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Lolita Torres, con el talento a flor de piel

La cantante-actriz, que cumpliría 75 años, supo llamar la atención sobre el escenario, en cine y en televisión

Sábado 26 de marzo de 2005 • 01:37
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LA NACION

Nadie sabe que pequeña acción puede cambiar el rumbo de una vida. Con once años, Beatriz Mariana Torres envió una foto a un concurso de nuevos valores de Radio Splendid, la llamaron, interpretó temas hispanos y lo ganó. Su presentación llamó la atención del actor Manolo Paredes, que estaba presente en el estudio y al ver a la talentosa niña la recomendó al maestro de arte flamenco Ramón Zarzoso.

Con esa premura que trae el azar, no pasó mucho para que Beatriz Torres se convirtiera en Lolita Torres. “Tiene una voz cruda, su afinación es perfecta, es una española hecha y derecha”, aseguró Zarzoso. “La recién llegadita de España” como se dio a conocer en aquellos tiempos, lo más ibérico que tenía eran sus canciones, porque su origen estaba ligado al paisaje industrial de Avellaneda.

Un año después, en mayo de 1942, con el permiso de un juez de menores, Lolita subió al escenario del Teatro Avenida para cantar dos canciones en el espectáculo “Maravillas españolas” y grabó un disco interpretando los temas “El gitano Jesús” y “Te lo juro yo”.

“Por un tiempo creyeron que yo era española y eso provocó el estallido en la comunidad hispana. Cuando se enteraron de que era argentina no tuvieron el menor prejuicio y me siguieron apoyando. El tema del manejo de un español más castizo es un viejo interrogante que ni yo puedo resolver, no sé, me viene de adentro y eso que mis padres eran argentinos”, aclaró la artista, años después.

En sus comienzos, la niña Lolita, que hoy cumpliría 75 años, alternaba sus escasas horas de juego con los estudios radiales de El Mundo, Belgrano y Splendid y las tablas de El Tronío, donde la vio el director de cine Luis Bayón Herrera que la invitó a participar de su film “La danza de la fortuna” (1944), protagonizado por Olinda Bozán y Luis Sandrini. Así, con pequeños gigantes pasos, la cantante hizo su primera aparición en la pantalla grande, que la tendría como protagonista en 1951 junto a Ricardo Passano en el largometraje “Ritmo, sal y pimienta”, en la cual dio su primer beso. Ese film motivó un mito sobre su vida: si existía o no una cláusula en sus contratos que prohibiera los besos. Lolita siempre negó este hecho, pero el rumor se difunde en los cientos de notas biográficas que se escribieron -y se escriben- sobre su carrera. Sin dudas, un condimento más para su aura.

Los eslabones de la suerte y del esfuerzo se encadenaron en la vida de la artista, que supo alternar sus conciertos con sus actuaciones en cine, teatro y televisión. Pero fue el séptimo arte lo que la hizo cruzar distantes fronteras, tan lejanas como la Unión Soviética, donde su figura fue furor a raíz del film “La edad del amor” (1953), que motivó giras por provincias rusas. “Ya ni la barrera del idioma se impone en las canciones porque algunos aprendieron el castellano para expresarme su cariño. Ellos perciben la sinceridad del cantante y por eso se entregan”, comentó a su regreso al país.

Su romance con los seguidores de América latina nunca fue comparable con el más aplacado recibimiento de la gente en España, aunque allí también se destacó.

No todo es color de rosa

Cuando estaba revelándose al mundo y conseguía sus primeros éxitos, Lolita, de 15 años, recibió el primer golpe de su vida: la muerte de su madre. “Cuando murió mi madre y al quedar junto a papá nos hicimos muy amigos. No he sabido lo que es luchar, fue él quien lo hizo por mí. No me disculpaba nada y ese rigor fue un baluarte en mi carrera”, declaró la artista durante una entrevista.

Pero esa no sería la única gran pérdida de la artista, en 1959, a poco de haberse casado y con un hijo de meses, Santiago, su marido falleció en un trágico accidente automovilístico rumbo a Mar del Plata.

Con el tiempo pudo sanar heridas y volver a confiar en el amor de la mano de Julio Caccia, con quien tuvo cuatro hijos: Angélica, Mariana, Marcela y Diego.

En cuanto a su trajín laboral, sus intensas ocupaciones de los años ’50 fueron reduciéndose poco a poco en las dos décadas posteriores, un hecho que le dejó un sabor amargo, pero que no la hizo bajar los brazos. Supo ampliar su registro vocal y su repertorio a otros géneros “Yo no dejé el cine, fue el cine que me dejó a mí. Y todavía no entiendo por qué. Igual que la televisión. Los empresarios son los que archivan a los actores”, expresó.

Los últimos destellos

“Nadie debe estancarse, sobre todo en lo artístico. De lo nuevo perdurará aquello que sea auténtico”, consideró Lolita mientras se preparaba a fines de los ‘80 para encarar un nuevo espectáculo que incluía canciones de tango. Pese a algunas críticas, para la artista tener un ecléctico repertorio no era un riesgo, era un virtud. “Creo que el secreto está en mi relación con el género español, muy variado en sus múltiples regionalismos. En la captación de esos diferentes estilos me enriquecí y quizás porque nuestra música tiene tantas raíces hispanas no me resulte difícil este reencuentro con el tango”, aseguró.

Si bien en sus últimos años el trabajo menguó, el cariño del público no como lo demostró en 1992, cuando la artista festejó su “50 años con el espectáculo” con un show. Varios artistas fueron parte de la fiesta: Mercedes Sosa, León Gieco, Víctor Heredia, Facundo y Ariel Ramírez y Jaime Torres, y Charly García, quien la había llamado para que colaborara en su álbum “Filosofía barata y zapatos de goma”.

En los ’90 comenzaron sus padecimientos físicos: le diagnosticaron fiebre reumatoidea y así confirmaron su alejamiento definitivo de los escenarios.

“Lolita Torres reunió todas las condiciones para ser una grande”, aseguró el actor Jorge Barreiro, que trabajó junto a la artista en su último film , “Allá en el norte”, (1972).

En 14 de septiembre de 2002, el camino de Lolita Torres llegó a su fin, pero el recuerdo de su voz aún perdura.

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