El quinto juez de la Corte Suprema de Justicia (número que configura la mayoría necesaria) ha caído por el costado menos previsto.
Podía suponerse un traspié definitivo de Antonio Boggiano en el Senado, donde está siendo juzgado, o podía esperarse una renuncia de Carlos Fayt por su avanzada edad. El propio Fayt viene poniéndole plazos a su permanencia, que luego él mismo se ocupa de incumplir.
Sin embargo, fue Augusto Belluscio el que ayer, sigilosamente, le llevó su renuncia al ministro de Justicia, Horacio Rosatti, antes de que se enteraran incluso sus colegas del tribunal.
El argumento que contó es muy simple: está por cumplir 75 años y él votó la acordada en favor de Fayt cuando éste pidió que los jueces nombrados en tiempos de la vieja Constitución no fueran comprendidos por la reforma de 1994, que establece una edad máxima de 75 años para los ministros de la Corte Suprema de Justicia. Belluscio no querría que se interpretara ahora que él apoyó a Fayt en su momento sólo para refugiarse bajo el mismo paraguas.
Hasta aquí, los hechos. Pero la renuncia de Belluscio traerá, forzosamente, muchas consecuencias. La primera de ellas es que su vacante significará la quinta que cubrirá el presidente Néstor Kirchner en el máximo tribunal de justicia del país.
Será una mayoría eventual, pero no constituirá, de hecho, una mayoría dependiente del actual oficialismo, como se ha visto en los últimos tiempos.
El peor encontronazo del actual Poder Ejecutivo con la Corte lo protagonizó Eugenio Zaffaroni, el primer juez designado por Kirchner en ese tribunal.
Fue cuando Zaffaroni le recordó hace poco al Presidente, sin nombrarlo, que también la política tiene límites y que no se puede hacer electoralismo con las decisiones de la Justicia.
Pero se ha registrado, sin duda, un cambio notable en la dirección ideológica de la Corte Suprema. Por ejemplo, sólo falta que el tribunal le ponga la firma y la fecha a la acordada que dispondrá la inconstitucionalidad de las leyes de obediencia debida y punto final.
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Si no lo ha hecho hasta ahora fue sólo porque los diarios se empecinan en anunciar el día de su aprobación. Y los jueces decidieron que no confirmarán el vaticinio de los periodistas. La composición anterior de la Corte hubiera consagrado, al revés, la constitucionalidad de esas leyes.
Es verdad, por lo tanto, que en temas políticos o de moral la Corte está de acuerdo con la rosa de los vientos que define el poder. En asuntos económicos es posible, en cambio, que se encuentre a la izquierda de los gobernantes y que a éstos les sea cada vez más difícil prever las decisiones del tribunal.
Con la actual composición de la Corte, no hay una mayoría clara hacia un lado u otro, sino coaliciones circunstanciales de poderosas individualidades, cada cual muy respetuosa de su imagen y de su trayectoria.
En tal sentido, la Corte está necesitando del equilibrio ideológico que requiere esta clase de tribunales, y ése debería ser el principal objetivo del Gobierno cuando elija al candidato -o la candidata- para suceder a Belluscio.
Otra consecuencia de la renuncia de Belluscio podría ser el definitivo abandono de Boggiano por parte del Gobierno.
La administración de Kirchner no quería la exoneración de Boggiano, por parte del Senado, por dos razones: su nivel intelectual es muy superior al de los otros jueces de la época de Menem que fueron echados de la Corte y hubiera significado, además, el quinto juez que caía en tiempos del actual presidente. Las versiones sobre un supuesto proyecto político para crear una mayoría propia hubieran sido imparables.
Pero la quinta vacante ha sucedido con Belluscio, para sorpresa del propio Gobierno. Ya no tendría sentido, según los voceros oficiales, que el Gobierno pagara el costo político de defender a Boggiano en el Senado cuando su salida o su permanencia no dirían nada.
Queda en pie, en cambio, el compromiso del ministro de Economía, Roberto Lavagna, que siempre propuso un gesto de agradecimiento a Boggiano.
El vapuleado juez no permitió en su momento que la vieja Corte tomara decisiones sísmicas para la economía.
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Una consecuencia que no debe descartarse es que Belluscio haya apurado, consciente o inconscientemente, la renuncia de Fayt. Cuando ha superado largamente los 80 años, a Fayt le será difícil permanecer impávido cuando a su lado se produjo un gesto como el de Belluscio. Fayt y Belluscio están en las mismas condiciones políticas: fueron designados en 1983 por Raúl Alfonsín.
Tal vez Belluscio haya preferido una salida honrosa del tribunal antes que someterse a los vaivenes del juicio político. No pocas versiones indicaban que la Comisión de Juicio Político de la Cámara de Diputados continuaría con su cabeza cuando concluyera el trámite de expulsar a Boggiano. Belluscio arrastra un largo cuestionamiento por un episodio de su vida privada ocurrido en París. El expediente de su juicio político nunca fue definitivamente archivado en Diputados.
Sea como fuere, lo cierto es que el gobierno de Kirchner podría verse en los próximos tiempos ante la necesidad de nombrar entre uno y tres jueces nuevos en la Corte Suprema de Justicia.
De los jueces que estaban en el momento en que llegó Kirchner al poder sólo están fuera de discusión el presidente del tribunal, Enrique Petracchi, y el juez Juan Carlos Maqueda. No habría mejor oportunidad que ésta para recordar que el poder otorga más obligaciones que privilegios. .
