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Viernes 24 de junio de 2005 | Publicado en edición impresa

Guitarra tibia

Palabras al desnudo

Flopa, Gabo y Lucas Martí se enamoraron de la canción, se desprendieron de la electricidad y, casi sin proponérselo, se reencontraron con la vieja tradición acústica del rock de acá

 
 
 

Autores de canciones, artífices de trazos limpios, contaminados sólo por la palabra y por sus reacciones. El canto suave, tenue, la guitarra tibia, compañera y oídos que escuchan atentos. Luego de las montañas de distorsión que se erigieron en los años 90, la primera década del nuevo milenio parece estar marcada a fuego por el retorno de lo acústico. Acá están Flopa, Gabo y Lucas Martí, tres exponentes en tres instantes distintos de sus vidas artísticas, pero la lista es amplia y abarca tanto al under más flamante como a treintañeros y cuarentones asqueados de tanta electricidad.

Gabo Ferro vive en Mataderos y acaba de romper un silencio de años. De vuelta de ningún lado, el ex Porco se deshizo, entre otras cosas, de su pasado hardcore y despachó un álbum que se enrola en las antiguas filas de Mandioca y en la canción de autor de nuestro rock, de Litto Nebbia y Miguel Abuelo para acá. "Tenía sólo el estribillo y la estrofa de apertura de una canción, «Felicidad vitamina», y cuando me decidí a volver a componer y cantar tardé dos semanas en hacer las once restantes. Fue orgiástico, después de ver que estaba activa la destreza", comenta Gabo, taza de café en mano, una tarde fría de un lunes feriado en casa de Flopa, para más datos.

Ella vive en Floresta y se llama Florencia Lestani. Supo ser punk a comienzos de los años 90 con Mata Violeta, el trío que comandaba Erica García. Luego siguió rockeando con Barro hasta que, como Gabo, un día se cruzó con Ariel Minimal. "Lo conocí por intermedio de un amigo que le acercó un disco con mis canciones. Le gustaron y me llamó. El estaba tocando con Manzana (Mariano Esaín) y quería cantar un tema mío. A partir de ahí nos empezamos a juntar y de la afinidad nació una amistad musical."

Finito, con un principio y un fin bien delimitados, así define la cantautora la vida de Flopa-Manza-Minimal, el trío que dejó un puñado de muy buenos conciertos y un disco cosecha 2003. De ahí en más, el terreno estaba preparado para su debut solista. "Dulce, fuerte, grave.../ siente la delicia suave/ mientras lo que duele o hiere/ cae o rompe, muere". Elocuentes, las palabras de Flopa sirven tanto para titular una canción como a su primer álbum en solitario, "Dulce fuerte grave". "Después de tocar en una banda eléctrica como Barro, donde me superaba el volumen y terminaba gritando, empecé a buscar por mi cuenta, con la guitarra. Lo que tengo incorporado desde que empecé a tocar música es que para armar una banda tenés que llamar a un baterista, un bajista, un guitarrista y listo, pero detrás de eso hay un trabajo que se pierde, que es el de la canción. Lo que a mí me gusta es la canción desnuda. Una guitarra distorsionada ocupa un rango sonoro importante, y yo prefiero ocuparlo con el silencio, algo más chiquito, íntimo."

De silencios y borradores

Debe de ser la intimidad, quién si no, la que lleva a defender a capa y espada las canciones artesanales. De ellas se desprende una búsqueda estética, pero también un modo de acción que revaloriza el "hazlo tu mismo", pero lejos de los envejecidos postulados del punk. En una de sus canciones, Gabo parece tener la respuesta. "En mi divorcio con la palabra/ quedé con la tenencia del silencio", sugiere, y lanza una pista clave para armar el identikit de la canción de autor del siglo XXI, que va más allá de los cien barrios porteños y llega hasta el gran país del Norte, Nombres como el ex campeón de surf Jack Johnson (su tema "Sitting, Waiting, Wishing" ya es uno de los mejores del año), el country folker Devendra Banhart y la sensación de Jacksonville, Ryan Adams, entre otros, conforman un panorama que está lejos de homogeneizarse en movimiento, pero que adquiere un peso propio a fuerza de canciones dulces, fuertes y graves.

"Siempre compuse así", responde Gabo, casi sorprendido, cuando desde enfrente se intenta analizar los doce temas de "Canciones que un hombre no debería cantar". "Mirá, cuando veía los borradores de los románticos pensaba qué grossos estos tipos, por qué no colgaron eso, se hubieran adelantado al impresionismo. Y era porque se creía que ésas eran obras no terminadas. Yo me animé a colgar mis borradores, a grabarlos."

Desaprendiendo

En Villa Ortúzar está el estudio de grabación y fotografía que Eduardo Dylan Martí comparte con sus hijos Emmanuel Horvilleur y Lucas Martí. Es el lugar ideal para hablar de sus frutos más recientes, "1er. y último acto de noción" y "Simplemente", y de la vida después de A Tirador Láser. "Con la banda ya había empezado a grabar «1er. y último...» -cuenta Lucas-, y tenía en mente hacer otro por afuera, que terminó siendo «Simplemente». Pero A Tirador se acabó y me di cuenta de que tenía material para editar dos discos muy distintos entre sí."

Uno responde a la tradición spinettiana, el otro adhiere al pop de Virus y Daniel Melero, y ambos son necesarios para entrar en el universo personal y atípico de Martí. Alguien que se formó a la sombra de Illya Kuryaki and The Valderramas, y que integró un proyecto como A Tirador Láser, por el que pasaron, en distintas etapas, Nahuel Vecino, Yul Acri, Fernando Samalea, Miguel García, Claudio Cardone y Marcelo Baraj y, después de cinco discos, se convenció de que debía cambiar el nombre de fantasía por el propio. "Ahora se trata de aprender de nuevo o de decidir qué cosas dejar de lado. Tengo una mochila gigante de elementos que siempre usé y quiero apartar; quiero alivianar el equipaje. Los temas que más me gustan no superan los diez tonos, pero para mí no es sencillo hacerlo, tengo mucho que desaprender."

Aun cuando afirma que nunca más va a hacer un disco así, el primer acto de Lucas se asemeja al capítulo inicial de una obra frondosa. "Es típica tradición del rock de acá. Yo sé mejor que nadie qué influencias tiene: Beach Boys, Luis Alberto Spinetta, cosas de David Bowie, Djavan. Canciones con mucha melodía y carga en la letra, con la voz bien adelante."

Eso. Palabras que llegan solas y con música. Canciones urgentes que a Flopa, Gabo y Lucas les sirvieron para alejar demonios y a los que se topen con ellas para intentar comprender los propios. Gabo canta, recita: "De niño era el jardín más bello// Reventaba en pétalos plenos de perfume y color/ ... El pasatiempo de mamá resultó en podar mis flores/ Con su tijera de jardinera cortaba las mejores/ ... Los hombres no deberíamos ser jardines/ sino campos de Marte o rústicos baldíos". Después irrumpe el silencio.

Por Sebastián Espósito

F. Bullet con foto

Lucas Martí. Los Años Luz edita esta semana "1er. y último acto de noción" y "Simplemente". El primero es un disco mayormente acústico, que se relaciona con Spinetta y que encierra un sinfín de ideas, historias y mensajes que sirven para armar el puzzle de su autor. Lo empezará a mostrar mañana, a las 21, en el Ciclo Nuevo del C. C. San Martín (Sarmiento 1551; sala AB). Su complemento es "Simplemente", un álbum pop vestido por guitarras y sonidos electrónicos leves, secundarios.

Gabo. Se juntó con Ariel Minimal (guitarra y armónica), Leopoldo Limeres (piano) y Rogelio Jara (percusión), y en una sola jornada, el 25 de febrero último, registró "Canciones que un hombre no debería cantar". El título se remite al estupor experimentado por Edith Piaf, en 1959, tras escuchar a Jacques Brel interpretar "Ne me quitte pas". El 7 de julio lo presenta, en una fecha compartida con Flopa, en la Alianza Francesa.

Flopa. Ex Mata Violeta y Barro, la cantante se erigió en revelación con "Dulce fuerte grave" (2004). El trío Flopa-Manza-Minimal fue la experiencia que necesitaba para animarse a mostrar sus canciones. "Si la vida es un regalo/ no quiero comprar más" ("Espejismo"). .

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