gentilmente rechazó una copa de champagne que se le ofrecía a los ganadores. "Publicidad yo no hago", dijo Mónica sin perder la sonrisa.

*** Antonio Birabent entró por la puerta equivocada y se encontró en la "sala de periodistas". Campera amarilla, camiseta violeta, jeans gris. Sin pensarlo mucho, el muchacho saltó la mesa que lo separaba de la entrada del Salón Libertado y "salvó el error".

*** Lalo Mir ganó su Martin Fierro y salió para "la foto". Un productor de "El paparazzi" le pidió que se llegara hasta la entrada del Sheraton, donde se estaba realizando el programa en vivo. "No puedo, hermano, tengo a mi esposa adentro y ya casi está pariendo", se disculpó el locutor. .

Verónica Bonacchi Alicia Petti Marcelo Stiletano
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