Tap clásico en un show brillante
Por Pablo Gorlero | LA NACION
"Buenos Aires tap". Dirección general, vestuario y coreografía: Mónica Povoli. Elenco: Natalia Cociuffo, Ana Gutiérrez, Laura Morandini, Juan Pablo Nappi, Rodrigo Pedreira, Maximiliano Pellizza, Barbra Podestá, Mónica Povoli, Romina Vázquez y Paula Sempé. Arreglos musicales: Gaby Goldman y Sebastián Giunta. Luces: Maximiliano Pellizza y Guillermo Pérez. Producción: Juan Iacoponi. En Molière, Balcarce 682.
Los espectáculos de tap no son muy frecuentes en la cartelera porteña y es extraño si se tiene en cuenta la gran cantidad de artistas de comedia musical y lo ameno que es siempre un buen número de este tipo de danza. Los antecedentes siempre fueron buenos: "El circo de Alberto Agüero", aquel multipremiado espectáculo de los años 80 que se mantuvo casi tres temporadas en cartel; lo mismo que los musicales "Broadway", "Calle 42" y el más cercano "Jazz, swing, tap".
Mucho más modesto, "Buenos Aires tap" ocupa el pequeño escenario del Molière, con diez artistas con chapas en los zapatos que hacen un popurrí de clásicos, jugueteando con los ritmos, haciendo tributos y matizando con canciones.
Lamentablemente, el sonido no es muy bueno, pero el show comienza con la obertura de "Thoroughly Modern Millie" con el elenco en pleno. Luego, el espectáculo tiene una línea uniforme, con un cuadro de masa, seguido de dúos o tríos o la interpretación de alguna canción a cargo de la excelente Natalia Cociuffo, una intérprete exquisita y completa en las tres disciplinas, que no se entiende por qué no se la ve más seguido en el género.
Las coreografías de Mónica Povoli están desarrolladas a partir de un estilo de tap muy clásico, con mucho paseo sobre el escenario, golpes con fantasía y escobillas. Pero el mayor vuelo se alcanza, sobre todo, en dos cuadros. En el primero, el grupo en pleno hace un tap a cappella, donde se recupera lo lúdico y el zapateo americano recobra su función de instrumento, para cambiar, subir y bajar tonalidades. Es una danza complicada, porque no sólo debe reunir gracia y destreza, sino también una sonoridad musical. Las chapas son la batería y este número es un auténtico tributo a la esencia de este baile. La segunda genialidad es la coreografía en tap que Povoli montó para el "Concierto en G", de Vivaldi. Una vez más se recupera el juego y el espectáculo gana en creatividad y crece desde la mitad hacia el final.
Homogeneidad
También se disfruta el cuadro de homenaje a "Cantando bajo la lluvia", en el que se reproduce la coreografía que Gene Kelly y Donald O´Connor en la canción "Moses Supposes", por Maximiliano Pellizza y Rodrigo Pedreira. También son brillantes las interpretaciones de "Life is Just a Bowl of Cherries", el boogie-woogie y "Summertime", a cargo de Natalia Cociuffo; el cuadro grupal "Too Darn Hot" y el trío "I Can´t Give You Anything But Love".
El cuerpo de baile es homogéneo, dúctil y correcto, aunque sería bueno que los bailarines tomaran conciencia de que las canciones "cuentan algo"; por lo tanto, es necesario interpretar, y los rostros forman parte del cuerpo.
Entre las individualidades, cabe destacar a Mónica Povoli, Maximiliano Pellizza, Romina Vázquez y Laura Morandini. El vestuario es brillante y los arreglos musicales de Gabriel Goldman y Sebastián Giunta limpian las partituras y les dan un aire más auténtico a las canciones. .
