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El deceso de un protagonista de la política

A los 91 años murió Alvaro Alsogaray

Política

El fundador de la Unión del Centro Democrático (Ucedé), ministro de Economía durante las presidencias de Arturo Frondizi y José María Guido, y y ex asesor de Carlos Menem, Alvaro Carlos Alsogaray, falleció en la tarde de ayer en su domicilio del barrio porteño de Recoleta, tras una larga enfermedad, a los 91 años de edad.

Puede decirse que el ingeniero Alsogaray fue uno de los mayores exponentes del liberalismo económico en la Argentina. Fue tres veces candidato presidencial, pero paradójicamente, sólo vio triunfar buena parte de su ideario en los años 90, de la mano de un presidente oriundo del mismo movimiento político que siempre había combatido: el peronismo.

Nació el 22 de julio de 1913 en Esperanza, provincia de Santa Fe. Tanto su bisabuelo, que luchó junto al almirante Guillermo Brown y comandó una batería costera en la célebre Vuelta de Obligado, como su abuelo y su padre, de conocida actuación en el golpe contra Hipólito Yrigoyen, fueron militares. Ni él ni su hermano Julio -llegó a ser comandante en jefe del Ejército- pudieron escapar a esa tradición familiar.

Como no podía ser de otra manera, Alsogaray estudió en el Colegio Militar de la Nación y en la Escuela Superior Técnica del Ejército. Sin embargo, abandonó la carrera militar con el grado de capitán para estudiar Ingeniería en Córdoba. Curiosamente, tampoco ejerció esa profesión. En cambio, al tiempo que profundizaba en sus lecturas de economía, fundó una empresa de aviación comercial, de la que fue director general entre 1948 y 1949, y poco después, bajo el primer gobierno peronista, fue designado presidente de la Flota Aérea Mercante Argentina, precursora de Aerolíneas Argentinas. "Eran tiempos en que todavía no se sabía muy bien qué era el peronismo", se justificaría Alsogaray mucho más tarde.

Tras la caída de Juan Domingo Perón, en 1955, fue designado subsecretario de Comercio y, posteriormente, ministro de Industria.

Batallador pese a su natural sobriedad y dueño de un discurso político sustentado en los principios clásicos de la economía y en la didáctica, el "capitán-ingeniero" -como lo llamaron con ironía sus adversarios- fundó en 1956 su primer partido político, el Cívico Independiente, aunque no reparó demasiado en quién ocupase la presidencia de la Nación para ofrecer sus servicios.

Así, en 1959, fue nombrado ministro de Economía por Arturo Frondizi, en medio de una crisis económica. De su paso por ese cargo se recuerda que se logró reducir la inflación del 127 al 9 por ciento anual y bajar el dólar de 110 a 83 pesos. Las diferencias políticas con Frondizi y Rogelio Frigerio condujeron, en 1961, a su reemplazo.

Pero volvería al Ministerio de Economía, durante siete meses, luego de la caída de Frondizi y la llegada de Guido al poder, en 1962. De ese período se lo recuerda por los famosos Bonos 9 de Julio, con los que pagó los sueldos de la administración pública, tanto como por su famosa frase "Hay que pasar el invierno". La revista Tía Vicenta lo marcaría para siempre caricaturizándolo como un chancho.

En 1966 alentó el golpe militar contra Arturo Illia y el presidente Juan Carlos Onganía lo nombró embajador itinerante y luego en los Estados Unidos.

En 1973 fundó su segundo partido, Nueva Fuerza, agrupación que llevó como candidato presidencial a Julio Chamizo. El proyecto terminó en un rotundo fracaso político y también económico, por la enorme inversión publicitaria que no tuvo correlato alguno en la obtención de votos.

Su siguiente intervención en la política fue con la Ucedé, partido que le permitió llegar por primera vez a la Cámara de Diputados de la Nación y del que fue candidato presidencial en 1983 y en 1989. En esta última elección, sumó el apoyo de la democracia progresista y de distintas fuerzas provinciales en la Alianza de Centro y consiguió su mayor cosecha: alrededor del 10 por ciento de los votos.

Para sorpresa de casi todos, y pese a advertir en la campaña proselitista que con Carlos Menem en la presidencia al país le esperaba el caos, Alsogaray hizo muy buenas migas con el nuevo mandatario, de quien se convirtió en asesor y con quien colaboró estrechamente en los planes de privatizaciones y de reforma del Estado. El acercamiento tuvo un antecedente en el apoyo ucedeísta al candidato a senador justicialista porteño Eduardo Vaca en el Colegio Electoral, en desmedro del radical Fernando de la Rúa, y una consecuencia: la llegada de María Julia Alsogaray a la función pública. La hija del fundador de la Ucedé llevó a cabo las privatizaciones de la acerera estatal Somisa y de la Empresa Nacional de Telecomunicaciones (Entel), además de ocupar la Secretaría de Medio Ambiente; actualmente, es la única funcionaria menemista de relevancia que se encuentra presa.

El apoyo de Alsogaray a Menem dividió a su partido, que conoció períodos de inusual internismo que incomodaban al veterano líder liberal, acostumbrado a un manejo personalista de las fuerzas políticas que creaba. Por aquellos tiempos, en que las escandalosas disputas entre María Julia Alsogaray y Adelina de Viola estaban a la orden del día, el ingeniero Alsogaray le confió a un cronista de LA NACION, mitad en broma, mitad en serio: "¡Qué bueno sería tener un partido sin afiliados!... ¡Y sin mujeres!".

En sus últimas apariciones públicas, Alsogaray instó a sus seguidores a tomar las banderas del liberalismo y de la economía social de mercado, al tiempo que expresó su pesimismo sobre la gestión de Néstor Kirchner, a la que asoció con vertientes del socialismo. .

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