La pelea por la conducción partidaria: renovación de autoridades en la oposición
El posible regreso de Alfonsín origina divisiones en la UCR
El ex presidente deslizó que en diciembre reemplazaría a Rozas en el Comité Nacional
Por Laura Capriata | LA NACION
Con nueve meses de anticipación, la discusión por la futura conducción del radicalismo comenzó a pelearles cartel a las dos promocionadas victorias que el partido acaba de lograr en las elecciones de Santiago del Estero y Catamarca.
Más motivado por una pelea que desde hace meses se viene librando en la UCR que por esos dos triunfos provinciales, el anuncio de Raúl Alfonsín de que podría volver a conducir el radicalismo puso al rojo vivo los engranajes de la interna partidaria.
La confesión del ex presidente de que sus seguidores le reclamaban que condujera -por quinta vez- el comité nacional de la UCR (que debe cambiar de autoridades en diciembre próximo) parece más cerca de definirse después de que el propio Alfonsín admitiera, en declaraciones radiales, que estaría dispuesto a hacer "un esfuercito".
En este contexto, el mapa radical quedó esta vez dividido entre los que apoyarían un regreso del ex jefe de Estado y aquellos que rechazan esta idea.
En el primer grupo se ubican las corrientes bonaerenses alineadas detrás de Leopoldo Moreau, Federico Storani y Ricardo Alfonsín; sectores porteños y seguidores del ex presidente diseminados por el resto del país.
Entre los que se oponen a un regreso del patriarca radical se anotan varios gobernadores y dirigentes del interior que integran la corriente federal que impulsa Angel Rozas (el actual presidente del partido); una parte de los intendentes bonaerenses rebeldes del denominado Grupo de Olavarría; las corrientes porteñas que no reportan al ex presidente y hasta varios alfonsinistas, que preferirían preservar al ex jefe de Estado del desgaste que ese cargo le ocasionaría.
Algunos de estos sectores comenzaron a expresar su malestar ante el posible retorno de Alfonsín a la presidencia del radicalismo.
"Esto provoca rechazos y va a abrir una lucha por la conducción, porque no podemos permitir que el partido termine de morirse, y la vuelta de Alfonsín significaría eso", dijo a LA NACION el ex gobernador mendocino y actual diputado nacional, Roberto Iglesias, enfrentado al sector del ex presidente en la última elección interna partidaria.
Juan Manuel Casella, integrante del Grupo de Olavarría, fue más allá, y dijo sospechar que detrás del regreso del ex mandatario radical "existe un proceso similar al Pacto de Olivos (por el acuerdo entre Menem y Alfonsín de 1994 para reformar la Constitución), pero acordado con Duhalde".
Casella agregó que el acuerdo allanaría el camino para que el duhaldismo y la UCR "puedan compartir una eventual candidatura presidencial para el 2007, por ejemplo de (el actual ministro de Economía) Roberto Lavagna".
También mostró reparos el secretario general del comité nacional, el senador jujeño Gerardo Morales. "No estaría bien que Alfonsín baje a la arena política; yo lo quisiera como un hombre de consulta de todos los radicales", señaló Morales, en ausencia de Rozas, de viaje en el exterior hasta la semana próxima.
Además criticó a los seguidores del ex presidente. "El problema son los que se cuelgan de su saco y no ponen la cara para dar la pelea", dijo.
Sus palabras apuntaron a la disputa que desde hace ocho meses enfrenta a Alfonsín con el sector federal que integran Rozas e Iglesias (hoy aliados).
El actual titular de la UCR, que había vencido a Iglesias en la interna partidaria con el apoyo de Alfonsín, desafió el poder del patriarca radical en septiembre último, con un candidato propio para conducir la Convención Nacional (órgano deliberativo del partido), y ganó.
Por eso algunos dirigentes piensan que la postulación del ex presidente responde a una estrategia para evitar que el alfonsinismo tenga un nuevo revés, a falta de un candidato propio de la talla del líder de Chascomús.
El tema es más complejo todavía, porque la carta orgánica partidaria impide a Rozas ser reelecto al frente del comité nacional, y en su entorno ya manejaban los nombres de Iglesias o Morales para sucederlo. Pero no lograrían el apoyo del alfonsinismo.
Hombre propio
En la discusión se mezcla la pretensión de dirigentes del interior de tener un hombre en la conducción partidaria, porque consideran que las únicas victorias radicales provienen de allí.
En tanto, en las filas de Alfonsín evalúan que ante este panorama y la imposibilidad de lograr algún candidato de consenso, el único que lograría unificar a la UCR es el ex presidente.
En ese sentido se expresó Moreau, una de las espadas del líder bonaerense. "La presencia de un estadista de la dimensión de Alfonsín implica un fuerte impulso que nos puede ubicar en el rol de oposición seria y constructiva", dijo Moreau, que reafirmó así el perfil más componedor con el gobierno que diferencia a Alfonsín de Rozas.
Lo único seguro, por ahora, es que será difícil que ambos sectores lleguen a un acuerdo. La paradoja es que mientras crecen las críticas por el regreso de Alfonsín, no hay demasiados dirigentes que se atreverían a enfrentarlo en una elección interna. .
