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Ayudar a los demás para ser completamente feliz

Sábado 07 de mayo de 2005
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PARA LA NACION

Entre yoga, viajes, tiempo compartido con su nieto, salidas a comer, corridas matinales por Palermo y tantas cosas que hace con pasión, Mabel Meschiany (licenciada en Psicología, terapeuta gestáltica que también trabaja con el método creado por Bert Hellinger, conocido como Constelaciones familiares) dice que no puede ser completamente feliz sin brindarle algo a los demás. Y encontró la fórmula: “Capacito personas y coordino talleres en Buenos Aires y el interior. Me especialicé en temas como la tercera edad, parejas, grupo y efecto de las migraciones en las personas. Es precisamente esto último el motivo de mi desvelo”.

Meschiany se refiere al trabajo que está haciendo con la Fundación Mujer, Paz y Desarrollo, que lanzó el Programa de Refuerzo Alimentario, apoyado por organizaciones no gubernamentales nacionales y españolas. “Trabajamos con una importante población de jubilados y pensionados gallegos residentes en la Argentina, con objeto de mejorar su calidad de vida, por medio de cajas alimentarias y talleres comunitarios, que no son otra cosa que espacios para nutrir el alma. Y resulta fabuloso: esta gente encontró un lugar donde ser escuchada, valorada, pudo salir del encierro y el aislamiento al que llegó, fruto de la crisis reinante cuando se gestó este proyecto, en el año 2002.”

La psicóloga, que vive en el barrio de Belgrano, es madre de dos hijos, tiene un nieto y está de novia. Se encamina a Avellaneda con regularidad, donde se realizan los talleres, ya que en esa localidad se encuentra la población más importante de gallegos residentes en el país.

“El partido de Barracas al Sur fue creado en 1852 por un decreto provincial. Años más tarde, una ley de la Legislatura le cambió su nombre por Avellaneda, conocida como la primera ciudad industrial de la República. Muchos extranjeros formaron esta población, especialmente españoles. Lamentablemente, la historia que sigue es conocida: los nietos de estos inmigrantes que vinieron dispuestos a hacerse la América hoy vuelan hacia Europa persiguiendo los mismos objetivos que entonces tenían sus abuelos.”

Asegura que dar y recibir es una responsabilidad social, pero cree que la ayuda material debe estar acompañada de algo más: “Nos encontramos con un grupo de personas desoladas. Ellos (los 200 gallegos con los que trabajan), que hace casi 60 años habían escapado del hambre, ahora vuelven a encontrarse con la frustración del desempleo. Entonces, lo que nosotros hacemos, más allá de los alimentos que entregamos, es ofrecer contención psicológica, trabajar con líderes comunitarios y mujeres jefas de familia. Es lindísimo ser testigo de cómo se van abriendo, cómo se reintegran a la comunidad, cómo vuelven a conectarse con costumbres de sus pueblos y hasta cómo hacen amigos. Creo que, después de una vida de trabajo, se merecen esto y mucho más”.

Meschiany exprés

Riqueza: “Hacer este trabajo me enriqueció como profesional y ser humano. El derrumbe de la clase media fue muy fuerte y esta gente quedó inmóvil. Pero juntos hicimos un importante trabajo de reciclaje que hoy nos agradecen y agradezco”.

Felipe: “Tengo un nieto de un año y medio que me llenó de energía y felicidad. Recomiendo el abuelazgo ”.

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