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Desde hoy, a las 21, todos los domingos, por Movie City

La trata de blancas en el siglo XXI

Espectáculos

La miniserie "Matrioshki" muestra la acción de la mafia rusa en el tráfico de mujeres en Europa

Cada vez con mayor frecuencia, el cable ofrece productos originales con historias vinculadas con temas controvertidos, por la naturaleza de su mirada a hechos reales, de denuncia o de advertencia, con respecto a cuestiones que a pesar de su gravedad parecen diluirse en medio de los múltiples conflictos cotidianos. "Matrioshki", la miniserie belga que hoy, a las 21, estrena Movie City, toca el tema de la mafia rusa, al describir el accionar de una banda criminal dedicada a reclutar a jóvenes mujeres en los países del ex bloque soviético, con la promesa de trabajo como bailarinas en Europa oriental, que luego terminan convirtiendo en esclavas sexuales.

Anteayer, la secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza Rice, advirtió al mundo acerca de un nuevo objetivo de su país: ponerse al frente en la lucha contra la trata de humanos en al menos 14 países (incluso en Arabia Saudita), y aseguró que son alrededor de 800 mil personas las que actualmente están en esa condición en todo el mundo. La mitad de las víctimas son mujeres, casi sin excepción atrapadas por las mafias de la prostitución.

Si bien la mafia rusa creció exponencialmente tras la caída del Muro de Berlín, antes de los años 90 ya se habían identificado alrededor de 8000 grupos criminales rusos euroasiáticos y 800 "jefes de la ley" (padrinos), que se organizaron y hoy cuentan con 100 mil miembros activos, que controlan cerca del 80% del negocio privado en la ex Unión Soviética. En la actualidad, tienen alianzas con organizaciones similares, por ejemplo, de México y Colombia. Desde Colombia, por ejemplo, todos los años se venden al exterior unas 35 mil mujeres. El caso de Ciudad Juárez, en México, es en ese sentido un triste ejemplo del drama que sufren las mujeres acorraladas en sociedades donde la vida humana apenas vale un puñado de dólares. A la prostitución, estas organizaciones fueron sumando otras actividades, que van desde el tráfico de drogas y armas, hasta la usura, los secuestros, las estafas con tarjetas de crédito y la pornografía infantil.

La miniserie de 7 millones de dólares, dirigida por Marc Punt y Guy Goossens, estrenada en enero último en Bélgica, contó con más de un centenar de actores de ese país, Rusia, Holanda, Moldavia, Chipre, Grecia, Lituania e Inglaterra.

La trama tiene como punto de partida la ciudad de Vilnius, en Lituania, en donde el traficante de mujeres Raymond Van Michelen (Peter Van den Begin) organiza el reclutamiento de una docena de chicas a las que promete trabajo como bailarinas en discotecas belgas. Algunas de las postulantes dudan de sus promesas, de los contratos escritos en griego, y entregan a regañadientes sus pasaportes. Cualquier traición por mínima que sea, descubrirán más tarde, puede ser pagada con la muerte.

Al mismo tiempo, un ex integrante de la banda (Wim Opbrouck) está al filo de traicionar el pacto que todavía lo une a Van Michelen, y un periodista belga sediento de justicia (Lucas van den Eijinde) trata de desentrañar el complicado tejido criminal. De allí el grupo viajará a Chipre, donde las mujeres serán entrenadas como bailarinas de caño y en los secretos de la prostitución. Algunos meses después llegarán a Amberes y, finalmente, a Limburgo, donde tiene lugar buena parte de la historia que combina policial y suspenso, en el estilo de las últimas propuestas televisivas, con crudo realismo. Por este último aspecto, Amnesty International incluirá fragmentos de "Matrioshki" en documentales que piensa usar para advertir a chicos y adolescentes en escuelas de diferentes lugares de Europa acerca de esta antigua, pero creciente forma de esclavitud. .

Claudio D. Minghetti
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