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Editorial II

Evitar el deterioro ambiental

Opinión

Con ocasión de celebrarse recientemente el Día Mundial del Medio Ambiente, se dio a conocer un estudio multidisciplinario elaborado por 1500 expertos, con la dirección de Walter Reid, con los auspicios de las Naciones Unidas. El informe, en el cual se vuelcan los resultados de una evaluación de los ecosistemas del mundo, sostiene, entre otras conclusiones, que, si bien los cambios que ha producido el desarrollo en escala global se han traducido en ingentes beneficios, debe reconocerse que han originado a la vez un severo proceso de degradación ambiental, que ha afectado ya a la mitad de los recursos del planeta.

La situación a la que se llegó demuestra que las políticas mundiales puestas en marcha han sido muy eficientes en cuanto al logro de objetivos económicos, pero hubo ceguera o negligencia acerca del daño irreversible que provocaban en los recursos naturales. Esto no es novedad, pues hace décadas que se vienen anticipando las evidencias de hoy.

Por eso es oportuno recordar que, en abril de 1968, por iniciativa del economista e industrial italiano Aurelio Peccei, se fundó el Club de Roma, integrado por especialistas de alta jerarquía que compartían una honda preocupación acerca del porvenir planetario en razón de su deterioro. Encomendaron entonces a un grupo de científicos del Instituto de Tecnología de Massachussets que investigaran acerca del destino probable de los recursos naturales en el proceso creciente del desarrollo mundial. Las proyecciones resultantes de ese planteo pronosticaron un colapso ambiental. Ese material se publicó con el título de Los límites del conocimiento, libro que produjo fuerte impacto en su tiempo. En el curso de una entrevista, Aurelio Peccei dijo entonces que el mundo era afectado por un conjunto de fenómenos críticos: aumento de la población e incremento de la producción -tanto primaria como secundaria- con el consecuente crecimiento de la contaminación; también destacó el incesante avance del consumo. Agregó que la población mundial en nuestro pequeño planeta estaba viviendo del capital natural y no de su renta.

Precisamente, en este punto hay que entender el aporte esencial de la ecología, ciencia que se ocupa de examinar estructuras muy complejas como las que componen los ecosistemas, dentro de los cuales obran numerosas causas, entre ellas las que generan la degradación de los recursos naturales. De ese modo puede anticipar y prevenir la declinación y el agotamiento ambiental.

Siendo ésa la misión científica que cumple la ecología, los conocimientos que brinda convocan a otra acción. Las medidas necesarias para impedir la agonía de los mares, la devastación de los bosques, el efecto invernadero, el despilfarro de las aguas o su progresivo envenenamiento, la erosión del suelo o la reducción de la biodiversidad, conciernen a cada persona, a cada comunidad y reclaman el sustento de las decisiones políticas. De ahí dos de las conclusiones del trabajo que condujo Reid: invertir en la conservación y tener en cuenta que el descenso de calidad y cantidad de los recursos naturales perjudica más a los sectores empobrecidos. Por lo tanto, las políticas y los comportamientos sociales deben manifestarse vigorosamente en pro del cuidado ambiental; de lo contrario, habrán de crecer las desigualdades y la degradación llegará al límite anunciado. .

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