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Abandono

Viernes 25 de marzo de 2005 • 18:00

Vuelvo de viaje y la Terminal está "tomada". El micro me deja en una estación de servicio. Llego a la boletería del tren y pido un pasaje "con demora". A mi lado, sentado en el divisor de ventanillas, un nene con cara de enfermo, bolsita de pegamento en mano, me pide una moneda. "Tirá la bolsa antes de pedir una moneda" le digo en ineficaz tono paternal, y me voy, mientras su compañerito se ríe de la respuesta.

Pero algo en mí no soporta tanta indignación: si llamo a la Municipalidad tardaría demasiado tiempo en poner una curita, a una herida que ya debe haber visto sangrar mucho, y desde hace rato. Ubico a un policía y le digo que me siga. Me pregunta quién soy. Le digo que me asista mientras le saco la bolsita al chico, y no entiende "quien soy", si lo que quiero es hacer "una obra de bien". Le contesto (más indignado) que si le pido que me siga es porque en realidad no quiero denunciarlo a él por abandono de persona, y le cuento lo sucedido. Sin embargo, me explica que recién acaba de correr a los dos chicos, quienes tuvieron tiempo hasta para volver "con una bolsa mas grande" que la que les quitó, para hacerle burla desde lejos.

Les quiero hablar a las personas, a los padres, hermanos, hijos, amigos, en su calidad de seres humanos.Y no para pedirles ser superhéroes, o adentrarse en los focos "ocultos" y numerosos de ruindad. Sino para pedirles que no sean cómplices, en el día a día, en lo pequeño. En ese chiquito que no describo porque todos lo vemos, todos los días.

En la Estación del FFCC Gral. Mitre, donde esto pasó hoy 22/03/05, hay un Destacamento de nuestra Policía Federal. Y tenemos un Gobierno Municipal, y otro Nacional. Pensar que hay alguien que se "debería encargar" de hacer algo (y algo más que correrlos fuera de la vista), a mi no me alcanzó para dejar de sentirme cómplice.

Y a los que compartimos más o menos la misma fe, humildemente les digo: quizás perdamos un tren, una clase, una comida. Pero El, en otra comida dijo: "no hay amor más grande que dar la vida por un amigo". El murió por mí sin "conocerme": no me alcanza la imaginación -ni me da la cara o el alma- para argumentarle llegado el caso, de que "no quise perder un tren, o mi tranquilidad, por un chico que nunca antes había visto".

Triste dejarte sólo otra vez, dos mil y tantos años después!. Ojalá nos sigas perdonando (aunque ahora algo sabemos de lo que hacemos.), y gracias a Vos tengamos una Feliz Pascua de Resurrección.

Hector Ulises Viviani DNI 22.326.975 huviviani@tutopia.com

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