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Los bloggers, nuevo desafío para la prensa

El fenómeno lleva a preguntar quiénes pueden ser periodistas

Martes 31 de mayo de 2005

SEUL, Corea.– “La confianza es la nueva confianza.” Siempre es posible oír algo nuevo.

Generaciones de periodistas se fueron al otro mundo con la convicción de que la confianza de los lectores era el resultado graduado, sucesivo, de una carrera razonablemente responsable y, más todavía, si había sido hecha en un medio con firmes tradiciones para ese tipo de actuación. Eso ocurría en un tiempo en el que los periodistas escribían y los lectores leían. Algo importante ha cambiado, sin embargo.

Ahora se nos dice que “los lectores saben más que nosotros, por definición”. En esa aserción está la clave del fenómeno que se propuso analizar aquí el Foro Mundial de Editores (WEF) en su primer día de deliberaciones. No es un asunto menor, como que invierte, también por definición, lo que se había supuesto desde que los diarios son diarios (este año se cumplen cuatro siglos de la publicación del primero de ellos).

Lo que ha precipitado un debate como éste ha sido el fenómeno del bloggism o el de los miles y miles de aficionados al periodismo y a la fotografía que atoran, minuto a minuto, la red global con informaciones, opiniones e imágenes muchas veces de valor real y anticipatorio de cualquier posible manifestación, por ese mismo medio o por otros, de lo que estuviera en condiciones de transmitir el periodismo de categoría profesional. Lo que en los Estados Unidos ya se conoce como el we media ("nosotros los medios"), en Seúl abrió paso a la integración de un panel convocado bajo una requisitoria provocativa: "¿Puede ser periodista cualquiera?"

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Internet, la red global, o como quiera llamársele a todo esto, ha llevado a los periodistas, por primera vez que se sepa, a admitir en público que los lectores tienen para decirles cosas que ellos no saben; pero no para decirlas una vez, como si se tratara de una clásica carta de lectores: para decirlas de manera sistematizada, con una articulación de alcance tan general, o mucho más, que la de un diario.

Quien hoy disponga de una computadora e inaugure un sitio está en situación de disparar por cuanto intersticio haya abierto en la órbita electrónica lo que le venga en gana por impulso del conocimiento o por la fuerza de las emociones. Es una posibilidad nada desdeñable, es cierto, para quienes padezcan de extroversión compulsiva; para maniáticos, neuróticos y hasta para sinvergüenzas dispuestos a condenarse en uno de los comportamientos más canallescos, como el de la imputación anónima.

Ese es el punto débil de la cuestión: el de la red convertida en un muro infinito para el registro de los graffiti, de tanta variedad como bajeza, que la mente pueda concebir. ¿Pero cómo atacar ese fenómeno en conjunto, cuando hasta el anonimato, que puede ser su debilidad más elocuente, es, bajo ciertas condiciones, la vía excepcional para quebrantar el silenciamiento al que de otra manera estarían subordinados la sociedad y sus miembros por un régimen dictatorial? ¿Eliminaríamos por aquello otro el teléfono, el correo postal, el fax?? ¿O haríamos lo mismo que hacen los chinos a fin de evitar los mensajes políticos indeseables?

Barry Sussman es director del Proyecto Nieman Watchdog, en desarrollo en la Universidad de Harvard con vistas al perfeccionamiento de las prácticas periodísticas. Sussman conoce el oficio. Fue el editor inmediato de Bernstein y Woodward en The Washington Post cuando éstos realizaron el reportaje de investigación de mayor celebridad del último medio siglo: Watergate.

Hay que hacer un seguimiento serio de los bloggers , propuso Sussman en el panel. Los bloggers son en general periodistas aficionados; también se los llama "perros guardianes" o "periodistas de pie". Se llega a calificar de "generación de contenido" a lo que ellos hacen, pero esto con una intención un tanto perversa y para consumo de incautos. Sussman advierte que el seguimiento puede confirmar, o no, lo que muchos temen: que los bloggers sirvan de máscara presentable a lobbies renuentes a dar la cara.

Sería un error, en cambio, pretender desacreditarlo todo, dice Sussman. "Nunca me pierdo -precisa- los comentarios de un blogger, profesor de economía de la Universidad del Sur de California, sobre el déficit fiscal de Estados Unidos, porque siempre aprendo algo nuevo." Tampoco nadie del panel o del público, compuesto por periodistas profesionales, negó el desempeño cumplido por periodistas amateurs cuando explotó en Yakarta la bomba que hizo volar la embajada de Australia y, en fecha más reciente, cuando difundieron las imágenes -en rigor, las únicas de real valor- tomadas cuando se desató el 25 de diciembre el tsunami sobre costas de más de una decena de países de Asia y Africa.

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En la medida en que el común de los ciudadanos participa de la utilización activa de un medio masivo de comunicación, crece la presión sobre la prensa convencional. La transmisión de partidos de fútbol, recordarán los cronistas deportivos, se hizo más exigente, sobre todo para los profesionales cortos de vista, cuando los hinchas comenzaron a concurrir a los estadios con radios portátiles y a cotejar lo que escuchaban con lo que ocurría en el campo de juego. La crisis que truncó poco tiempo atrás la carrera en la CBS de Don Rather no la provocó tanto el gobierno de Bush como la avalancha de bloggers que puntualizaron los errores de la información delicada que había echado al aire uno de los colaboradores del famoso periodista de la televisión norteamericana.

Andrew Nachison, director de The Media Center, de Estados Unidos, dijo que el bloggism proponía algunas nuevas preguntas, como "¿De dónde viene el periodismo?" y "¿Quién va a pagar el periodismo?". Esto último fue una invitación a entrar en terreno minado, porque ya hay en Estados Unidos algunos juicios entablados por derechos de propiedad intelectual que podrían haberse violado por parte de sitios que se apoderan del contenido de diarios, de canales de televisión, de radios y de agencias informativas. La agencia France Press ha iniciado uno de esos juicios por apropiación indebida de material en cuya generación invierte fuertes sumas de dinero. Krishna Bharat, inspirador de Google News Creator, integrante del panel, dijo que su compañía no favorecía a ningún medio en relación con otros y que cumplía una función intermediaria, pero sin dar precisiones sobre si pagaba o no por derechos de reproducción de artículos. Ninguno de los periodistas presentes chistó cuando Bharat recordó que Google y sus homólogas han puesto en sus manos un nuevo y valioso instrumento de investigación.

"¿Puede ser periodista cualquiera?" Ya se había ido bastante lejos con eso de que "la confianza es la nueva confianza" que se logre acreditar en la inteligencia colectiva que se vaya acumulando en la red global, como para dar por contestada una pregunta de tamaña entidad.

En última instancia, sí, periodista puede ser cualquiera, pero a condición de que esto sea entendido como afirmación de que todos nacemos con el derecho a la libertad de expresión y de que haya lugar para preguntar si cualquiera puede ser odontólogo y sentirse facultado a extraer las muelas del prójimo.

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