Define un fallo las exhibiciones obscenas
No es delito que un travesti muestre sus pechos en la calle
Lo confirmó la Cámara del Crimen; sobreseen al acusado
Un travesti que muestra sus pechos en plena calle en Constitución, vestido con una tanga negra, botas y una gorra del mismo color no comete ningún delito, según estableció la Cámara del Crimen al confirmar un fallo que sobreseyó a un acusado de exhibiciones obscenas.
El fallo firmado por los camaristas Guillermo Navarro, Mario Filosof, con la disidencia de su colega Rodolfo Pociello Argerich sostuvo que no siempre lo que resulta de mal gusto, inapropiado o inmoral es delito. Filosof, en su voto, afirmó que lo obsceno es un concepto dinámico, pues el tiempo y lugar influyen en la definición de lo obsceno.
"Me parece indiscutible que la ostentación o exhibición en público de las partes pudendas (el sexo masculino o femenino) resulta a la fecha, salvo excepcionales o especiales circunstancias, un espectáculo obsceno", definió el juez, y aclaró que "no se está pretendiendo prohibir a cualquiera mostrar sus senos. Más bien gravita, en el caso, la opción sexual diferente".
"Superada la era de las minifaldas y escotes, abundan las transparencias y desfile de modas donde se observa sin tapujos el busto de las modelos. El género masculino muestra al público su torso desnudo en infinidad de ocasiones. El femenino también. El travesti tiene iguales derechos y el lugar de exhibición no pone ni quita, pues no puede ignorarse el impacto en la moral comunitaria, generado por el peso masivo y constante de los medios de comunicación", afirmó el camarista.
Y dijo que el espectáculo que puede haber brindado el travesti puede ser contrario a las buenas costumbres, "pero no es distante de lo que se aprecia a toda hora en cualquier lugar".
"El relativismo del mundo en que vivimos, la vitalidad y velocidad de las comunicaciones, permite sostener que la exhibición de los senos resulta una crudeza, pero no provoca en la actualidad lo que con imprecisión se denomina malos instintos", concluyó el camarista. .
Por Hernán CappielloDe la Redacción de LA NACION
