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Crece el alcoholismo juvenil

Jueves 26 de mayo de 2005

El alcoholismo sigue siendo un problema de magnitud en buena parte del país, no sólo por el aumento de su consumo entre los menores de edad, sino también porque es cada vez más baja la edad de iniciación.

Así lo ha reconocido el propio gobernador bonaerense, Felipe Solá, al evaluar un informe del Servicio de Toxicología del Hospital de Niños Sor María Ludovica de La Plata, que delata un incremento del 15 por ciento en las consultas por alcoholismo de chicos de entre 9 y 11 años durante 2002 y 2003.

Según el último informe de la Subsecretaría de Prevención y Asistencia de las Adicciones de la provincia de Buenos Aires, el 55 por ciento de los jóvenes de 16 a 26 años consume alcohol de manera habitual. Dentro de ese universo, de acuerdo con el estudio, por cada diez menores que consumen hay cinco que directamente abusan, es decir que como mínimo llegan a tomar un litro de vino o dos de cerveza en una misma noche.

A fines del año último se efectuó otra encuesta en territorio bonaerense que confirma el fenómeno: de 400 jóvenes consultados, más del 60 por ciento reconoció que algunas noches supera el litro de cerveza; un 20 por ciento dijo que toma esa cantidad de vino, y un 10 por ciento admitió haber consumido más de medio litro de alguna bebida destilada, como vodka, gin o whisky. Con relación a los excesos a la hora de beber, los últimos datos oficiales indican que el 23,9 por ciento de los chicos de 16 a 17 años abusa en el consumo de bebidas alcohólicas e igual actitud tienen el 29,5 por ciento de los chicos de 18 a 20 años y el 30,5 por ciento de los jóvenes de 21 a 26 años.

Las cifras son también preocupantes entre los alumnos del secundario. Dos de cada tres estudiantes admiten que toman alcohol habitualmente. Su bebida preferida es la cerveza; la consume el 36 por ciento de los que al ser entrevistados aceptaron haber ingerido alcohol en los últimos 30 días. En segundo lugar figura el vino con el 22 por ciento.

En cuanto a la diferencia entre sexos, la nota distintiva aparece en la edad de la primera copa: las chicas lo hacen a los 14 años, y los chicos, un año antes. Si bien el consumo de alcohol crece con los años, las cifras del estudio muestran que tiende a estabilizarse cuando los chicos cumplen los 17 años. A esa edad siete de cada diez alumnos son los que beben.

El trabajo también cruzó los datos sobre consumo con los problemas de comportamiento, aprendizaje y repetición de cursos. La relación es siempre la misma: el consumo aumenta en los chicos que admitieron atravesar alguna de esas situaciones.

Por su parte, los especialistas señalan que lo más frecuente es que los jóvenes no tomen o tomen poco durante la semana y que consuman “todo junto” el viernes o el sábado por la noche. Este dato parece indicar la presencia de un hábito cultural juvenil según el cual sólo se puede obtener diversión si se está completamente borracho. Desde luego, el abuso del alcohol está asociado a la falta de proyectos colectivos en un contexto de crisis económica, pérdida de valores y fragmentación social.

La relación entre alcohol y delito es otro de los elementos que generan preocupación. Según datos oficiales, cerca del 30 por ciento de los detenidos por delitos contra la propiedad y contra terceros consumieron alcohol previamente a la consumación del hecho, en tanto que cerca del 70 por ciento de los internos de las cárceles bonaerenses consumía alcohol regularmente antes de ingresar. De acuerdo con datos obtenidos en las guardias de centros asistenciales, en el 80 por ciento de los casos de peleas callejeras existe una presencia de alcohol en alguno de los involucrados.

El 1° de abril entró en vigor en la provincia de Buenos Aires la ley 13.178, que regula la venta de alcohol en territorio bonaerense, mediante la cual se creó el Registro Provincial para la Venta de Bebidas Alcohólicas, en donde deben inscribirse comercios y distribuidoras que trabajan en ese rubro. Hasta el momento, según se informó, cumplieron con esta obligación unos 35.000 comercios. Si bien la norma constituye una herramienta útil y valiosa para regular y controlar el expendio de alcohol, ello solo no alcanza. Como ya lo hemos señalado desde esta columna editorial en reiteradas oportunidades, resulta necesario implementar campañas de prevención y esclarecimiento dirigidas no sólo a los jóvenes, sino también a sus familias, alertándolos sobre los efectos que ocasiona el abuso del alcohol en las personas y más específicamente en la juventud, de manera de desarticular definitivamente la tolerancia social que existe frente al consumo y al abuso de bebidas alcohólicas.

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