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Economía internacional

Nacionalismo en Brasil

Opinión

Al ser una nación de inmigrantes, los brasileños no son por naturaleza xenófobos. Su nacionalismo tradicionalmente ha sido más bien contenido, con raíces en cuestiones económicas y encapsulado en la opinión generalizada de que el tamaño y el potencial de Brasil significan no sólo que no necesitan prestarles mucha atención a los extranjeros, sino que además puede competir de igual a igual. Que a menudo no logre hacerlo crea inseguridad.

El nacionalismo económico fue uno de los motivos por los que Brasil tardó tanto en abandonar el proteccionismo y abrirse al comercio y la inversión. Sin embargo, la liberalización, que comenzó hace sólo una década, está acelerándose bajo el gobierno del presidente Fernando Henrique Cardoso. Las multinacionales corrieron a lanzar un diluvio de dinero sobre Brasil. Gran parte de este dinero va a la construcción de plantas nuevas o a modernizar las existentes. Pero también mucho dinero va a la compra de empresas brasileñas muy conocidas, ya sea firmas privadas o las que se están privatizando.

La inversión extranjera no sólo cubre el déficit de cuenta corriente de Brasil, sino que además hace más competitiva la industria y los servicios. Sin embargo, algunos brasileños están preocupados porque su país está perdiendo el control de su destino.

Hay quejas en la coalición de Cardoso de centroderecha respecto de su decisión de que los extranjeros puedan hacer ofertas por Banespa, un gran banco estatal de San Pablo, que será privatizado en mayo si el gobierno impone su criterio. Una encuesta de la Folha, realizada este mes, mostró que el 71% de los encuestados se opuso a permitir que los extranjeros compraran Banespa; un 58% piensa que hace más daño que bien permitir que empresas extranjeras compren firmas locales.

Parte de la inquietud nacionalista es producto de dos años de estancamiento económico, antes y después de la traumática devaluación de la moneda, y se disipará a medida que se recupere la economía.

En parte el orgullo herido también se compone de expresiones poco disimuladas de intereses específicos. Muchos congresales que apoyan una propuesta de impedir a los extranjeros comprar bancos recibieron generosas donaciones de campaña de rivales brasileños. Otros, de la extrema izquierda y la extrema derecha, se sienten nostálgicos de los viejos tiempos: quieren favorecer las firmas brasileñas dejando afuera la competencia extranjera y ofreciéndoles generosa ayuda estatal.

Pero algunos críticos expresan dudas más razonadas. José Genoino, del Partido de los Trabajadores, de izquierda, sostiene que Cardoso ha permitido a los extranjeros invertir y vender en el mercado brasileño sin que se tenga gran acceso a los de ellos.

Otra duda se refiere a la creciente salida de ganancias y dividendos, que dejó un saldo neto negativo de US$ 4100 millones. Pero si lo obtenido de la venta de activos estatales a extranjeros se utiliza para reducir la deuda externa muy costosa, que es lo que se hace generalmente, entonces el efecto sobre la balanza de pagos puede ser positivo. Además, como parte de una multinacional, algunas de las firmas vendidas exportarán más; otras inversiones extranjeras, como las que se dan en las telecomunicaciones, ayudarán a equilibrar la balanza comercial al aumentar la competitividad de sus clientes.

Una crítica que tiene mayor justificación es que el Bndes ha dado préstamos baratos a compradores extranjeros.

Por último, algunos críticos se quejan de que no se hace nada para alentar el surgimiento de multinacionales brasileñas, capaces de invertir en el extranjero, y que pronto será demasiado tarde para hacerlo.

Pero Brasil tiene una larga, costosa y no muy exitosa historia de tratar de criar "campeones nacionales". En vez de llorar por favores especiales, las empresas brasileñas y sus políticos deberían redoblar sus esfuerzos para que haya reformas impositivas, fiscales y financieras, que reduzcan el costo del crédito y de hacer negocios en Brasil.

Traducción de Gabriel Zadunaisky .

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