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Miércoles 01 de junio de 2005 | Publicado en edición impresa

Los intelectuales del mundo y LA NACION

“Hay que humanizar la globalización”, dice Koichiro Matsuura

Reflexiones del director de la Unesco

 
 
 

¿Para qué sirve la Unesco? En un mundo donde la pobreza y la exclusión se expanden, Koichiro Matsuura cree que la misión de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) va más allá del debate intelectual y de aquel mandato fundacional –hace más de medio siglo– de ser “un foro de culturas”.

“Humanizar la globalización” es el principal desafío de este japonés que, en noviembre, completará un período de seis años como director general de la Unesco y va por la elección para un nuevo mandato, que, de ahora en adelante –es una decisión ya tomada–, durará cuatro años.

“Debemos dar los beneficios de la globalización a tanta gente como podamos en el mundo. Pero no podemos olvidar que aún hay muchas personas que no se benefician con ella, que viven en la pobreza y en la marginalidad”, dijo en su reciente visita al país.

La pobreza extrema, las desigualdades de género y la falta de acceso a la educación básica de millones de niños y adultos en todo el planeta son las prioridades de su gestión. Y considera que, para alcanzar sus objetivos, la Unesco debe convertirse en una organización mucho más adaptable y flexible, capaz de responder rápidamente a las nuevas expectativas del desarrollo, la paz y la equidad.

Matsuura -nacido en Tokio en 1937, casado, padre de dos hijos, budista- fue embajador extraordinario y plenipotenciario de Japón en Francia y ministro adjunto de Relaciones Exteriores, entre otros cargos públicos. Antes de asumir como director general de la Unesco, en 1999, se desempeñó como director del Comité del Patrimonio Mundial de esa organización.

-La importante acción normativa en el campo del patrimonio cultural desarrollada por la Unesco, ¿no necesitaría un fuerte impulso en países como la Argentina?

-Sí: la educación relativa al patrimonio cultural o al medio ambiente no ocupa el lugar que merece en los programas escolares. No siempre se pone suficiente énfasis en la relación entre la cultura y las ciencias. Sin embargo, creo que en este país se han hecho cosas interesantes, sobre todo en los últimos años. Valoro mucho el aporte realizado por la Argentina en la reunión de Cartagena de Indias, de octubre de 2004, donde se trazó la estrategia regional de la Convención del Patrimonio Mundial para los próximos diez años. A partir de eso, se espera alcanzar una mayor sensibilidad sobre la situación de los más de cien sitios naturales y culturales de la Lista del Patrimonio Mundial en América Latina. También fue relevante la reciente iniciativa de la cancillería argentina -con nuestro auspicio- de convocar a un seminario sobre la protección de los bienes culturales en caso de conflicto armado. Expertos internacionales abordaron el patrimonio cultural como elemento fundamental de la identidad de los pueblos y del desarrollo económico.

-¿Qué opina de la postura de países como EE.UU. o el Reino Unido de no suscribir la convención de La Haya sobre protección de los bienes culturales en caso de conflicto armado, cuyas consecuencias se vieron en la guerra de Irak?

-Algunos países pueden posponer la firma de tratados multilaterales, pero mientras los demás países los ratifiquen -ésa es una de las principales recomendaciones de la reunión de Buenos Aires- cada vez les va a resultar más difícil quedarse afuera. Por ahora es una cuestión de presión, pero existe un derecho consuetudinario internacional aplicable a la comunidad internacional.

-Pero en Irak no se aplicó...

-La Convención de La Haya y sus protocolos no se aplicaron porque sólo pueden aplicarse entre Estados parte. Si bien Irak los ratificó, los Estados Unidos y el Reino Unido no lo hicieron. He comenzado una campaña para que sean ratificados por todos los países. Japón y el Reino Unido se han comprometido a hacerlo.

-El saqueo a los museos de Mosul, Tikrit y Bagdad y a sitios arqueológicos milenarios, ¿debilitó el liderazgo de la Unesco en la conservación y protección de la herencia cultural mundial?

-La Guerra del Golfo, en 1991, y la guerra en Irak han complicado nuestro trabajo. En este caso fuimos intensificando los contactos con las autoridades norteamericanas y británicas y con las autoridades culturales de los países vecinos de Irak, para exhortarlos a vigilar los lugares de interés arqueológico. A las instituciones culturales iraquíes les pedimos que fortalecieran los controles fronterizos para prevenir el tráfico ilícito de bienes culturales. Unas 15.000 piezas fueron robadas, pero el saqueo en Irak fue obra de la población, no de los soldados. Los antecedentes de la destrucción se remontan a los tiempos en que Saddam Hussein construyó sus palacios encima de sitios arqueológicos. Del total de piezas robadas han aparecido unas cinco mil, gracias a Interpol y a la cooperación de importantes museos del mundo, incluido el Museo Británico. El resto será difícil de recuperar.

-¿La Unesco tiene recursos para la protección del patrimonio en distintos países?

-El presupuesto de la Unesco es limitado. Sin embargo, los recursos provenientes de países miembros y de otras organizaciones de países ricos son cada vez más importantes.

-¿De qué cifras se está hablando?

-El presupuesto bianual de la Unesco es de 610 millones de dólares, a lo que hay que sumar una cifra similar en recursos extrapresupuestarios, provenientes, básicamente, de EE.UU., Canadá, Japón, Inglaterra y Suecia.

-Se critica a la organización que usted dirige por su burocracia.

-Hay dos mil funcionarios en toda la Unesco. Me propuse emprender reformas y profesionalizar los cuadros. Antes, el 50 por ciento de los reclutamientos se hacía sin un proceso de selección abierto. Eso cambió. Quiero convertir a la Unesco en una organización más flexible. El mundo cambia con más rapidez y la Unesco debe ser capaz de mantener el paso.

-¿Hacia dónde se dirigen los mayores esfuerzos económicos?

-El 80% del presupuesto que destinamos a la educación va dirigido a la educación básica y a la lucha contra el analfabetismo. Son unos 200 millones de dólares. Cada sociedad enfrenta los retos de transformarse en una sociedad del aprendizaje. La educación básica es la fuerza motriz de este proceso y debe movilizar a la sociedad. Los 113 millones de niños sin acceso a la enseñanza primaria y los 875 millones de adultos analfabetos evidencian el tamaño y la complejidad del problema.

-Para los gobiernos muchas veces las buenas intenciones no pasan del discurso.

-La Unesco recomienda destinar el seis por ciento del presupuesto nacional a la educación, y los países pobres no destinan ni el dos por ciento. Los japoneses le destinaron el 33 por ciento en el período de posguerra y hemos visto lo que eso significó para el crecimiento del país.

-¿Qué se quiere hacer con el Decenio de las Naciones Unidas para la Educación para el Desarrollo Sostenible (2005-2014), que se acaba de lanzar?

-Incitar a los Estados miembros a integrar el desarrollo sostenible en sus políticas y programas educativos. El desarrollo sostenible abarca todos los ámbitos de la vida, desde los aspectos medioambientales -incluyendo los desafíos relacionados con el cambio climático, la escasez, contaminación y mala gestión de los recursos hídricos, la pérdida de biodiversidad y el aumento del número de desastres naturales- hasta los aspectos sociales, con la reducción de la pobreza absoluta y la igualdad de género como objetivos primordiales. Existen en el mundo 1200 millones de personas que viven con menos de un dólar por día. El principal objetivo es eliminar esa pobreza absoluta.

-Recientemente, usted dijo que no tenemos opción: la humanidad adapta sus comportamientos para apoyar el desarrollo sostenible o firma su sentencia de muerte. ¿Qué opinión le merece la postura de países como EE.UU., que se niegan a suscribir el Protocolo de Kyoto para la reducción de emisiones contaminantes?

-Hay otros aspectos cruciales, muy urgentes, que afectan la calidad de vida de todo el planeta, como el consumo del agua dulce. La perspectiva de una crisis global del agua es real. El crecimiento demográfico, la búsqueda de una mayor producción de alimentos, el desarrollo económico, la irrigación, todo ello es una amenaza sobre este recurso. Para muchos la escasez del agua, o el acceso desigual al agua, está en el centro del subdesarrollo. La propia naturaleza es desigual en la distribución del agua, con el 65% de los recursos hídricos mundiales localizados en diez países. Se espera que la demanda de agua crezca un 38% en los próximos 25 años y en más de un 80% respecto del agua potable. Estas presiones, junto con las consecuencias del cambio climático, la deforestación, la salinización de los suelos y el deterioro de la calidad del agua, son críticas.

-Según estudios locales el 80% de los emigrantes argentinos tiene menos de 25 años. Comparada con la de otros países, es la emigración más calificada, en términos de formación. ¿Cómo podríamos revertir ese fuerte subsidio al desarrollo?

-Con becas que tengan como contrapartida la obligación de regresar al país y devolver con un par de años de trabajo en el sector público parte de lo que se recibió como becario. La fuga de cerebros ocurre en América latina, en Africa, en Asia. También los europeos se van a los Estados Unidos. Hay que dar incentivos para obligar al retorno y nosotros ya estamos trabajando en ese sentido. .

Por Carmen María Ramos
Para LA NACION
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