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Monumental versión de Shostakovich

Domingo 19 de junio de 2005
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Concierto de la Orquesta Sinfónica Nacional, con la dirección de Andrés Spiller y la participación del violinista Demir Lulja y el contrabajista Oscar Carnero, como solistas. Programa: "Variaciones Dowland", Op. 12, de Eduardo Alonso Crespo; Gran dúo concertante para violín, contrabajo y orquesta, de Giovanni Bottesini, y Sinfonía N° 8 Op. 65 en Do menor, de Dmitri Shostakovich. En el Auditorio de Belgrano.

El concierto ofrecido por la Sinfónica Nacional, dirigida por Andrés Spiller, se caracterizó por un alto nivel de rendimiento en un programa que comprendió estrenos y una obra de repertorio, como la monumental Octava Sinfonía de Shostakovich. Reverdeció así, una vez más, el nivel de excelencia que la música clásica tiene en Buenos Aires, a pesar de las dificultades existentes para el funcionamiento de las grandes agrupaciones sinfónicas.

El "Gran dúo concertante", para violín, contrabajo y orquesta de Giovanni Bottesini (1821-1889), cuya carrera fue impulsada nada menos que por Verdi, dada la excelencia de sus ejecuciones en contrabajo, tiene grandes exigencias virtuosísticas. Está concebido como un amable y armonioso coloquio, con el espíritu de los grandes cultores del bel canto operístico. El violín de Demir Lulja exhibió un trazo firme y bellamente sonoro en su protagonismo -no obstante algún titubeo-, en tanto que Oscar Carnero lució su excelente articulación y elegancia en sus golpes de arco, con cálida sonoridad de su contrabajo.

Andrés Spiller, al frente de la orquesta
Andrés Spiller, al frente de la orquesta. Foto: Gustavo Cherro

Eduardo Alonso Crespo emerge en el panorama de la música argentina como uno de los más talentosos compositores de la generación intermedia, con notables antecedentes y galardones como compositor y director de orquesta. Sus "Variaciones Dowland" Op. 12 (1999), obra de unos nueve minutos de duración en la que se aborda la cita y el collage revelan una mente creativa inquieta y ágil, rica en la variedad de formulaciones temáticas y rítmicas, y sagaz en el empleo de recursos instrumentales, manteniendo en el oyente un interés constante por el tratamiento colorido orquestal.

La monumental Sinfonía N° 8 Op. 65 en Do menor, de Shostakovich, constituyó la culminación de este concierto. Andrés Spiller obtuvo un rendimiento parejo, de gran homogeneidad. La Octava figura entre las obras de mayor repercusión del genial creador ruso. Está dedicada a la defensa de Stalingrado en la Segunda Guerra Mundial, y descuella por sus inspiración, su ímpetu y potencia épicos; también por su lirismo, y el hálito -casi beethoveniano- que transmite. Explorando a fondo el sistema tonal, Shostakovich articula un lenguaje de profundos contrastes y extensos desarrollos, y, al mismo tiempo, de profundo equilibrio formal, que fue asumido por los intérpretes con una entrega minuciosa y exhaustiva, pero correspondiendo además a la coherencia y unidad conceptual de sentido que les comunicó Spiller desde el podio.

El vasto Adagio inicial fue vertido con toda la fuerza ascensional que encierra, con impresionante pujanza expresiva, acrecentado por los unísonos de los violines, o de los piccoli, siempre de una motricidad significativa en los que se alcanzan puntos de álgida intensidad sonora en los fortissimi. Hubo pasajes solísticos encomiables. Un aspecto muy cuidado de esta versión fueron los contrapuntos tímbricos y expresivos entre diferentes sectores instrumentales, y el equilibrio necesario para amalgamar elementos de índole opuesta o ambigua, como lo brutal y lo grotesco. La versión de esta obra constituyó, sin duda, un fresco emocional digno del recuerdo.

Héctor Coda

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