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Relinchos de teatro en el Payró

Estreno: a las 23, en el teatro Payró, sale a escena "Historia de un caballo", una obra dirigida por Máximo Salas, con Quique Canellas.

Sábado 03 de mayo de 1997

Además de muchas otras cosas, al director Máximo Salas y al actor Quique Canellas los une un pasado mítico. Ambos fueron las cabezas visibles de "América Macbeth", una puesta que, allá a mediados de la esperanzada década del ochenta, llamó la atención por su tono furioso y por su estilo de afectividad primitiva.

El paso del tiempo los encuentra parados en otro lugar. Uno de los últimos trabajos de Salas, "Sirenas", tenía un clima feérico muy distinto de las hechicerías de antaño. Y Canellas tuvo la oportunidad, a lo largo de todos estos años, de ponerse a las órdenes de directores tales como Lorenzo Quinteros, Roberto Villanueva y muchos otros que reconocieron su talento. Además, y eso sí que es toda una rareza, es un actor muy querido por sus colegas.

"Hacer producciones independientes sigue costando el mismo esfuerzo que antes. O más: hasta no hace tanto los integrantes de una cooperativa podían poner cien pesos para los gastos. Ahora, ni soñarlo", dicen a coro y sin cebarse en la queja. Hasta consiguieron que el Teatro Cervantes fuera una de las patas de la coproducción de "Historia de un caballo", que se estrena hoy en el teatro Payró, con funciones viernes y sábados, a las 23.

"Después de «Sirenas» hice un vuelco estético. Me interesa producir emociones directas en el espectador, hacerle vivir sus propias contradicciones o hacer que se ría de sus problemas", introduce Salas con respecto a la línea de trabajo a partir de la cual encaró su adaptación del texto de Tolstoi. "Yo quiero que pase algo poderoso, que el relincho pegue fuerte", agrega Canellas de un modo enfático y contundente.

Haciendo honores a esa gran tradición escénica que equipara al teatro con un minucioso proceso de investigación, los integrantes del Grupo Buenos Aires Nuevo Teatro (así se llama la compañía) fueron muchas veces al hipódromo de Palermo, donde estudiaron cada detalle de los movimientos de los equinos y sus hábitos, incluida su relación, que suele ser muy intensa, con jockeys y cuidadores.

Otra fuente fue el diario de Tolstoi, amante de las carreras y de los caballos. "En su obra, Tolstoi les pone un alma humana a los caballos. Para componerlos, los actores de esta puesta están casi desnudos y no usan ninguna clase de prótesis ni de artefactos. La idea es que los intérpretes, a partir de sus propios cuerpos , los articulen física y emocionalmente: es un permanente viaje de ida y vuelta entre el instinto animal y el alma humana", explica Salas con absoluta claridad acerca de cuáles son las claves del espectáculo.

La vida de Patizanco, ese caballo pío que sufre en propio lomo tanto los latigazos del desprecio cuanto los del éxito, fue trasladada a estos lares y a la década del treinta. Salas hace una salvedad: "El texto original está acortado y sólo conservé los nombres originales rusos, para mantener cierta distancia entre la palabra y lo visual, cosa de que no me saliera una puesta saturada de costumbrismo".

En el elenco también figuran Julia Funari, Javier Ferri, Sergio D`Angelo, Daniel Kargieman, Javier Rodríguez, Martín Kahan, Lamberto Arévalo, Cristina Lovay, Adriana Lorenzo y Ruth Uscalovsky, con escenografía y vestuario de Julio Suárez, música original de Lamberto Arévalo y diseño de iluminación de Oscar Salorio.

Pablo Zunino

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