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Ya extraen oro y cobre en Catamarca

Economía

BAJO DE LA ALUMBRERA.- Finalmente, El Dorado argentino existía.

Lo que los conquistadores españoles buscaron en vano hace cuatro siglos acaba de ver la luz en 1997.

Son tierras doradas que emergen tras la acción de los explosivos en un inmenso valle lunar de Catamarca, sobre la ruta 40, entre Santa María y Belén. El mineral, rico en oro y en cobre, ya se carga en gigantescos camiones de 140 toneladas, manejados por mujeres de poco más de 20 años, rumbo a una planta de procesamiento surgida de la nada en sólo un año y que es hoy la obra más grande de la Argentina, excepto Yacyretá.

Estamos en la mina de Bajo de la Alumbrera, una inversión de 1100 millones de dólares liderada por el consorcio australiano Mount Isa Mining (MIM), asociado con empresas canadienses, norteamericanas, inglesas, chilenas y argentinas, para transformar a esa zona hasta ahora pobre y lejana en el centro de un futuro minero argentino que cambiará la vida de todo el Norte y muchas de las ecuaciones económicas de este país básicamente agropecuario hasta hoy. Las posibilidades mineras de la Argentina están aquí a la vista como nunca antes. Aunque siempre se supuso que la Cordillera de los Andes albergaba los mismos tesoros minerales de un lado y de otro de la frontera -algo obvio cuando se observa desde el aire el colorido similar de las montañas al este o al oeste de la invisible línea de frontera- una legislación particularmente restrictiva y desalentadora para la inversión privada mantuvo sin explotar esos recursos que sólo esperaban la llegada de empresas y trabajo humano como el que se ve hoy bajo el cielo azul intenso de Catamarca.

Oro y cobre en el país

Lo que ya se produce en la excavación a cielo abierto muestra los reflejos dorados y rojizos de la mezcla de oro y cobre que se encuentra en ese yacimiento descubierto en 1949 por un geólogo de la Universidad de Tucumán y que durmió plácidamente hasta que la desregulación minera de 1992 permitió el ingreso de las grandes empresas privadas de la minería mediante el sistema de la concesión privada por 30 años.

Allí se producirán anualmente 20.000 kilogramos de oro y 190.000 toneladas de cobre, destinados básicamente a la exportación. Esto significa que Bajo de la Alumbrera será la primera mina de oro de América latina y la novena de cobre en el mundo.

¿Qué llevó a la empresa australiana MIM a invertir en Catamarca? El titular de la empresa en la Argentina, Peter Freund, australiano, con larga experiencia minera, lo sintetiza en dos conceptos: "Por un lado el cambio de la legislación. Pero lo más importante fue que la Argentina volviera a ser un país estable. Hace mucho que se sabía que aquí había cobre y oro. Pero sólo ahora se puede hacer una inversión de riesgo de esta naturaleza".

La estimación actual indica que antes de fin de siglo la Argentina se habrá convertido en un país de elevada producción minera, con inversiones cercanas a 2000 millones de dólares en cinco años y una exportación anual de unos U$S 1800 millones anuales en el año 2000. La dimensión de ese cambio impresionante se hace evidente cuando se recuerda que hasta 1996 sólo había pequeñas producciones mineras que no producían más de 30 millones de dólares de exportación por año.

El tiempo perdido puede ser recuperado con creces. Así lo señala a LaNacion el ingeniero chileno Manuel Rapiman, 46 años, manager de la operación directamente minera, un veterano de la enorme mina de cobre chilena de Chuquicamata. "Es cierto que la Argentina es un país casi sin cultura minera. Pero hoy tiene la ventaja de arrancar con una mina de extraordinario rendimiento y que nace con toda la tecnología del siglo XXI. Aquí se están formando técnicos y operarios muy jóvenes y muy capaces que desde este mismo año estarán produciendo en las condiciones más modernas del mundo. Además, esta mina es excepcional porque ya es muy rentable por el cobre y, además, tiene mucho oro".

Dimensiones gigantescas

Lo que más impresiona al llegar al lugar es el tamaño de las obras que están en marcha.

El complejo minero cubre más de 5000 hectáreas en total, en las que se distribuyen los campamentos de vivienda para las 4000 personas que trabajan en el lugar, la zona de extracción del mineral, la planta de trituración, las cintas transportadoras que lo llevan al concentrador -centro neurálgico del proceso, una instalación comparable a una gran acería-, un dique para almacenar agua y el nacimiento de un mineraloducto que llevará el producto de la mina mediante bombeo hasta Tucumán para ser transportado luego por tren rumbo a Rosario y la exportación.

Cuando llegamos al lugar, de noche, viajando por la montaña desde San Miguel de Tucumán, la noche cerrada se ilumina de pronto como en una película de Spielberg. A la vuelta de una curva surge la gigantesca silueta del galpón concentrador, iluminado para el trabajo nocturno. Camiones y camionetas 4x4 circulan permanentemente por los caminos internos de este complejo industrial en plena precordillera y a 2600 metros de altura sobre el nivel del mar. La actividad de 4000 personas brinda la imagen de una ciudad en movimiento febril.

Ciudad cosmopolita, además. En el restaurante o en los lugares de esparcimiento se escuchan nítidamente los acentos del inglés, el castellano con tonada chilena o el canto característico de los argentinos del Noroeste. Aún en su etapa de construcción, el proyecto de la Alumbrera reúne a empresas como la australiana MIM, la canadiense Musto, la norteamericana Fluor Daniel, el grupo argentino SADE-Pérez Companc, y numerosas empresas asociadas para atender tareas específicas o los servicios necesarios para la vida de casi 3000 personas.

A toda marcha

La segunda impresión dominante es la velocidad y la eficiencia con que se trabaja. Cuesta creer que hace apenas un año allí no había nada más que cerros desiertos.

En poco más de 12 meses se han construido instalaciones extraordinariamente grandes y complejas, donde se hace evidente la necesidad de una logística muy sofisticada para poder efectuar numerosas tareas complementarias a la vez.

El proceso completo se divide en cinco pasos principales: 1) La extracción del mineral con oro y cobre. Este es el punto central donde trabaja la empresa australiana. Los técnicos colocan explosivos que provocan el derrumbe de grandes taludes siguiendo la forma de anillos concéntricos. Luego de 20 o 30 años de explotación, la mina de Bajo de la Alumbrera habrá producido un hoyo comparable al de la otra gran mina a cielo abierto de América, la de Chuquicamata, en Chile.

2) El transporte del mineral a la planta de trituración ("crusher" en inglés, "chancador", en la denominación chilena que se utiliza en el lugar) por medio de enormes camiones Caterpillar que llevan 140 toneladas de carga. Estos camiones son manejados por mujeres como Gladys Baspineiro, de Catamarca, o Lidia Flores, de Salta, cuya presencia ya es totalmente normal en una actividad que antes era algo exclusivamente masculino. "Es un manejo riesgoso y las mujeres han demostrado conducir con niveles de mayor responsabilidad", explica el ingeniero Rapiman.

3) La trituración de los grandes pedazos de piedra en la planta de "crushing".

4) El traslado por una larga cinta transportadora desde la salida de la planta de trituración hasta el concentrador, donde el mineral vuelve a ser molido y mezclado con agua para extraer, luego, las partículas metálicas de cobre y oro mediante un centrifugado.

5) El ingreso de las partículas de oro y cobre, nuevamente mezcladas con agua, en un mineraloducto que recorre unos 250 kilómetros hasta San Miguel de Tucumán.

Todo ese proceso permite obtener aproximadamente 5,1 gramos de oro cada 1000 kilos de tierra y 64 gramos de cobre por cada 1000 kilos de mineral.

Cambio regional

La puesta en marcha de este megaproyecto es, naturalmente, una conmoción económica para la región. Desde el panadero de la vecina ciudad de Belén, que debe proveer todos los días pan y medialunas para unas 3000 personas, al dueño de la posta El Oasis, que languidecía al borde de la ruta 40 y ahora no da abasto con sus empanadas, el sacudón de semejante empresa es similar a un terremoto, aunque en este caso ampliamente bienvenido.

La mina da trabajo a unas 4000 personas directamente y a otras cuatro personas por cada empleado en forma indirecta. Si se suman las personas que trabajan en el tendido del mineraloducto y en las instalaciones que se construyen en la capital tucumana, el total de empleados directos asciende a 6000. La mayor parte de los operarios se ha reclutado en Catamarca y en Tucumán, pero muchos provienen de otros lugares y también de Chile, donde se contrataron numerosos técnicos con experiencia en la extracción del cobre.

Pero no es tan fácil como parece encontrar personal dispuesto a trabajar en las condiciones del trabajo minero. "Se utiliza un régimen de dos semanas completas de trabajo y una de descanso para que cada uno vuelva a su lugar de residencia habitual", explica el arquitecto Rufino Iriarte, 31 años, gerente de Recursos Humanos del grupo SADE, a cargo de la construcción civil. Y no cualquier argentino medio está mentalmente dispuesto a esa forma de vida, pese a que con un trabajo temporario de uno o dos años se pueden obtener allí ganancias importantes ya que todos los gastos de vivienda, comida y traslado corren por cuenta de las empresas.

Lo mismo sucede con trabajos más específicos. "Nos resulta difícil, por ejemplo, encontrar técnicos soldadores pese al buen sueldo y todos los gastos pagos", dice el ingeniero Juan José Pérez, de Fluor Daniel-SADE, a cargo de la construcción civil y eléctrica en el concentrador.

Son contradicciones que parecen inexplicables para un país con elevado desempleo. Pero es, en parte, el precio de una escasez de experiencia en un terreno casi desconocido para la Argentina hasta ahora.

Todo cambiará extraordinariamente en pocos años. La hora de la minería parece haber sonado en serio en la Argentina. Muy cerca de la Alumbrera se rehabilitará una vieja mina abandonada, Mina Capillitas. Al lado hay otro gran proyecto de oro y cobre, el yacimiento de Agua Rica, cerca de Andalgalá, donde ya trabaja otro grupo australiano, BHP. En el sur del país, el grupo Pérez Companc-FluorDaniel ha comenzado otra obra de gran envergadura para extraer oro, en la mina Cerro Vanguardia, ubicada en el centro de Santa Cruz. Y la lista continúa con proyectos en Salta, Jujuy, La Rioja, San Juan y Mendoza.

En total hay más de 70 empresas que trabajan en lo que promete ser, en pocos años, uno de los motores económicos de la Argentina. Sobre la ruta 40, que también espera obras de pavimentación en el Norte, el camino del oro y el cobre parece ya una autopista de alta velocidad. .

Por Germán Sopeña
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