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Glaciares: crucero entre los gigantes del Sur

Turismo

Dos días a bordo, navegando por el lago Argentino, para ver de cerca las paredes de Upsala, Segazzuni y Perito Moreno, los más famosos del parque nacional santacruceño

Por   | LA NACION

EL CALAFATE.- Los glaciares están de moda y esta ciudad santacruceña vive una gran expansión. Los hoteles brotan como hongos silvestres (esta última temporada se sumaron más de 1600 camas) y hasta los taxistas se desorientan cuando los turistas, que llegan de todo el mundo, les dan nombres de alojamientos que nunca escucharon.

La población estable se multiplicó: de los 6500 habitantes que da cuenta el censo de 2001, se estima que ahora ronda los 13.000. Es una gran Babel con inmigrantes de todos los rincones del país que llegan en busca de trabajo, lo encuentran y se quedan.

Este auge trajo bajo las alas propuestas impensadas, como la posibilidad de acceder a los glaciares Perito Moreno, Upsala y Spegazzini (las grandes moles heladas del Parque Nacional Los Glaciares) en un crucero, el Leal, una embarcación de Cruceros Marpatag.

Por supuesto, no es un gran transatlántico, con piletas, casino, peluquería y miles de cruceristas. Sólo recibe a 14 pasajeros y cuatro tripulantes que navegan plácidamente por el lago Argentino, el más grande del país, con 1560 km2.

El barco también llegó en busca de mejores horizontes. Después de unas temporadas malas en Puerto Madryn ofreciendo servicios de buceo, Héctor Tiño Resnik, uno de los dueños, dio un golpe de timón y cambió el rumbo.

Con la autorización de Parques Nacionales diseñó una ruta exclusiva, que zarpa, desde hace unos pocos meses, lunes, miércoles y viernes desde Punta Bandera, un pequeño puerto a 40 kilómetros de El Calafate.

Con vista preferencial

Del barco no se puede hacer descensos, como en los cruceros tradicionales. La idea es vivir dos días a bordo y ver desde la cubierta, como en un palco de lujo, los glaciares a pocos metros (llega hasta 300; más cerca podría ser peligroso).

Esta propuesta tranquila fue la que sedujo a Roberto Cozzetti. Su agente de viajes le dijo que tenía para ofrecerle algo especial. Cuando supo que no tenía que subir y bajar de ómnibus ni hacer excursiones sacó los pasajes y se vino junto con su esposa Carmen.

El itinerario comienza a primera hora de la mañana. A la vista sólo ven montañas y montañas, que se pierden a los lejos en el lago.

La vida a bordo invita a relajarse, sentarse en los sillones y ver el paisaje por los grandes ventanales del salón principal, mientras el barco avanza. El primer destino es el glaciar Upsala, uno de los más grandes del parque.

Mientras tanto, la guía Stella Maris Fernández habla sobre los glaciares y la flora y fauna del parque nacional.

Los que quieran probar en carne propia el rigor de estas tierras frías, pueden instalarse en la cubierta, con una buena campera, guantes y gorro, porque el viento se hace sentir.

Los grandes témpanos que navegan a la deriva anuncian la proximidad con el Upsala. El color del agua llama la atención. Se la denomina leche glaciaria y es opaca, pero limpia, limpísima y helada (entre 2°C y 6°C). Cuando el barco llega cerca del frente de los glaciares, aminora la marcha y se pasea lentamente para que puedan verse las grietas, los manchones azulados y, si se tiene suerte, presenciar un desprendimiento.

Por la tarde se navega frente al glaciar Spegazzini, el más alto del parque. Cuando cae el sol y las montañas se tiñen de naranja, se tira el ancla en Puesto Las Vacas, una pequeña bahía en medio de la nada para comer y descansar, con el barco en reposo. A la mañana siguiente se emprende la navegación hacia el Perito Moreno, el broche de oro de esta aventura helada.

La leyenda del calafate

La ciudad de El Calafate debe su nombre a un arbusto típico de la Patagonia, de alrededor de un metro y medio de alto, que da un fruto muy chiquito, azul morado con el gusto similar al de una cereza.

Cuanta una leyenda tehuelche que el que come la fruta del calafate no se va más de la Patagonia. Si es extranjero y anda solo, se casa y se queda para toda la vida. El que se va, vuelve.

Con este fruto, que se puede comer así, recién cortadito de la planta y que se ve por todos lados, se hace mermeladas, licores y té.

Milenarios, inigualables, impactantes

Upsala, Moreno y Spegazzini, las estrellas del parque nacional

Lo primero que provoca ver los glaciares de cerca es frío. Parece como si de golpe se abriera la puerta del freezer. Después, con el gorro bien puesto, uno se queda duro, pero no ya por el frío, sino por la imponencia de esos gigantes helados e inconmensurables. El blanco encandila, pero la vista no se mueve. Los glaciares no tienen fin. Se pierden en el gran campo de hielo continental.

Tienen sobre su lomo años y años de nieve acumulada. Un copo tarda entre 5 y 10 años para convertirse en hielo glaciario. Se calcula que los témpanos del frente pueden tener 1000 años.

Aunque de aspecto similar, cada uno de los tres glaciares que se ven durante la navegación tiene sus particularidades.

Perito Moreno. Es el más famoso, la carta de presentación del parque, tan grande como la ciudad de Buenos Aires. Tiene buenas razones para ocupar ese lugar. Es el único de los 13 grandes glaciares al que se accede por tierra (también por agua, por supuesto). Se lo ve desde una cadena de pasarelas, desde donde se aprecia el manto de hielo en toda su extensión. Son habituales los desprendimientos, que se sienten como un fuerte trueno.

Upsala. Es el más grande del parque, con 900 km2. Para tener una idea, la superficie es tres veces más grande que la del Perito Moreno. Su superficie abarca 60 km de longitud y 9 de ancho. Pero tiene otras particularidades: el frente del glaciar está flotando y esto provoca desprendimientos de témpanos gigantes, algunos tan grandes como un edificio (en la superficie sólo se ve un 10 por ciento). Los icebergs navegan a la deriva por las aguas del lago y a veces hasta se pasean por la costa de El Calafate.

Spegazzini. Es el más alto del parque. Los picos de hielo miden entre 80 y 135 metros, cuando el resto promedia los 60. Tiene 25 kilómetros de longitud y un km de ancho.

Datos útiles

Cómo llegar

En avión $ 600

Hasta El Calafate, de ida y vuelta, con tasas e impuestos.

Crucero

El viaje, (dos días/una noche) cuesta 360 dólares por persona. Incluye una noche de alojamiento en cabina con baño privado, comida y traslados. Tarifas hasta junio. A partir de julio, 395 dólares. Reservas: 5031-0071; glaciares@crucerosmarpatag.com.

Más información

www.crucerosmarpatag.com

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