Interna bonaerense
EL PERONISMO EN SU LABERINTO
Kirchneristas y duhaldistas se tratan hoy como miembros de un matrimonio arreglado que necesita durar, pero duhaldistas y felipistas se tiran con los platos. A pocos meses de entrar en la recta final de la carrera electoral, el PJ bonaerense no logra alejar el fantasma de la ruptura
¿Qué partido ganará las elecciones nacionales del 23 de octubre? He aquí una pregunta que sólo un turista extranjero ansioso por probar el mate, un lector aplicado de manuales de instrucción cívica o alguien con magros conocimientos de las peculiaridades de la vida democrática argentina haría así, con tono naif.
Formulada en el Río de la Plata, la pregunta cuela dos equívocos. Uno es la palabra partido: las elecciones, según todo lo indica, las ganará el peronismo, que no funciona estrictamente como partido (en las últimas elecciones, incluso, concurrió a las urnas en tres porciones y sin sello partidario). El otro, la suposición de que el poder sólo se dirime en ese día primaveral, el domingo de las elecciones, cuando en verdad hay antes otra gran pelea de fondo, ni más ni menos que la que está en curso (bien se habla de "año electoral"): es la definición de las candidaturas dentro del conglomerado peronista en el distrito más grande y el más nacionalizado de todos, la provincia de Buenos Aires, asiento del caudillo sostenedor del gobierno central, Eduardo Duhalde. Algo así como las primarias fundamentales en el territorio principal, laberinto internista donde los mejores pronosticadores se confiesan extraviados, porque ignoran, como todos los mortales, cuál será el método para procesar el conflicto. Un conflicto triangular, inédito.
Aquello de que el peronismo es una gran familia -unos lo dicen con jactancia almibarada, otros con ironía punzante- parece verificarse en cuanto se dice y se escribe sobre las movidas venideras de "Felipe", "Cristina" o "Chiche", juego que se ha vuelto medular en la política argentina para desgracia de los partidos de la oposición, arrumbados entre la platea y el pullman, en cuya penumbra atienden -las fuerzas de centro son un ejemplo- sus propios hábitos fragmentarios. Por sobre todos, cual dioses del Olimpo, en el peronismo están los dos políticos más poderosos del país, Kirchner y Duhalde, promotores de candidaturas favoritas guardados para el postre.
Corre, pues, un año electoral complejo. Los 24 distritos eligen media Cámara de Diputados y 8 renuevan un tercio del Senado, sumado ello a la disputa de miles de bancas en los niveles municipal y provincial, para lo cual intervienen en todo el país cerca de quinientos partidos políticos. Sin embargo, por ahora la mayor atención se concentra en la definición de los dos primeros candidatos a senadores y de los primeros 25 candidatos a diputados (en una lista de 35 titulares) que postulará el peronismo bonaerense, por un lado, y en la posibilidad de que el gobernador Felipe Solá presente sus propias boletas, lo que significaría para él terminar de pelearse con Duhalde. El famoso "ir por afuera", cuanto menos en el nivel provincial.
Kirchneristas y duhaldistas se tratan hoy como miembros de un matrimonio arreglado que necesita durar. Pero duhaldistas y felipistas se tiran con los platos del antiguo hogar dulce hogar. Intercambian reproches de traición y dominación asfixiante enredados de a ratos en una disputa leguleya sobre el método para decidir las candidaturas. "Lo último que le escuché decir a Felipe es que las elecciones internas son muy caras, que es lo que decía Galtieri; en la democracia es un argumento inadmisible. Recuerde que en enero, además, el gobernador convocó por decreto a unificar las elecciones de la provincia para el 23 de octubre, de modo que una vez que empezó el proceso él no puede andar cambiando las reglas de juego". Palabras de José María Díaz Bancalari, el duhaldista que conduce el bloque de diputados nacionales justicialistas, en alusión a la intención de Solá de evitar el cumplimiento de la ley provincial que dispone internas abiertas y simultáneas en todos los partidos, tal como se hicieron en 2003.
"Las internas abiertas en la provincia fueron un fracaso", dice, en cambio, el ministro de Gobierno bonaerense Florencio Randazzo. "Hubo una participación muy minoritaria, del orden del 3 o 4 por ciento del padrón general, y así es como tienen prioridad los aparatos". Randazzo no jura que no habrá internas -informa que el tema aún no está resuelto en su sector-, pero se reconoce a sí mismo como partidario de que a las candidaturas "las dirima el conjunto de la sociedad", lo que significaría presentar boletas propias en las que se postule para senador nacional a Cristina Kirchner, para diputados provinciales a felipistas confesos y para diputados nacionales, quién sabe, a la lista bendecida por el Presidente.
Se preguntará el lector a esta altura cómo puede discutirse si habrá o no internas abiertas, obligatorias y simultáneas en el peronismo y en los demás partidos cuando eso está estipulado por ley, tanto en la provincia de Buenos Aires como en la Nación. ¿No son ineludibles las leyes? Vaya un tranquilizante: nada más maleable que una ley de internas abiertas. La primera que hubo, en la Nación, la promulgó Duhalde en 2002 como presidente, quien al poco tiempo, cuando cambiaron las condiciciones de su enmarañada disputa doméstica con Carlos Menem, envió otra ley al Congreso al solo efecto de suspender la anterior. Por lo cual ya hubo dos leyes nacionales sobre el asunto y ninguna interna abierta (sí la hubo en la provincia). Para que este año se haga el estreno bastará con no suspender la suspensión "por única vez", algo que por más que suene para el Guinness, todavía es -dicen- probable. Desde luego, también se podrían celebrar las internas que la ley dispone luego de un acuerdo político, disipando la confrontación.
Hoy parece que no está a la vista el acuerdo político. "Que Dios ilumine a Felipe en este momento tan especial para los católicos para que las energías que gasta peleando contra sus hermanos y progenitores (sic) las utilice para que a los chicos de la provincia no les llueva en las aulas", expresa la diputada nacional duhaldista Marina Cassese cuando se le pregunta por el estado del conflicto. Efectivamente el duhaldismo considera que fue el "inventor" de Solá -a quien menciona como algo más que desagradecido- y no se ha privado de decirlo en público, aunque semejante lectura constituya, paradójicamente, una admisión de la dedocracia que el gobernador ahora denuncia. El felipismo, a su vez, opina que Solá rescató a la provincia del pozo en el que la dejó Carlos Ruckauf, otro gobernador encumbrado con patrocinio duhaldista, a quien se acusa de haber "huido" hacia la Cancillería. Solá, retrucan los rivales, consiguió surfear sobre el ciclo de bonanza de la economía nacional inaugurado por el presidente Duhalde y después pretendió emanciparse. Delante de una pieza teatral con estas intrigas -¿comedia o drama?- no faltaría el espectador que reprochara exceso de imaginación.
Con todo, algunos contendientes perciben que el clima cambió después de que Solá conversó con Kirchner, el miércoles, en la Casa Rosada. Tal la opinión del diputado duhaldista Jorge Villaverde: "El Presidente le bajó los decibeles; Solá salió diciendo que no tendría problemas en hablar con Duhalde, porque vio que corre el riesgo de quedarse afuera de la discusión".
Hay en rigor dos versiones sobre ese diálogo privado. Una dice que Solá se fue contento porque Kirchner le confirmó que su esposa, hoy senadora por Santa Cruz, será finalmente la candidata por Buenos Aires y que le renovó el respaldo al gobernador en momentos en que los duhaldistas venían diciendo que en las negociaciones inminentes lo iban a dejar al margen (mientras análogamente también hablaban de que estaba resuelta la candidatura a senadora de Hilda González de Duhalde). La otra sostiene que Kirchner llamó a Solá a serenarse y le recomendó (bueno, hay quien usa el verbo ordenar) que se olvidara de la idea de romper el justicialismo bonaerense. En última instancia, dada la importancia que se asigna en esta clase de litigios a los gestos, las señas, las fotos y, en general, los mensajes mediáticos, lo que importa no es solamente lo que pasó sino lo que Duhalde, destinatario virtual, entendió que pasó.
Un allegado al ex presidente que pidió reserva de su nombre contó a LA NACION que después de celebrarse aquel encuentro con Solá, un ministro (los que hablan con Duhalde son Alberto Fernández y José Pampuro) transmitió entre ambos líderes la voluntad recíproca de alcanzar un acuerdo. El allegado dijo también que, respecto de la candidatura de su esposa, Duhalde hablaba en privado de dejar la definición para más adelante, mientras que Kirchner sostenía, efectivamente, la candidatura de su propia esposa en la provincia, aunque no en tono de imposición sino de propuesta.
Otras fuentes dijeron que los intendentes Julio Alak y Alberto Balestrini mantuvieron esta semana conversaciones directas con el Presidente, lo cual es visto desde el duhaldismo como un debilitamiento de Solá.
¿Acuerdos en puerta?
Según el politólogo Sergio Berenstein, quien sigue de cerca el desarrollo del conflicto, "Solá está luchando por mantener su liderazgo en los dos años de gobierno que le quedan". El análisis de Berenstein lo induce a pensar que habrá alguna clase de paz. "Dudo de que termine rompiendo el justicialismo, porque al día siguiente de la elección, ¿cómo hace para seguir gobernando? Justamente, lo que necesita es un acuerdo de gobernabilidad".
En cambio, un estudioso del peronismo como Alejandro Horowitz dice: "No necesariamente va a haber arreglo, aunque es imposible saber cómo termina esto. El problema de fondo no está en la lista de diputados sino en las de concejales, en cada distrito, porque son ellos quienes determinan el poder de los intendentes, que es lo importante". Para Horowitz, el tema no es si habrá o no internas. "Las posiciones no están dadas por opiniones sino por la dinámica de los aparatos políticos".
Así las cosas, el cronograma electoral promete que el litigio no será eterno. El 3 de septiembre deben oficializarse las listas de candidatos. Las internas abiertas deberían ser convocadas en los primeros días de mayo. Y hasta el 23 de mayo se podrán hacer cambios en el padrón. Esto último atañe a decenas de miles de ciudadanos que pudieron haberse mudado, pero a los efectos políticos es importante para unos pocos, muy pocos, entre ellos Cristina Kirchner, quien conservaría aún hoy su domicilio en Río Gallegos. Para ser candidata por la provincia de Buenos Aires ella debería figurar en el padrón bonaerense, trámite tan sencillo como imperioso el de notificarle al Estado que ahora vive en la calles Villate, en Olivos, donde está la residencia presidencial. Por cierto, Cristina Kirchner ahorraría la tasa por el cambio de domicilio si aspirara a seguir representando a la provincia de Santa Cruz, como lo hace desde 2001. Pero esa hipótesis parece hoy la más improbable. Dice Horowitz: "Si Cristina no fuera candidata por Buenos Aires, cuando Kirchner dice que va a plebiscitar la elección, quedaría claro que el dueño de la cancha es Duhalde".
Por último, la opinión de un veterano, el que tiene más batallas acumuladas en la provincia y en la Nación. "Esto es más bien una disputa por espacios de poder", dice Antonio Cafiero, justamente uno de los tres senadores bonaerenses que en diciembre dejan sus bancas. "Si el objetivo de Solá es debilitar a Duhalde y no generar una corriente positiva, el peronismo no va a salir ganando. Es cierto que la provincia de Buenos Aires necesita una nueva renovación, pero hay que hacerla de común acuerdo".
-Pero usted, senador, fue el inventor de ir por afuera del peronismo oficial en la provincia. Más aún, hasta ahora es el único que lo hizo ¿no?
-Fue distinto -exclama Cafiero. A mí no me daban elecciones internas. Herminio (Iglesias) manipulaba dictatorialmente todas las nominaciones del PJ. Entonces levanté las banderas de la renovación, fundé el Frente Renovador y sacamos el doble de votos que la lista oficial.
Cafiero dice que no lo recuerda, pero solía contarse en el Congreso una anécdota ilustrativa sobre el armado de las listas de diputados y los límites de la planificación política. Como los renovadores, en 1986, pensaban que sólo conseguirían seis diputados, aceptaron que figurara en un lugar que creían sin chances un empresario papelero que había colaborado con el papel de las boletas y con afiches para la campaña. Un éxito en las urnas más holgado de lo previsto convirtió a ese empresario en legislador. Era Alberto Pierri, quien luego devino presidente de la Cámara y ocupó ese puesto durante casi todo el menemismo, un récord de durabilidad. .
Por Pablo Mendelevich