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Editorial I

Conflictivo comienzo de clases

Sábado 26 de febrero de 2005 | Publicado en la Edición impresa 

Con una regularidad semejante a ciertas leyes naturales que se cumplen en el curso de la vida planetaria y que permiten prever con certeza determinadas consecuencias, podría afirmarse que la fecha de comienzo de las clases se ha constituido en nuestro país en la referencia que anuncia el agravamiento de los conflictos planteados entre los gremios docentes y las autoridades de cada jurisdicción.

Y eso es, justamente, lo que vuelve a observarse en estos días en vísperas del nuevo ciclo lectivo. Como todos los años, crece la temida posibilidad de que las medidas de fuerza sindicales impidan el funcionamiento normal de las escuelas. Sólo si mediaran oportunos acuerdos entre las partes podría evitarse ese recurrente contratiempo.

La ingrata experiencia, reiterada desde hace años, no ha generado todavía los reflejos necesarios para que la sociedad acierte a resolver con tiempo el problema gremial docente, a fin de evitar que la iniciación de la actividad escolar se convierta en el primer día de huelga en tantos casos.

Por una parte, suele haber lentitud o inoperancia para obrar desde el área administrativa de la gestión; por otra, las conducciones gremiales explotan un período en el cual las urgencias por hallar solución aumentan a su favor la presión de las demandas. Desde luego, parece olvidarse que, en medio de las negociaciones, están los alumnos, víctimas inocentes de un forcejeo que a menudo arrastra el costo de un tiempo que se pierde y no se puede recuperar.

De tal modo, el horizonte del comienzo de las clases se oscurece para un tercio de las jurisdicciones del país. Ahora bien: ¿cuál es la clave de los problemas? En casi todos los casos se agita el tema salarial. Esto ocurre en las escuelas privadas de la ciudad de Buenos Aires, Chaco, La Pampa, Río Negro, Salta, San Juan, Santa Fe y Santiago del Estero. Se pide la recomposición de sueldos o bien nuevas escalas de aumento por antigüedad o se reclaman paquetes de medidas prometidas que todavía no se han hecho efectivas. En la provincia bonaerense, el Frente Gremial Docente ya ha decidido un paro, sin fecha definida todavía. El reclamo es amplio: disconformidad con el esquema salarial, mejoras en las condiciones de trabajo y de seguridad en los edificios escolares, información sobre el estado de la reforma educacional. Debe agregarse que, en algunas jurisdicciones, las negociaciones se complican cuando actúan dirigentes de diferentes sindicatos, que compiten por lograr beneficios y afiliados.

En el panorama de este año se observa la incidencia del problema de la seguridad, que abre otro tipo de interrogantes, tal como ocurre en la ciudad de Buenos Aires, donde la situación más llamativa es la que se vincula con los establecimientos del sector privado, sometidos ahora a una serie de inspecciones que han concluido con la clausura temporal de sus edificios hasta tanto se corrijan las fallas observadas.

La aspiración básica expresada en numerosas ocasiones por el titular del Ministerio de Educación nacional, Daniel Filmus, es garantizar un curso lectivo de 180 días. Se trata de una aspiración razonable, aunque distante de la que se cumple en países avanzados como Suiza, Holanda, los Estados Unidos, Francia, España y otros. Cuando se consideran las horas efectivas de actividad en las aulas, se advierte que en esos países el resultado es claramente superior.

Todavía existe la posibilidad, en algunos casos, de que los conflictos se solucionen y las clases se inicien normalmente. La diversidad en las fechas de apertura de las distintas jurisdicciones otorga en algunos casos un margen mayor de tiempo para encontrar soluciones. Si hay voluntad de diálogo, los acuerdos pueden prosperar. Es indudable que en las familias existe un deseo generalizado de que las clases comiencen para todos y que no haya desigualdad en esto. Las mejores expectativas están puestas en esa aspiración. Una buena iniciación escolar es positiva para el clima social. El país necesita esa inyección de esperanza que transmiten las escuelas en acción.


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