Hace setenta años, se creaba el Banco Central de la República Argentina, una vez que se declaró formalmente cerrada la Caja de Conversión, vigente desde 1899.
El objetivo de la nueva institución fue dar coherencia y unidad a las funciones de carácter monetario que hasta ese momento estaban dispersas en diversos segmentos de la administración pública.
La premisa del flamante organismo, enunciada por su primer gerente general, el doctor Raúl Prebisch, fue “conducir una política monetaria y financiera que responda a las auténticos intereses nacionales”.
Con este mismo espíritu, es decir, el de trabajar para un crecimiento sustentable y equitativo de nuestro país, se nos encuentra hoy a todos los hombres y mujeres que a diario construimos el Banco Central de la República Argentina.
Los valores que conforman nuestra cultura nacen de una simbiosis entre los aportes heredados de sucesivas generaciones de argentinos que conformaron nuestra identidad nacional y de los aportes de quienes, día tras día, nos esforzamos por transformar la improvisación que tanto caracterizó a la historia nacional de estas últimas décadas en una impronta de la que pueda decirse que es absolutamente profesional.
Entre estos valores, se destacan el espíritu pionero, la creatividad y la dedicación de nuestra gente.
Oportunidad histórica
Quienes nos encontramos al frente de esta institución creemos que este aniversario nos encuentra ante una oportunidad histórica, como producto de las circunstancias que vive el país y como resultante de un proceso en el que la entidad ha adquirido gradualmente autonomía formal y efectiva.
Las instituciones cumplen un papel fundamental en el desarrollo de las naciones. Las instituciones de alta calidad inducen un comportamiento socialmente deseable, en la medida en que se reducen costos de transacción y de fiscalización de los contratos, se permite superar problemas de acción colectiva –lobbies sectoriales–, se transmite información simétrica para todos, se refuerzan los derechos de propiedad y se contribuye a generar un sistema de incentivos en el que los individuos encuentran productivo participar en la creación de riqueza.
Nuestra Argentina exige instituciones consistentes, fundadas en consensos internos, que promuevan vínculos de alto potencial sinérgico con la totalidad de los actores sociales y económicos, con capacidad de dar respuesta a las demandas de nuestra gente.
Hoy contamos con un Banco Central fuerte, con una institución moderna, eficiente, autónoma, profesionalmente muy sólida y humanamente respetada.
Conforme lo establece su carta orgánica actual, el Banco Central dispone de un directorio con mandato fijo, con autonomía en la definición de sus objetivos y de los instrumentos para llevarlos a cabo y con límites legales a la asistencia financiera por ser otorgada al sector público.
Su fortaleza institucional le permite concentrarse en dos pilares fundamentales: desarrollar una política monetaria prudente, previsible y transparente, que permita controlar la cantidad de dinero existente en la economía, sin afectar los objetivos de crecimiento de nuestro país, y construir un sistema financiero sólido, que colabore en la búsqueda de mayor competitividad para la producción nacional.
Se trata de una política fundada en criterios profesionales, que garanticen su consistencia, para que la entidad sea tomada en cuenta a la hora de definir decisiones de producción, consumo e inversión.
El Banco Central no es ajeno a los problemas que afectan a la realidad nacional. La pobreza, la desigualdad, el desempleo y la necesidad de mejoras en términos de productividad son también sus preocupaciones.
En este contexto, creemos que el mayor aporte que la institución puede realizar es trabajar para que nuestro país tenga una moneda sana. Sólo con estabilidad de precios es posible conseguir un crecimiento sustentable y justo.
Esquema de control
Hoy estamos llevando a cabo una política monetaria predecible, que se ha reflejado en el estricto cumplimiento de nuestro Programa Monetario durante siete trimestres consecutivos.
Esa política monetaria está sustentada en un esquema de control de la cantidad de dinero medido en metas intermedias cuantitativas –de agregados monetarios– que se presenta ante el Senado de la Nación en forma anual y en el que se plasman sus metas de ejecución, de periodicidad trimestral (de enero a marzo, de abril a junio, de julio a septiembre y de octubre a diciembre).
La consecuencia del cumplimiento del Programa Monetario es un escenario de predictibilidad monetaria para el conjunto de la sociedad argentina, que le permite a la población definir con claridad sus proyectos de consumo e inversión.
Dentro de este esquema de previsibilidad se inserta la intervención del Banco Central en el mercado de cambios, derivada de una política de acumulación de reservas internacionales por motivos prudenciales, a los efectos de evitar movimientos disruptivos en el mercado cambiario ante cualquier tipo de shock que pudiera afectar el flujo de pagos internacionales, tanto los del sector publico como los del sector privado.
Esta intervención es contrarrestada, en forma consistente, por la contracción generada a través de la utilización de todos los instrumentos que el Banco Central tiene a su disposición para regular la oferta de dinero. Entre esos instrumentos se encuentran las operaciones de pase por la colocación de Lebac y Nobac y el cobro anticipado de redescuentos.
Crecer requiere también que haya inversión y crédito. Ello se consigue también a partir de un sistema financiero confiable.
Nuestro aporte se refleja a través de la normativa dirigida a reducir los descalces existentes entre los préstamos y los créditos del sector bancario y a flexibilizar las condiciones para el otorgamiento de préstamos, principalmente con el objetivo de favorecer los créditos de mediano y de largo plazo.
Liquidez en los mercados
Ya estamos logrando una intermediación financiera eficiente, un mejor funcionamiento del sistema de pagos, una adecuada situación de liquidez en los mercados, la reducción de los costos de transacción y la generación de confianza en los contratos de orden financiero.
Estos elementos son los que dinamizan la transformación del ahorro en inversión productiva, beneficiando la competitividad de la economía y el nivel de empleo.
Hemos adoptado medidas concretas que nos permitirán fortalecer la recuperación del crédito mediante una reclasificación de deudores, privilegiando sus proyectos productivos y no sus experiencias de las épocas de crisis.
También procuramos desarrollar una tasa de referencia que facilite la evaluación de proyectos, promover un régimen de transparencia que garantice información clara para todo el mundo, profundizar nuevos mercados financieros –incluyendo los mercados a futuro del tipo de cambio o de las tasas de interés– y facilitar el acceso a fondeo de mayor plazo para las entidades financieras.
Los primeros resultados son alentadores y nos permiten afirmar que estamos en el camino correcto.
Contamos ya con predictibilidad monetaria, con un nivel récord de reservas internacionales –superior a los 22.000 millones de dólares–, con un crecimiento sostenido de los depósitos y préstamos del sistema (25 por ciento y 30 por ciento interanual), con la reducción de la exposición del sistema financiero en el sector público, con el respeto por los límites de financiamiento del Tesoro, con entidades financieras que pueden exhibir balances positivos y con un importante proceso de capitalización de los bancos privados.
Trabajamos con compromiso y convicción para celebrar los próximos setenta años con una institución que esté a la altura de los desafíos que presenta el país. Con el compromiso de trabajar por un crecimiento sustentable y con la convicción de que, con una institución sólida y eficiente, podremos contribuir a la construcción de un país más justo, más previsible, más solidario.
En definitiva, un país que merezca ser vivido.
El autor es presidente del Banco Central de la República Argentina.