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Bergoglio será el sucesor de Quarracino

El Papa lo designó arzobispo coadjutor de Buenos Aires y reemplazará al cardenal primado cuando éste se retire

Miércoles 04 de junio de 1997

El jesuita Jorge Mario Bergoglio sucederá al arzobispo de Buenos Anires, cardenal Antonio Quarracino, cuando la sede quede vacante. Así lo dispuso ayer el papa Juan Pablo II al nombrarlo arzobispo coadjutor de la sede primada.

El anuncio fue formulado, en forma simultánea, en Roma y en Buenos Aires, a través de la Nunciatura Apostólica, e implica que monseñor Bergoglio, de 60 años, asumirá la plenitud de la arquidiócesis en cuanto Quarracino abandone sus funciones.

Monseñor Bergoglio es actualmente obispo auxiliar y vicario general de la arquidiócesis. Según informó la Nunciatura, su nombramiento como arzobispo coadjutor responde a una solicitud dirigida al Papa por el propio cardenal Quarracino para que lo "aliviara de la carga pastoral", dado sus problemas de salud.

En agosto del año próximo Quarracino cumplirá 75 años, la edad fijada por las normas canónicas para que los obispos presenten su dimisión.

Debido al estado de salud del cardenal primado, el Papa anticipó la designación de monseñor Bergoglio, quien tendrá ahora la responsabilidad de "ir empapándose d elos asuntos internos de la jurisdicción eclesiástica" para asumir la conducción de la misma, una vez que el Santo Padre acepte la renuncia de su titular.

Aramburu, un antecedente

Al difundir la designación la agencia AICA recordó que la designación de arzobispo coadjutor tiene un antecedente en la misma arquidiócesis porteña: para asistir al cardenal Antonio Caggiano fue nombrado en 1967 monseñor Juan Carlos Aramburu, quien ejerció esas funciones durante ocho años, hasta su asunción definitiva, en abril de 1975.

El caso más reciente es la designación de monseñor Gerardo Farrell como obispo coadjutor de la diócesis de Quilmes, cuyo titular, monseñor Jorge Novak, tiene afectada su salud.

El cardenal Quarracino, que asumió la arquidiócesis de Buenos Aires en 1990, padece problemas vasculardes que le impiden trasladarse. En las últimas celebraciones, como la misa crismal del Jueves Santo o la festividad de Corpus Christi celebrada el sábado en la Plaza de Mayo, utilizó una silla de ruedas para trasladarse.

En fuentes eclesiásticas se especulaba que el nombramiento de Bergoglio había dejado atrás a otros postulantes.

Entre los que se mencionaban para suceder a Quarracino se encontraban el actual arzobispo de Paraná y presidente del Episcopado, monseñor Estanislao Karlic, y el arzobispo de Corrientes, monseñorDomingo Castagna.

De formación jesuita, monseñor Bergoglio fue superior provincial de la Cmpañía de Jesús en la Argentina entre 1973 y 1979 y tuvo la misión de renovar la misión pastoral de la orden. La orden jesuita es una de las más antiguas asentadas en la Argentina. Llegó al puerto de Buenos Aires en el año 1587 y desarrolló una extendida labor misional y cultural en todo el territorio del país.

Sin embargo, es la primera vez que un hombre de sus filas tendrá la posibilidad de convertirse en arzobispo primado de la Argentina.

Bergoglio es hoy uno de los dos obispos jesuitas del cuerpo episcopal argentino. El otro es monseñor Joaquín Piña, que desde 1986 tiene a su cargo la diócesis de Puerto Iguazú.

El personaje de la noticia: Hablar poco y claro

Monseñor Bergoglio prefiere no hablar y guardarse en la imagen más difusa de un segundo plano: Antonio Quarracino es todavía el arzobispo de Buenos Aires y lo seguirá siendo, como mínimo hasta 1998, cuando cumpla 75 años.

Mientras tanto, su futuro sucesor hará todo lo posible por eludir la persecución periodística -que comenzó ayer tras su nombramiento- e intentará no abandonar el bajo perfil que cultivó durante toda su carrera y, muy especialmente, desde que llegó al arzobispado de Buenos Aires.

Sus pares lo definen como un verdadero hombre de fe. Pero no es sólo su humildad y su calidad de hombre piadoso lo que lo convirtió en estos cinco años en uno de los auxiliares más querido por el clero joven.

En esa preferencia también se valora su inteligencia meridiana y su disposición permanente al diálogo con las nuevas camadas ."Es muy pastor", dicen.

Aun ahora recibe a los sacerdotes uno por uno y sabe escuchar. Por contrapartida, habla poco, pero cuando lo hace es claro y su lucidez es sólo comparable a la humildad con que lleva adelante su lugar en la curia.

Monseñor Bergoglio nació el 17 de diciembre de 1936, se diplomó de químico industrial e ingresó en el Seminario Metropolitano de Villa Devoto. Al cabo de tres años, pasó al noviciado de la Companía de Jesús y en 1969 fue ordenado sacerdote.

En 1973 fue elegido provincial jesuita de la Argentina, cargo que ejercio durante seis años. Estuvo en Alemania, y, al regresar, fue destinado al Colegio del Salvador, de donde pasó a la ciudad de Córdoba como director espiritual y confesor de una iglesia de la orden. Desde 1992 es obispo auxiliar de Buenos Aires y acompaña a Quarracino como vicario general de la arquidiócesis.

Signo de respaldo al actual arzobispo

Al decidir que Jorge MarioBergoglio sea el arzobispo coadjutor que acompañe al cardenal Quarracino en la conducción de la arquidiócesis metropolitana, la Santa Sede ha emitido una clara señal de respaldo a la tarea pastoral que se ha venido desarrollando en la ciudad de Buenos Aires desde 1992.

En efecto, Bergoglio ha sido el brazo derecho de Quarracino en los últimos cinco años, primero como obispo auxiliar, luego como vicario general de la arquidiócesis. El hecho de que ahora se lo señale como su eventual sucesor revela la voluntad del Papa de fortalecer la continuidad de la gestión que el cardenal primado ha llevado adelante, más allá de las controversias que la personalidad de Quarracino "frontal y polémica" pueda haber despertado en determinados sectores, especialmente por su firme y ostensible defensa de los principios tradicionales de la Iglesia en lo atinente a la moral sexual.

A Bergoglio se lo señala como un prelado de filiación neoconservadora, acaso porque ese es el perfil que emerge de su actuación como provincial de la Compañía de Jesús, cargo que desempeñó durante seis años en la conflictiva década del 70, cuando la crisis interna de los jesuitas estaba en su punto más álgido. Su nombramiento como obispo auxiliar de la arquidiócesis porteña en 1992 suscitó, por ese motivo, algunas prevenciones. Sin embargo, contra todo lo que se pronosticaba, Bergoglio logró -en los últimos cuatro años- un excelente entendimiento con el clero joven de la arquidiócesis de Buenos Aires, que hoy reconoce con naturalidad su liderazgo y le profesa un entrañable afecto.

Si el tiempo confirma su condición de sucesor de Quarracino, Bergoglio será el primer jesuita que llegue a la conducción de la arquidiócesis porteña. Y será el segundo arzobispo metropolitano proveniente de una orden religiosa: el primero fue José María Bottaro, de origen franciscano, designado en 1926.

Altamente valorado y estimado -como queda dicho- por los sacerdotes de la arquidiócesis, Bergoglio no tiene una imagen instalada en la opinión pública. La sociedad tiene escasas noticias de él, a diferencia de lo que ocurre con obispos como Quarracino o Laguna, ampliamente conocidos en los medios ajenos a la Iglesia.

Desde una perspectiva más próxima a las valoraciones políticas, la designación de Bergoglio aparece como una refirmación de la política de "contrapesos" que es propia del Vaticano. En momentos en que se consolidan en la Iglesia argentina liderazgos comprometidos con posiciones renovadoras o progresistas, como los de Estanislao Karlic y EmilioBianchi di Cárcano, que integran la cúpula del Episcopado, el Papa produce un gesto de pleno respaldo a Quarracino, en quien se encarna una visión doctrinaria más cercana al pensamiento católico tradicional.

Cuando se supo -hace algún tiempo- queQuarracino había pedido el nombramiento de un arzobispo coadjutor en su arquidiócesis, se tejieron las más variadas conjeturas. Se pensó que podría ser Karlic -en consonancia con el protagonismo que está teniendo en el orden nacional- y también se estimó que podría ser Eduardo Mirás, el actual arzobispo de Rosario. Pocos pensaron que el Papa optaría por un hombre tan próximo a Quarracino como Jorge Bergoglio.

El nombramiento de un coadjutor no significará ningún cambio inmediato en la conducción de la arquidiócesis, que seguirá siendo ejercida plenamente por Quarracino. Aunque afectado por un problema de salud que lo obliga en algunos momentos a desplazarse en una silla de ruedas, el cardenal primado no tiene actualmente limitaciones físicas que signifiquen un obstáculo para el desempeño de su cargo.

Quarracino deberá presentar su renuncia, por razones reglamentarias, el 8 de agosto de 1998, cuando cumpla 75 años. Pero es frecuente que los obispos y arzobispos sigan en su función más allá de ese límite. En última instancia, el sentido de la designación de un coadjutor es preparar, en las grandes arquidiócesis, una transición no traumática. Al optar por ese sistema de sucesión, la Santa Sede elimina de cuajo las especulaciones políticas que suelen proliferar cuando un prelado de fuerte personalidad se acerca al fin de su gestión.

Por Bartolomé de Vedia

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