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Chinatown, en Buenos Aires

Lunes 21 de febrero de 2005

El llamado Barrio Chino, al pie de las Barrancas de Belgrano, del otro lado de las vías del ferrocarril Mitre, es el más compacto enclave de esa cultura en la ciudad. Sus comercios se agrupan en Arribeños y Montañeses -las dos primeras paralelas a Libertador hacia el lado de Cabildo-, y abarcan de Juramento a Olazábal.

El barrió nació hace aproximadamente 15 años alrededor de la preexistente sede de la Asociación Civil de Chinos de la Argentina, y desde entonces no ha parado de crecer. Una de las efemérides locales es la instalación, en 1990, de la primera farmacia y herboristería china, tras la que no han dejado de surgir restaurantes, supermercados con todo tipo de productos chinos, coreanos y japoneses; librerías, disquerías y videoclubes con artículos en idioma nativo; peluquerías, agencias de turismo y hasta zapaterías a medida y casas de alta costura que cultivan el más puro estilo oriental.

El fenómeno -que atrae a porteños amantes del arroz con palitos y el feng shui como a turistas que visitan la ciudad- ha modificado el comportamiento del mercado de inmuebles comerciales de la zona.

"La comunidad china demanda continuamente locales y también viviendas en esta zona, pero ambos bienes son escasos. En este sector, el mercado está consolidado, muchas casas viejas se han remodelado y convertido en locales, pero no ha sido suficiente. Por eso, en términos generales dentro del Barrio Chino, sea en venta o alquiler, un local se cotiza un 30% más que otro similar, pero fuera de las cuatro manzanas aludidas. En Libertador entran a jugar otros factores, lo mismo que en la franja de locales gastronómicos cercanos a Figueroa Alcorta", asegura Miguel Casanova.

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