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Rincón gaucho

La calandria, esa payadora que fascinaba a Hudson

Campo

El autor de "Aves del Plata" recuerda su don imitativo; Lugones, por su parte, la hizo cantar en "La guerra gaucha"

Naturalistas, poetas y gauchos -que a la vez son poetas y naturalistas- no han podido sustraerse a la fascinación que causa el canto de la calandria, de nuestra calandria gaucha, puesto que hay especies europeas que se parecen a la alondra, pero que no guardan relación con esa maravilla con la que Dios decoró el paisaje argentino, "la divina criatura", "la reina de los ojos negros", como la llamó el poeta Luis Franco.

Oriunda, al parecer, de Río Negro, pero extendida por la región pampeana y que, como viajera, suele visitarnos hasta en Buenos Aires, puede llegar más lejos. Nuestros hermanos gaúchos de Rio Grande do Sul, en Brasil, la conocen y aman, al punto de que han hecho de la calandria un símbolo del canto en libertad, del canto "hermoso" (California, del griego kalós: hermoso). En sus festivales de la canción nativa ("A California da canção nativa"), en Uruguayana, el premio al mejor cantor gaúcho es la "calandra de ouro".

Sin embargo, no es el oro lo que puede retener a esta criolla avecilla, sino el bosque nativo, el árbol añoso cerca del rancho, el vuelo libre recto hacia el azul, para descender en rápida línea otra vez hacia la copa del árbol, subiendo y bajando como una gran mariposa canora.

Habría que releer las páginas de "Aves del Plata", de Guillermo Enrique Hudson, quien relata su encuentro con la "calandria de tres colas". Hudson no acepta este extraño y equívoco nombre que le dio Félix de Azara y la describe fiel y amorosamente: "Arriba gris, rabadilla gris parda, alas negras cruzadas por una ancha banda blanca, cola blanca, con excepción de las dos plumas del medio, que son negras". Repara hasta en el color de los ojos, y rectifica, otra vez, nada menos que a Azara: "...No son verde oliva sino rojo naranja...".

Pero lo que maravilla a Hudson es el canto, himno a la libertad, del ave gaucha: "[...] Fue entonces cuando tuve la fortuna de oírla cantar, y nunca olvidaré la sensación que experimenté cuando escuché su melodía sin par...".

Ningún célebre naturalista ha dicho mucho sobre su canto y su raro don imitativo. "Por mi parte -dice Hudson- no encuentro otro modo de describir el prodigioso hechizo de su melodía que deleita el alma más que cualquier otra ave... La calandria de tres colas es lo que el diamante entre las piedras, que en su policromo esplendor representa y excede la belleza especial de cualquier otra gema".

También el poeta y gaucho Leopoldo Lugones se sintió hechizado por ese mismo canto, y comprendió todo lo que esta cantora alada significaba para el gaucho. En verso y en prosa, la calandria canta entre las páginas de Lugones. Ella, que puede imitar a los otros pájaros, posee su propio canto inimitable.

"Canta, y de su alegría/ nace el azul divino/ y en el cristal del trino/ se va aclarando el día./ Altísima se absorbe/ cantando cielo adentro/ y aquel canto es el centro/ palpitante del orbe."

Lugones la hace cantar también en uno de los recios episodios -Talión- de "La guerra gaucha": "[...] En ese momento una calandria preludió allá cerca su canto. Primeramente fue un trino de pichón friolero, después un largo silbo, poco a poco entrecortados; después pastosos cloqueos, bullas de agua locuaz en el buche; un airoso guiriguay que parodiaba la polifonía del bosque; silbos otra vez, esta vez lastimeros píos, hidráulicos tecleos y, de golpe, un efusivo convólvulo, un gorjeo clarísimo remontado por caudalosas escalas".

"Al firmamento [...] trovaba su himno el ave. Enajenada en lírico arrebato, su alma ascendía a la aurora como una llamita."

"[...] Vocalizaba los idilios en el rastrojo [...] la inquietud por los huevecillos que el ala protege [...] cual si modulase en la punta de su pico su pequeño corazón..."

"El gaucho escuchaba y se conmovía. Allá cerca de su rancho tenía ella un nido de calandrias..."

Don Martiniano Leguizamón dará el nombre de Calandria al protagonista de una de las obras más célebres de nuestro teatro gauchesco. Calandria es el prototipo del gaucho que canta en libertad.

Ave cautiva

La calandria languidece y muere en cautividad como el gaucho, que no puede vivir sin su libertad, su pampa, su cielo. Así lo comprendió el poeta Héctor Pedro Blomberg, quien, al ver una calandria cautiva en un bar del puerto, exclamó: "[...] Pobre calandria gaucha, ¿quién te robó a tu nido/ y te encerró en la jaula brumosa de este bar?".

Y comprendiendo que la avecita gaucha jamás volvería a cantar, sintió el deseo de devolverla a su nativa libertad: "[...] Te robaré una tarde,/ te llevaré conmigo,/ y nos iremos juntos bajo el lucero amigo/ camino de tus selvas, tú, yo y mi corazón".

Nuestros gauchos han sabido captar en la gracia del baile, el simbolismo de esta payadora nativa en una danza que se llama precisamente la calandria.

Tiene distintas coreografías, pero siempre es un baile de una sola pareja, popular en San Luis. La dama hace castañetas con sus finos dedos, y el caballero imita el movimiento de las alas moviendo las manos continuamente.

Y el canto acompaña, con su alegría de vivir: "Soy como la calandria/ que no sosiega, que no sosiega,/ hasta llegar al puerto/ donde navega, donde navega...".

"Soy como la calandria". Identificación de nuestro gaucho, cantor libre, con el ave argentina del canto en libertad. .

Por Gloria O. J. Martínez Para LA NACION
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