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Concluyó la 20a Fiesta Nacional del Teatro

Reunió a algo más de 8500 espectadores

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LA NACION
Lunes 04 de abril de 2005

GENERAL ROCA, CIPOLLETTI y VILLA REGINA.- Y la Fiesta terminó. En el Alto Valle de Río Negro llovió teatro durante nueve días y muchas personas probaron un sabor distinto del arte. Se calcula que algo más de 8500 espectadores concurrieron a ver las 38 obras provenientes de todo el país que se representaron en General Roca, Villa Regina y Cipolletti.

Todo terminó el sábado por la noche, con un aluvión de teatro. General Roca presentó "Garabatos de ensayo" (en dos funciones a sala llena), de Tierra del Fuego, y "Cuando los cerdos arrasan", de Entre Ríos. A su vez, por lo menos dos centenares de personas se congregaron en el espectáculo callejero "Todo pasa en el teatro", un musical alegórico que se representó en la plaza San Martín. Asimismo, se repuso la pieza mendocina "Hermanitos", dirigida por Sacha Barrera Oro, en el reabierto Teatro de la Estación, y, fuera de la Fiesta, la actriz mapuche Luisa Calcumil reestrenó su espectáculo "Hebras".

Para el final, las siempre hospitalarias autoridades de la Casa de la Cultura organizaron una gran fiesta con show y baile que terminó a la hora del desayuno. "Esto fue un verdadero acontecimiento para General Roca y para la región. Mucha gente que nunca había ido al teatro acudió a ver más de una obra. Siempre las entradas se terminaron al mediodía y todos los espectáculos trabajaron a sala llena", explicó Andrés Fuhr, director de la Casa de la Cultura. Por su parte, Villa Regina tuvo en su cierre a la versión neuquina de "El líquido táctil", de Daniel Veronese, que dirigió Elsa Hernández, y "Yesterdei, cosas que se pierden a la siesta", de Córdoba, con dirección y dramaturgia de Florencia Bergallo, Victoria Roland y Luciano Delprato. Entretanto, Cipolletti cerró el festival con "Mandrágora circo", con los clowns chubutenses Mariana Silva y Juan Cruz Bracamonte, y "No hay que llorar", de la Comedia Municipal de Luján, dirigida por Claudio Bellomo.

Vilma Echeverría y Margot Rubattino, de "Medea", por Rosario
Vilma Echeverría y Margot Rubattino, de "Medea", por Rosario.

Balance

Aunque puede decirse que la fiesta fue un éxito, aún adolece de los mismos problemas desde su primera edición. Es notorio el desparejo nivel de las obras presentadas, mientras que no se palpa un desarrollo artístico en las producciones de algunas provincias (en algunos casos, decididamente, de "estudiantina"). Aunque hubo buenos trabajos, en su mayoría, los espectáculos pecaron del mismo defecto: la falta de síntesis y una dramaturgia irregular.

Por otra parte, la fiesta permitió descubrir puestas innovadoras e inteligentes como "Medea", dirigida por Gustavo Guirado, en representación de Rosario, o "Cuando los cerdos arrasan", un interesante trabajo sobre la desprotección del actor en el momento creador, muy bien dirigida por Gabriel Cosoy; "La casa el campo", una propuesta fuera de lo convencional, dirigida por Edgardo Dib; "Y? no se olviden de Toto", por los musicomediantes de Mendoza, y "Garabatos de ensayo", con Sergio Altamirano y Mauricio Jesús Flores, de Tierra del Fuego.

Pero también la Fiesta permitió descubrir a algunos intérpretes brillantes como Vilma Echeverría, de "Medea"; a las actrices riojanas de "¿Lloverá?"; al histriónico Javier Massi, de "Hermanitos"; a dos actores con mayúsculas como Raúl Kreig y Jorge Ricci, de "La casa del campo"; a Liliana Rizzo, de Misiones, que soportó, solita su alma, un texto flojo; a un actor atento y con un asombroso dominio de la platea como el tucumano César Romero, de "Las fabricantes de tortas", y, como broche de oro de la fiesta, dos profesionales excelentes como los entrerrianos Graciela Strappa y Roberto Fadil, de "Cuando los cerdos arrasan".

La Fiesta fue una fiesta, aunque podría haber sido mejor. Tal vez, haya una esperanza de que se reconozcan los errores para que no aparezcan en un futuro.

Espíritu mapuche en Río Negro

Su presencia fue infaltable en casi todos los espectáculos presentados en General Roca. Luisa Calcumil, rionegrina y mapuche, no sólo hizo de espectadora, sino que también compartió momentos con todas las delegaciones.

Y sobre el final del encuentro nacional reestrenó "Hebras", una pieza teatral de su autoría y dirección, compartida con la actriz y bailarina Valeria Fidel. La estrenó en el teatro Odin, de Dinamarca. Pero este reestreno tiene mucho encanto, magia y sensibilidad. Es en la sala Felisa Kamú, situada en su propia casa. La intérprete vive desde siempre en su barrio San Martín, compuesto por una mayoría mapuche, raza aborigen por la que siente un profundo orgullo. Incluso el nombre de la sala es el de una referente de su comunidad.

"Hebras" es una pieza teatral compuesta por cuadros que narran distintas situaciones, utilizando al viento como conector de ellas. Es un homenaje a la mujer desde la ternura, a través de frágiles hilos que sólo la buena humanidad puede hilvanar. "Empezamos a trabajar con el vínculo de compartir la energía, poder hablar con alguna delicadeza de la mujer, intentar una poética. Está la dramaturgia del actor, de los objetos, las imágenes, la palabra que es acción, la que modifica al otro y que también tiene que ser entregada al espectador", explica Luisa.

Tiene un mérito adicional: atraer a la gente a su teatro con una entrada libre o a voluntad, a partir del cariño. Su casa es acogedora y no duda en abrir sus puertas y poner en su mesa cuanto tiene: tal vez unos piñones de araucaria calientes, un corderito patagónico o tortas fritas, para los amigos. Tiene muy en claro cuál es el significado de la palabra dar. "No quiero que el teatro sea de una elite, por eso apuesto también a lo popular, que sea austero, pero no precario", afirma.

"Hebras" no sólo estará en Roca, sino también en gira por distintas ciudades.

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