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Harán 3000 rampas para discapacitados

El llamado a licitación incluye también los trabajos de construcción y mantenimiento de las aceras de la ciudad

Miércoles 07 de mayo de 1997

En 15 días más lós vecinos de la ciudad de Buenos Aires sabrán qué empresa será la encargada de reparar las veredas de su barrio y cuáles, las que instalarán las 3000 primeras rampas para discapacitados.

Así lo hizo saber ayer el secretario de Producción y Servicios, Nicolás Gallo, y el secretario de Promoción Social, Rafael Kohanoff, quienes participaron del acto de apertura de los sobres para los planes de reparación y construcción de aceras y de provisión y colocación de rampas.

"Para la licitación de las veredas, se presentaron 36 empresas y para las rampas, 14. En el primero de los casos, cada adjudicataria no podrá tener más de dos de las catorce zonas en que está dividia la ciudad, mientras que para la segunda, las empresas sólo tendrán una zona", dijo a La Nación , Nicolás Gallo.

Según Gallo, este proyecto permitirá a los vecinos reclararle a las empresas que vengan a reparar sus veredas, porque todas deberán tener el nombre, el domicilio, un teléfono donde comunicarse "y el apellido del responsaable de la obra", explicó.

Veredas caras

Hasta ahora, los contratos heredados por la comuna trepaban a cifras extraordinarias (100 pesos el metro cuadrado de vereda), porque la mayoría de las empresas adjudicatarias subcontrataban a otras más pequeñas para que hicieran el trabajo.

"Nosotros hemos promocionado la licitación para que ingresaran las Pyme, seguramente las mismas que antes tabajaban. De ahí que pensamos que el precio va a ser mucho menor. Pensamos que no van a ser mayores de los 45 pesos, que es lo que nosotros tenemos calculado hacia arriba", dijo Gallo.

Según la propia comuna, cada una de las 14 zonas tendrá un presupuesto de 270.000 pesos.

En cuanto a las rampas para discapacitados, una deuda que la Municipalidad tiene con los vecinos, Kohanoff explicó que se trata de "la política de integración que promueve el Gobierno de la ciudad. No pretendemos realizar una política unilateral: buscamos la amplia participación de las entidades que agrupana los discapacitados. Para ello las convocamos, para que definan los lugares prioritarios".

Según pudo saber La Nación , varias empresas le habían ofrecido a la comuna la instalación de rampas en forma gratuita a cambio de poner publicidad en las mismas. "Pero lo rechazamos: no se puede lucrar con este tipo de cosas", expliucó un alto funcionario de la secretaría de Producción y Servicios.

La mayoría de las rampas tendrán barandas y costarán (al menos, ése es el precio que maneja la Municipalidad), entre 200 a 300 pesos.

Al día de hoy, se calcula que en la ciudad faltan 20.000 rampas para discapacitados.

Los riesgos de moverse por la calle

Romina Otalora tiene cinco años y debido a una enfermedad no puede caminar, por lo que debe movilizarse en su cochecito. Para llevarla al jardín de infantes, Nélida, su mamá debe tomar el tren todos los días en la estación Lisandro de la Torre. Indefectiblemente, se ve obligada a tomar a su hija en brazos para poder subir las escaleras, ya que la estación no posee rampas.

"Siempre tengo que pedir ayuda a alguien, pero es lógico, todo el mundo anda apurado, y a mi me cuesta mucho subirla sola. Todo esto sería mucho más fácil si hubiera una rampa", dice su mamá.

Sin embargo, Nélida intentó por todos los medios que alguien se ocupara de solucionar esta traba a la que se enfrenta diariamente. "Mandé cualquier cantidad de cartas al Gobierno de la Ciudad pero no hicieron nada y es algo que solucionaría el problema de muchas personas".

Según Silvia Burstein, directora de la fundación Accervil, "si bien hay algunas rampas en varios lugares, muchas de ellas no tienen el ángulo correcto y se hacen demasiado empinadas. Los edificios tanto públicos como privados no están preparados para personas con discapacidad motora. No hay rampas ni puertas automáticas. En los cines no hay ascensores, como tampoco en los subtes que si los tuvieran podrían ser usados sin problemas".

La ciudad no está preparada para los que tienen dificultades

Obstáculos: transitar por las calles porteñas puede convertirse en una enorme traba para aquellos que sufren alguna discapacidad.

Las veredas rotas, la ausencia de rampas en los cordones, los semáforos sin adaptación y la falta de instalaciones adecuadas son una prueba evidente de que la ciudad de Buenos Aires no está preparada para que las personas discapacitadas puedan manejarse sin inconvenientes.

Algo tan simple como un escalón se transforma en un gran obstáculo para quien debe circular en una silla de ruedas; una vereda rota o un cartel hacen que las personas no videntes se tropiecen y un semáforo que no funciona pone en peligro la vida de un conductor sordo o hipoacúsico.

"Lo que pasa es que aquí no hay tantos discapacitados como en Europa o Estados Unidos que tuvieron grandes guerras. En esos países todo está pensado para que los que tienen alguna discapacidad puedan realizar sus tareas sin ningún inconveniente" comenta José Garay, quien debe manejarse en una silla de ruedas desde que era chico.

"Además de las veredas rotas y de la falta de rampas, todo lo que sea un poco alto es una dificultad, ya sea desde tocar un timbre hasta hablar desde un teléfono público", señala.

Sin embargo, una de las peores complicaciones es el tema del transporte, ya que ni los colectivos ni los subtes están adaptados para el uso de personas que se desplazan en sillas de ruedas. "La mayoría tenemos que depender de remises o taxis, con el costo económico que esto implica".

José trabaja en la Fundación Par (778-7118), una organización no gubernamental sin fines de lucro, cuya misión es la promoción laboral de trabajadores con discapacidad motora o sensorial para integralos en la esfera productiva de la sociedad.

" Queremos erradicar el mito de que una persona discapacitada tiene que quedarse en su casa porque es totalmente erróneo. Una persona con discapacidad puede hacer muchas cosas, entre ellas trabajar en una empresa", señala a La Nación Vanesa Queen, terapista ocupacional y directora de la fundación.

"Lo malo es que muchas veces, aunque la empresa quiera tomar a una persona con discapacidad motriz, ésta no puede aceptar el trabajo porque el edificio no es adecuado. En muchos casos, usar las instalaciones sanitarias es un problema. Este tipo de cosas, lamentablemente, hace que una persona tenga que descartar un trabajo", explica.

Los conductores que dejan estacionados sus vehículos junto a las rampas de los cordones parecen no tener idea del daño que causan a los que necesitan hacer uso de ellas. "Lo que pasa es que la gente no se concientiza, no piensa en los demás".

"Las rampas son vitales para los que usamos sillas de ruedas. El cordón de la vereda se convierte en una enorme traba", asegura José.

Asimismo, también hay muchas personas que tienen dificultad para caminar, que utilizan bastón y que pueden subir una escalera ayudándose de los pasamanos. Sin embargo todavía hay muchos edificios cuyas escaleras no los tienen.

Veredas peligrosas

La falta de mantenimiento de las veredas no sólo es un problema para discapacitados motores sino que también es un obstáculo para los no videntes.

Según Carlos Prada, director de la Biblioteca Argentina para Ciegos, el estado en que están las veredas es altamente peligroso. "Los pozos mal tapados son un riesgo muy grande para nosotros. Además, los que somos altos, nos chocamos con los toldos de los negocios y, lo que es peor, con los caños que sostienen esos toldos".

"No te imaginás la cantidad de golpes que se dan las personas ciegas por tropezarse con las veredas rotas o con los carteles que son angostos abajo pero anchos arriba que no pueden ser detectados con los bastones", señala indignada, Rosa Citrinblum, quien trabaja como voluntaria en la biblioteca .

Otro de los problemas que tienen las personas ciegas es el de los semáforos, que "podría solucionarse con la colocación de un timbre que indica si el mismo está en rojo o en verde, como se utiliza en otros países".

Pensar en los demás

Natalia Mutti, es profesora de personas hipoacúsicas y sordas, y asegura que las dificultades para los que poseen este tipo de discapacidad no son pocas. "Los obstáculos que tienen se refieren a todo lo relacionado con alarmas, anuncios por autoparlantes o bocinas. En los aeropuertos o estaciones de trenes, se dan indicaciones por altavoces que ellos no pueden captar", señala.

"Además, si están manejando y se encuentran con un semáforo que no funciona, cosa que es muy común, la persona no puede escuchar las bocinas ni tiene forma de orientarse, lo único que puede hacer es fijarse en como maniobran los demás conductores".

"Lo malo es que nadie piensa en el otro", asegura Vanesa Queen. "Habría que hacer un medio óptimo para todos, para los sanos y para los que tienen alguna dificultad y debería educarse a la gente para que aprenda a convivir, a ser solidario y a tener una mentalidad abierta ".

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