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Dos seres en busca de un nombre

Domingo 19 de junio de 2005
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"Guachos". De Carlos Pais. Intérpretes: Manuel Callau y Magela Zanotta. Música original: Silvia Jedwabni. Iluminación: Leandra Rodríguez e Ignacio Riveros. Escenografía y vestuario: Alberto Bellatti. Asistencia artística: Libertad Alzugaray. Dirección: Manuel Iedvabni. Sala Cunill Cabanellas del Teatro General San Martín, Corrientes 1530. Duración: 70 minutos. Estreno: 17 de junio. Funciones: miércoles a domingos, a las 20.30. Entradas: $ 6 y $ 12.

Poyo y Patricia difícilmente se hubiesen conocido en la vida real, al menos de la manera en que los pinta Carlos Pais en "Guachos", la obra que estrenó anteayer en el San Martín. El es un simpático lumpen que vive debajo de un puente entre cartones y maderas. Ella una joven escritora que alquila un departamento que intenta convertir en refugio laboral y espiritual.

La falta de luz en la casa de Patricia la obliga a salir a pedir ayuda, y por indicación de una vecina termina debajo del puente preguntado por Poyo. Poco y nada sabe él de electricidad, pero igual intenta ayudarla, hasta que la realidad de sus imposibilidades los hace esperar la aparición de un tercero que los saque del pantano. Y ahí están ellos, dos seres solitarios que esperan y, al menos por un rato, lo hacen juntos. El encuentro sirve para que estos dos seres se conozcan y se acerquen a pesar de sus inmensas y casi insalvables diferencias. Pero también se descubre en ellos eso que tienen en común, y con tantos otros: no saben quiénes son. El le pone nombre: "Somos guachos".

Magela Zanotta y Manuel Callau en una historia sobre la identidad
Magela Zanotta y Manuel Callau en una historia sobre la identidad.

Poyo sólo sabe que es hijo de una prostituta que un día simplemente se fue y lo dejó hasta sin nombre. Ella hace poco descubrió a sus supuestos padres en una mentira que los delató como apropiadores. Por eso están solos, él con su mate y sus amigos; ella con su necesidad de volcar en el papel su historia, una manera de terminar de conocerla.

La inocencia o la candidez inicial de la joven, que hace abrirle la puerta de su casa a un completo desconocido, es la que se traslada en cierta forma a toda la obra de Pais. El relato transcurre de una manera lineal y se torna previsible a poco de comenzar. Suena como una historia conocida, no por los detalles sino por el aire que la envuelve, por su tono. Y si sale de esos carriles es gracias a los toques de humor con que el autor pintó a Poyo y, principalmente, por el trabajo que Manuel Callau realizó para componerlo. La frescura de este personaje que recibe la vida así como le toca, con una sonrisa y con palabras de admiración hacia todos los demás ("ése es un capo") salvan el texto de caer en la tentación de convertirse en un relato sólo melancólico.

Magela Zanotta se mete en su Patricia con naturalidad y logra transmitir, por momentos, su incertidumbre, su dolor. La obra de Pais en las manos del director Manuel Iedvabni resulta una propuesta prolija, bien llevada adelante, pero sin demasiadas sorpresas. No está mal pensar y sentir un tema tan propio como el de la identidad, pero casi no hay riesgos o exploraciones que ayuden a verlo desde un lugar diferente.

Pero si de sorpresas y de riesgos se trata (nobleza obliga) hay que decir que en la función de estreno sí los hubo: un foco, un precario portalámpara y la tarea de que ambos objetos, hacia el final de la obra, den la preciada luz. Pero, con tanta mala suerte que a Magela se le rompe la bombita y la rosca queda en el portalámpara: no hay luz y no se puede reemplazar por un clarísimo peligro de electrocutarse.

La obra sigue y los protagonistas transpiran de verdad; en una magistral clase de teatro, Callau logra incorporar el percance a la historia y con mucha valentía mete mano en el foco y salva la situación. Termina la función y los primeros aplausos son sólo para él.

Verónica Pagés

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