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Vuelve "Kung fu", un éxito de los años 70

La serie con David Carradine fue vista en la Argentina por más de tres millones de televidentes

Martes 01 de marzo de 2005

Hace 31 años, el entonces estatizado Canal 13 estrenaba la serie "Kung fu". Fue apenas comenzado el pase de la segunda temporada en los Estados Unidos, por la cadena ABC, que comenzó su carrera local. Rodeada de un halo de misterio (antes del lanzamiento sólo se promocionaban el título y el recorte de su protagonista caminando delante de un inmenso sol), la creación de Ed Spielman, con mucho de cómic, sacudió a una pantalla acostumbrada, todavía, a series más o menos convencionales, algunas ya elevadas a la categoría de clásicos de culto. En poco tiempo la novedad lograría capturar la atención de los más chicos y adolescentes, hasta entonces forzados a ver lo que sus padres, a la hora de cenar, elegían como entretenimiento.

En Estados Unidos, la primera temporada se vio los sábados a las 20; la segunda los jueves a las 21 (en competencia con "Ironside", por la NBC), y la tercera nuevamente los sábados, pero a las 21.30 (en puja con "El show de Mary Tyler Moore", por la CBS).

Por muchos meses de aquel 1974, y con cada emisión de la serie, el 13 supo alcanzar picos de más de tres millones de espectadores frente a los receptores, en especial cuando se trataba de capítulos dobles.

Carradine como Kwai Chang Caine, el monje shaolín que incorporó a la TV el tema de las artes marciales
Carradine como Kwai Chang Caine, el monje shaolín que incorporó a la TV el tema de las artes marciales.

La propuesta de "Kung fu", que el canal de cable Retro recupera desde hoy (de lunes a viernes, a las 20, con repeticiones el día siguiente a las 7 y a las 14.30, y el mejor de cada semana los domingos a las 16), es contar la historia de Kwai Chang Caine, un monje shaolín nacido en la China imperial que llega al oeste estadounidense a fines del siglo XIX. Viaja con una chaqueta raída y un morral en el que atesora una flauta, alguna medicina y antiguas armas de combate, además de la sabiduría que sus maestros le transmitieron desde que fue entregado a una vida donde cuerpo y espíritu debían, finalmente, confundirse.

El forastero de ojos rasgados esconde un secreto, la razón por la que escapa y por la que no podrá volver jamás, principio de un éxodo que terminará convirtiéndolo, también en la nueva tierra, en un prófugo.

Odia la violencia, pero sin embargo siempre termina protagonizando situaciones en las que no tiene otra salida que aplicarla, como sólo él sabe hacerlo. Los responsables de dar una estética a esta variante del spaghetti western atravesada por la filosofía y las artes marciales orientales (de un año antes es el clásico "El sol rojo", que mezclaba vaqueros con samuráis) aprovecharon el uso de la cámara lenta para las escenas de combate (en el mismo sentido que el director Sam Peckinpah en sus películas), el sol en contraluz, así como los flashbacks, secuencias que se remontan al pasado, en las que los maestros apodaban a su discípulo "pequeño saltamontes", y que son clave para entender el presente. Así quedaría perfilado el fugitivo extranjero, perdido un territorio marcado a fuego por la corrupción y la violencia.

Filosofía oriental

En boca de Caine, pero en especial de su maestro ciego Po, se escucharon cientos de frases cargadas de filosofía oriental que fascinaron al público local aquella primera vez, en sus múltiples cambios de horario, cuando era atacada sistemáticamente por los censores de entonces, y en sus pocas e incompletas reposiciones, la última de ellas ya en colores.

En la Argentina, el estreno de la serie coincidió con el comienzo de tiempos duros, donde la atención terminaba haciendo foco en temas referidos a una actualidad mucho más preocupante y, sobre todo, más violenta. Serie particularmente vista por público masculino, entusiasmó a toda una generación que conocía las artes marciales orientales por un puñado de películas de origen chino que se veían en cines de programas dobles continuados, y en especial por "Operación Dragón", un clásico del cine de acción que consagró al actor y karateca oriental Bruce Lee, que aquí se estrenó casi al mismo tiempo que la serie. Cuenta la historia de la TV norteamericana que el primer elegido para interpretar al personaje fue precisamente Lee, pero que en un arranque de xenofobia los directivos de la ABC (que habían comprobado su talento interpretativo por su papel del chofer Kato en la serie "El avispón verde") decidieron descartarlo y elegir a uno de los suyos. El improvisado casting tuvo un triunfador local, David Carradine, que entonces tenía 36 años. El hijo mayor del famoso John Carradine ya era una figura en ascenso del cine y la TV clase "B".

La serie, que comenzó a emitirse en octubre de 1973, terminó, después de tres exitosas temporadas, en junio de 1975, por la simple y única razón de que Carradine estaba agotado físicamente (admitió haber recibido más golpes de los que esperaba), a consecuencia de muchos rodajes en los que debía poner, literalmente, el cuerpo.

Cuarenta guionistas participaron de los 62 episodios de la serie, que pegó fuerte en la estética hasta entonces usada para este tipo de productos, dirigidos por una docena de realizadores, que siguieron al pie de la letra el dogma lanzado por Spielman. Junto a Carradine aparecieron numerosos invitados (incluidos su papá John y sus hermanos Keith y Robert), como John Saxon, el mexicano Emilio Fernández, William Shatner, George Dzundza, Harrison Ford (cuando su nombre recién había aparecido en "American Graffiti"), el cantautor José Feliciano y Leslie Nielsen, entre otros.

Entre las anécdotas curiosas hay dos para tener cuenta. Una, que el templo shaolín que se ve en la serie fue en realidad la escenografía usada para el musical "Camelot", en 1967; la otra, que 30 años después el mismo Carradine, más viejo y entrado en carnes, se convirtió por obra y gracia de Quentin Tarantino en el malvado Bill -de "Kill Bill"-, nada menos.

Claudio D. Minghetti

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