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La lealtad en una conmovedora historia

Espectáculos

"Cama adentro" (Argentina-España/2004). Dirección: Jorge Gaggero. Con Norma Aleandro, Norma Argentina, Marcos Mundstock, Raúl Panguinao, Susana Lanteri, Elsa Berenguer, Claudia Lapacó, Mónica Gonzaga, Eduardo Rodríguez. Guión: Jorge Gaggero. Fotografía: Javier Juliá. Presentada por Distribution Company. Hablada en español. Duración: 85 minutos. Calificación: Apta para todo público.

Todo lo que es sustancial en "Cama adentro" se expresa a través de las situaciones, los comportamientos, los pequeños gestos y los silencios de sus personajes antes que por medio de las palabras. Jorge Gaggero ha encontrado un sesgo sutil y no carente de ironía para aproximarse a la descripción de una circunstancia social -la crisis y sus prolongados efectos-, apuntando apenas al estrecho mundo cotidiano de una señora y su mucama. La pequeña historia de las dos mujeres y de la compleja relación que han establecido al cabo de 30 años de convivencia ocupa el centro de este retrato cálido, lúcido y persuasivo, pero en casi todo lo que sucede en la intimidad del departamento y en el departamento mismo se percibe el eco de la dramática realidad exterior.

Gaggero no descuida esa interacción: quiere ver cómo evoluciona el vínculo entre ama y criada ahora que la crisis las ha arrinconado (y también unido) en una penuria que, por un lado, conduce a revisar los términos del acuerdo que se había establecido entre ellas y, por otro, desnuda hasta qué punto una y otra, ambas independientes, se necesitan mutuamente. Más allá de que las diferencias culturales (y los prejuicios de clase) subsistan y los roles se mantengan aunque sea formalmente, hay un lazo de afecto sobre el que quizás es posible reformular un vínculo más equilibrado. En el complejo sentimiento que une a la mucama (Dora) con la señora (Beba), que fue de clase media acomodada y hoy se empeña en ocultar la bancarrota, se mezclan la lealtad, la complicidad, la admiración, el sincero apego nacido de una larga convivencia; probablemente también una pizca de resentimiento.

Beba ha ido perdiéndolo todo: dinero, estatus profesional (fue dueña de una empresa de cosméticos y ahora ofrece esos productos casa por casa) y familia (es divorciada y su única hija vive en España), además de muchos bienes que ha malvendido para sobrevivir. Sin embargo, se niega a reconocer el derrumbe: hay que mantener las apariencias, y la presencia de la criada con cama adentro es indispensable, por lo que representa y porque tiene en ella a la fiel aliada que la ayuda a mantener la ficción. Dora es quien llena el envase de scotch con el whisky nacional más barato para que pueda seguir recibiendo a sus amigas en veladas de juego y chismes; ella es quien la atiende cuando se extralimita en la dosis de alcohol, lo que sucede bastante a menudo; la que conoce todos sus secretos; la que tolera sus rabietas y rezongos, y hasta disculpa ciertos abusos camuflados como gestos de generosidad (el obsequio de la máscara de barro que oculta un fin promocional). La señora tendrá sus defectos pero es una mujer de buen corazón: cuando Dora anuncia su partida porque no puede seguir trabajando sin cobrar -la deuda lleva varios meses-, Beba hace un último esfuerzo para saldar las cuentas. Claro que ni el cuento ni el declive terminarán allí y la estrecha relación entre las dos mujeres conocerá algunas alteraciones importantes.

Un guión despojado de toda hojarasca y elaborado con precisión y economía hace que el dibujo de los personajes y del contraste entre sus dos culturas (la del consumo y la del trabajo), así como la descripción del vínculo que los liga y de la ardua realidad que los rodea resulten de la propia evolución de la historia. Pocas imágenes informan de la dura crisis que no perdonó a la clase media; una llamada telefónica de la hija ausente explica su nexo afectivo con cada una de las mujeres de la casa; una imagen de estas dos en la peluquería sugiere más que muchas palabras sobre la naturaleza de su relación.

La narración progresa sin tropiezos gracias a esas pinceladas que gradualmente van conformando el cuadro; ningún detalle es casual y, sin embargo, todo fluye con sencilla naturalidad, en un tono que recurre al humor y a la discreta emoción para echar alguna luz sobre un panorama que en el fondo es desolador.

Pieza de cámara rica en matices y certera en sus observaciones, "Cama adentro" es, como la define Gaggero, una "pequeña gran historia contada en sus detalles". Por eso exige actrices inteligentes, sensibles y en lo posible transparentes. No es exagerado asegurar que el film encontró en Norma Aleandro y Norma Argentina (verdadera revelación) sus intérpretes ideales. .

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