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La limitación de la jornada laboral aumenta la productividad

Viernes 29 de abril de 2005 | 01:25 (hace 1113 días)

(Télam).- Cada año que pasa -ya son muchos que me han pasado- y se acerca el 1° de mayo, las imágenes que me atraviesan son recurrentes. El origen trágico de la fecha, con la huelga de la Unión Central Obrera de Chicago. La represión primero y luego la muerte por ejecución mediante ahorcamiento de cinco compañeros, la reclusión perpetua para otros dos y quince años de cárcel para un tercero.

Las luchas de nuestros trabajadores de Vassena, la de Facón Grande, en esa tierra que Osvaldo Bayer llamó la "Patagonia Trágica". La Forestal. La Huelga más larga del Mundo realizada por obreros en nuestros astilleros. Otro aniversario cercano, el 27 de abril de l979, primera reacción colectiva contra la dictadura militar protagonizada por nuestro movimiento obrero.

Los nombres de mártires y sólo nombraré algunos, como Felipe Vallese, Mussi, Méndez, Retamar, José Ignacio Rucci, Flores, Víctor Choque. Tantas muertes, cárceles, sufrimientos, despidos. Sólo se me ocurre evocarlos para homenajearlos a ellos y a millones de trabajadores anónimos que lucharon fundamentalmente por su dignidad.

De tantas reflexiones que motiva la fecha, quiero hablar tan sólo de un aspecto: el que tiene que ver con la jornada de trabajo. El tema lo traigo porque reúne el pasado de lucha con el presente y con un deber hacia el futuro.

En 1890, el movimiento obrero argentino conmemoró por primera vez el 1° de mayo. Un mes después, reunió 7434 firmas que avalaban un petitorio con una decena de reivindicaciones. La primera de ellas era la reducción de la jornada de trabajo a ocho horas diarias y 48 semanales.

Pasaron 115 años y en nuestra patria el 29 por ciento de los trabajadores están obligados por la escasez salarial, el desempleo y el trabajo en negro, a trabajar en exceso de esa jornada. Cuando semblanteo el futuro pienso que sería un formidable homenaje a la historia de nuestro movimiento obrero y a todos los luchadores, que nadie trabaje fuera del límite legal y eso, sin reducción del salario.

Si comenzáramos por hacer realidad este postulado, estaríamos repartiendo empleo -no creándolo, pero sí distribuyendo el existente- entre 900.000 compañeros sin trabajo. Suelo decir que 24 es divisible por 2, pero también es divisible por 3. En lugar de dos asalariados trabajando 12 horas cada uno, que tres lo hagan durante ocho horas.

Una vez lograda esta primera etapa, pensando que estamos en el siglo XXI, se debería reducir gradualmente la duración de la jornada.

El abuso en la extensión de las horas de trabajo es uno de los peores signos de la antisolidaridad del neoliberalismo, especialmente cuando todavía sufrimos un alto desempleo.

Y si hablamos con el mercado, digámosle que la OIT concluyó en 1988 un análisis científico, que la limitación de la jornada aumenta la productividad (añorada por funcionarios y empresarios), disminuye los accidentes de trabajo (reclamado por los trabajadores) y disminuye el ausentismo laboral (reivindicación de los Jefes de Personal).

En consecuencia, lograr este objetivo planteado por los trabajadores argentinos e inmigrantes hace más de un siglo, es imprescindible para poder hablar de justicia social.

Por Héctor Pedro Recalde *
Especial para Télam


* El autor es asesor letrado de la CGT

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