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Mesa se siente identificado con Kirchner

El presidente boliviano explicó que "si no tuviera a un Evo Morales, estaría claramente identificado por todo el mundo como parte de esa línea ideológica"

Sábado 12 de marzo de 2005 • 12:38

LA PAZ.- El presidente de Bolivia, Carlos Mesa, se posiciona en el centro-izquierda y se siente claramente identificado con la línea ideológica de Luiz Inácio Lula da Silva y de Néstor Kirchner, confesó en una entrevista exclusiva con la agencia de noticias EFE.

Con una implacable serenidad, aunque aún bajo los efectos de la resaca política de los últimos días, Mesa recalcó desde su despacho del Palacio de gobierno de La Paz que cuenta con el apoyo del 75 por ciento de los bolivianos y asume que los pobres, los marginados y los indígenas le apoyan.

Mesa vivió los momentos más decisivos de su vida política, que además han sacado a la luz una crisis latente del Estado, tras presentar el lunes su dimisión y un día después recibir el rechazo unánime de su renuncia por el Congreso de la Nación.

"Renuncié porque veía imposible una aprobación de la Ley de Hidrocarburos sin acuerdo político, no he renunciado por los bloqueos", explicó en referencia a las protestas de campesinos y sindicalistas que acosan a su gobierno.

Esta controvertida legislación, que pronto podría ver la luz gracias a un acuerdo con la mayoría de los grupos parlamentarios, fue la manzana de la discordia en la vida política y social de Bolivia en los últimos meses.

Con esta ley, según Mesa, "vamos darle al pueblo la recuperación de la propiedad estatal de los hidrocarburos, la refundación de la empresa estatal del petróleo, ingresos por regalías e impuestos hasta del 50 por ciento, una política internacional útil en función de la reivindicación marítima (a Chile) y prioridad a la inversión en industrialización, salud, educación e infraestructuras".

Aseguró que resolverá otros problemas, como la huelga de transportistas de Santa Cruz o las protestas por la carestía del agua potable en la ciudad de El Alto, "con éxito, paciencia y diálogo, con respeto a los derechos humanos, a la vida y con una negociación razonable y sensata".

Aún así, reconoció las "fuertes tensiones" y que la relación entre el Estado y la sociedad está "quebrada".

Mesa no ignoró los conflictos sociales, que, señaló, "están liderados por ultra radicales", en referencia al diputado y líder cocalero Evo Morales, y a la Central Obrera Boliviana (COB).

De la COB manifestó sentir respeto, pero no así por sus actuales dirigentes, y lamentó que esta histórica organización, que ha marcado la vida sindical boliviana de los últimos 50 años, esté "capturada por el sector radical".

Criticó a Morales, su aliado en otros tiempos y acérrimo opositor ahora de Mesa, por su alianza con la COB y por radicalizar su postura.

"No va a ser un candidato potencial a la Presidencia en esa línea", dijo de Morales, a quien invitó a tornar su posición hacia el centro.

"Yo me sitúo a la izquierda del centro", confesó el mandatario y se alió sin tapujos con la doctrina de dirigentes latinoamericanos como el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, o el argentino, Néstor Kirchner.

Según Mesa, "si yo no tuviera a un Evo Morales estaría claramente identificado por todo el mundo como parte de esa línea ideológica; yo me siento claramente identificado con ella", matizó.

Este periodista e historiador, que llevó a la Presidencia en octubre de 2003 tras la renuncia de Gonzalo Sánchez de Lozada, ha afrontado críticas por aliarse a las fuerzas conservadoras del Congreso y por liderar marchas contra los bloqueos, protagonizadas en su mayoría por empresarios, funcionarios públicos y miembros de la clase media.

Pero Mesa afirmó que cuenta con un apoyo popular del 75 por ciento, y así "asumo que los pobres, los marginados y los indígenas apoyan militantemente al presidente".

Justificó la escasa presencia de los más desfavorecidos en sus convocatorias a que "las ciudades, cansadas de bloqueos, huelgas, amenazas, ultimátum, finalmente han tenido un espacio legítimo de expresión popular callejera (...), cuando se moviliza la clase media parece un delito", censuró.

Mesa insistió en que no está con los ricos ni con las multinacionales. "Imagino -manifestó- que a las petroleras el 50 por ciento de impuestos no les hará ninguna gracia y que la comercialización y la exportación se controle a través del Estado tampoco".

El presidente recalcó estar con el pueblo indígena, con la Asamblea Constituyente, con la evolución hacia la izquierda y con la ruptura categórica de un modelo ortodoxo.

Según Mesa, "la economía mixta se va a implantar y eso está muy lejos de lo que hemos vivido en el liberalismo de los años noventa".

A sus 51 años y superviviente de una de las mayores crisis políticas de los últimos años, el jefe del Estado boliviano tiene una ardua tarea por delante.

"Definitivamente tengo fuerza después de este baño de energía y adrenalina", concluyó en su despedida, ya entrada la noche y tras una larga jornada de reuniones encaminadas a buscar soluciones a los graves problemas que atraviesa Bolivia, el país más pobre de Sudamérica.

Fuente: EFE

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