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La intimidad de Borges a través del registro de Sara Facio

La editorial La Azotea editó un libro con 34 imágenes del mejor autor argentino

Domingo 12 de junio de 2005

En el paraíso que imaginó como una biblioteca, entre libros y ensoñaciones, fotografías y recuerdos. Así inmortalizó la fotógrafa argentina Sara Facio a Jorge Luis Borges.

Al cumplirse 20 años de la partida del monumental intelectual argentino a Ginebra, para morir un año más tarde, Facio le dedicó un libro de fotos, textos y reflexiones dentro de la colección "Imagen latente", de su editorial La Azotea, en la que antes hizo lo propio con otros libros tributo con Julio Cortázar y Pablo Neruda.

Cuenta Facio en el prólogo del libro, de cuidada edición y con fotografías estupendas en blanco y negro, que conoció a Borges en 1963. "Fui a buscarlo en mi pequeño Fiat 600, al que entró con dificultad (lo mismo le ocurrió años después a Pablo Neruda), y llegamos a San Telmo. En la Biblioteca Nacional (por entonces ubicada en la calle México) tomé las primeras fotos en que dócilmente posaba casi sin verme, mientras monologaba sobre el invento de la fotografía y la vida científica de Francia en el siglo XIX."

Desde los retratos de Facio, Borges cavila, sonríe, se pierde en los miles de mundos que atesoran centenares de libros, atiende un teléfono, se arregla la corbata o simplemente se pierde en la espesura de su universo personal.

Son 34 imágenes, una sola en color, que la fotógrafa armoniza con otro número similar de fotos entrañables de Buenos Aires, calles empedradas, ventanas adornadas con flores, esquinas urbanas, vistas aéreas, en suma, retazos de la ciudad que el autor de "El Aleph" amó sin regresar jamás a ella.

"Los años que viví en Europa son ilusorios, yo estuve siempre (y estaré) en Buenos Aires", escribió Borges y Facio reproduce la frase junto a la mirada melancólica del escritor.

Fotos inéditas

Unas 15 fotografías del libro son inéditas."Con Borges éramos vecinos, nos encontrábamos a menudo y nuestras charlas eran sobre actualidad: política, acontecimientos culturales... Sus comentarios eran siempre muy puntuales e irónicos, sobre todo cuando se refería a personajes de la literatura. Recuerdo que cantábamos tangos en la librería Letras, de Viamonte y San Martín. Borges sabía muchas letras y subrayaba las palabras en lunfardo. Era muy divertido", cuenta Facio a LA NACION.

El tango fue otro fervor de Buenos Aires que a Borges le divertía escudriñar. "Yo le canturreaba: Ché, madám, que parlás en francés o que cenás con champán bien frapé o sos del Trianon, del Trianon de Villa Crespo, y él se reía como un chico", recuerda la fotógrafa que inmortalizó a Borges en distintos escenarios, desde la Biblioteca Nacional, que dirigió, hasta su casa de Maipú, en 1980, donde le tomó una de las imágenes más espontáneas. Borges acababa de almorzar y comenzó a arreglarse, pues esperaba a una periodista brasileña que lo entrevistaría más tarde.

"Me pareció muy especial la forma en que comenzó a ponerse la corbata y el saco. Y comencé a tomarlo. Hablamos de Brasil y de la película «El muerto», basada en su cuento, donde el personaje era brasileño. Le gustaba mucho el cine, pero, lamentablemente, no podía verlo."

A Borges, cuenta Sara Facio, no le molestaba que lo fotografiaran. "Se movía con total naturalidad y sin la menor molestia por la testigo. Me apenaba que no pudiera ver las fotos. Quien no soportaba que se le tomaran tantas imágenes era Adolfo Bioy Casares, quien me decía: ¿Te das cuenta? ¡Siempre está a merced de todos! Y yo le respondía: ¿Vos querés ser único? Y Borges me aprobaba con una sonrisa."

Facio confiesa que lo que más le sorprendía de Borges era su erudición, porque "sobre cualquier tema que uno tocara él daba una clase. No como un profesor, sino simplemente contaba un relato. Cuando lo conocí, Borges me preguntaba sobre el origen de la fotografía. Yo le contaba lo que es sabido y de pronto él comenzaba un largo monólogo sobre el proceso químico de la imagen y me daba una cátedra de nombres. Yo no sé si eran verdaderos o inventados, pero escucharlo era apasionante. Y, además, tenía un humor único".

El libro de Facio es, en un sentido, una acertada forma de trampear el tiempo y acentuar la inmortalidad de un escritor incomparable. Borges lo sabía cuando escribió: "Cuántas cosas durarán más allá de nuestro olvido; no sabrán nunca que nos hemos ido".

Por Susana ReinosoDe la Redacción de LA NACION

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