Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí
lanacion.com | Las noticias que importan y los temas que interesan

Un fenómeno silencioso

Cómo enfrentar la discriminación y las cargadas en la escuela

Cultura

Los acosos pueden terminar en tragedias

Aquella mañana Javier Romero se levantó con una extraña sensación. Estaba cansado de que lo llamaran "Pantriste", de que sus compañeros de la escuela lo discriminaran por ser flaco, desgarbado y distraído. "Me voy a hacer respetar", dijo, y a la salida del colegio sacó una pistola calibre 22 y descargó todo el poder de fuego sobre dos compañeros.

El hecho -ocurrido en agosto de 2000 en la vereda de la Escuela Media N° 9 de Rafael Calzada, con la trágica muerte de Mauricio Salvador, de 16 años- es un caso extremo de un problema silencioso que recorre las aulas de las escuelas públicas y privadas: la discriminación escolar y el acoso a compañeros que son blanco de cargadas.

El fenómeno no es nuevo. Psicólogos y pedagogos consultados por LA NACION coinciden en que la discriminación en el aula ha derivado en tragedias, como el triple crimen en la Escuela Media N° 2 de Carmen de Patagones, en octubre último.

Para evitar los riesgos de situaciones de acoso y discriminación en el colegio, la licenciada Marta Rodríguez, pedagoga y autora del libro "Guerra en las aulas", elaboró un listado de consejos para los chicos y para los padres.

Así, recomienda a los alumnos confiar en los adultos y contarles sus problemas, entrar y salir del colegio acompañado por un amigo o un familiar y no responder a las provocaciones de sus compañeros. También les sugiere evitar estar solos en puntos "calientes", como pasillos y baños, no tratar de agradar al acosador entregándole plata o golosinas y relatar el problema en una carta a la maestra o a los padres si no se anima a hacerlo personalmente.

"Los chicos no tienen que encerrarse en el problema. Deben tratar de encontrar una salida admitiendo que son víctimas de discriminación", aconseja la especialista argentina. Y añade: "No tienen que preguntarse ¿Por qué a mí?, pues ese interrogante tiene sólo una respuesta; culparse a sí mismo".

"La discriminación escolar no se puede analizar en forma lineal. No hay acosadores y víctima. Estas figuras forman parte de un triángulo móvil, un juego de poderes, donde se sitúan el hostigador, la víctima y el grupo. Todos, y en distintos momentos, pueden ocupar diferentes roles. Así, en el caso de Patagones, Junior, la víctima de las cargadas, terminó siendo el victimario de una masacre", dice a LA NACION la pedagoga Rodríguez, que reside en Barcelona.

Pocas denuncias

Tal vez por la indefinición y constante movilidad de roles (de acosador y de víctima) hoy son pocos los casos de acoso escolar que se denuncian en los organismos oficiales.

De las 10.000 denuncias que en el último año recibió el Consejo de los Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes de la Ciudad, sólo 41 casos fueron formalizados por discriminación.

Y en el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (Inadi) las cifras que registran hechos de acoso escolar son poco representativas. Allí, apenas se pudieron rastrear siete denuncias por discriminación efectuadas en ámbitos escolares.

Pero el tema no se limita a los pocos hechos denunciados. Para la psicóloga social Lilian Armentano existen muchos casos de discriminación escolar que por temor o por vergüenza raramente trascienden las paredes de las aulas. "Diariamente trabajamos con chicos que son víctimas de distintas formas de discriminación. Están las típicas cargadas escolares: gordo, flaco, narigón, etc. Y los insultos más violentos que incluyen una cuota de agresividad", señala.

Y esa forma de acoso escolar deja en los más pequeños una marca que también se imprime a fuego en los padres. Padres como Alberto, que tuvo que cambiar a sus dos hijos del colegio porque los discriminaban.

"Tengo un varón y una mujer. Los dos son adoptados... Como todo padre quiero lo mejor para ellos. Los inscribí en uno de los mejores colegios privados de Buenos Aires y al poco tiempo demostraron su capacidad para el estudio. Pero pese a que obtuvieron los mejores promedios, nunca fueron abanderados. Sus esfuerzos siempre eran minimizados y fueron discriminados por ser morochos. Y no rubios, como los chicos que habitualmente elegían -y eligen las autoridades de esa escuela- para ser abanderados", explica Alberto, contador público, que prefirió mantener en reserva su apellido y el nombre de la institución escolar.

Los tres coreanos

Víctor Ramos fue titular del Inadi durante tres años y ahora dirige su propia ONG: "SOS Discriminación Internacional". Diariamente recibe muchas denuncias de acoso y discriminación. Recuerda que una de ellas le llamó la atención porque el acosador no fue un alumno, sino un docente.

"En una escuela pública había tres alumnos coreanos. Sus apellidos eran muy difíciles de pronunciar y de escribir. Entonces la maestra no tuvo mejor idea que hacerlos pasar al frente y tocando la cabeza los llamó Chin-Chu-Lin. Los tres coreanitos pasaron a tener un nuevo nombre y a ser el centro de las cargadas del grado", dice Ramos.

Según Ramos, el problema de la discriminación escolar radica en el hecho de que los chicos son crueles porque no tienen la cuota de hipocresía de los adultos, que miden sus palabras. Por eso los casos de acoso escolar son particulares y muy difíciles de tratar.

Y Carolina también lo siente así. Dice que su prima menor, de nacionalidad paraguaya, fue discriminada por el propio sistema escolar. "Tuvo muchas dificultades para terminar la escuela. Y cuando concluyó el magisterio se encontró con que no podía salir a trabajar porque no le otorgaban el certificado de estudios terminados. Todo por ser paraguaya", indica Carolina.

Y Jorge, padre de cinco hijos, afirma que sus chicos fueron excluidos de una escuela en San Clemente del Tuyú por su posición económica. "Mi hija mayor comenzó a ser discriminada en el colegio. Le decían que nosotros no teníamos el nivel económico de los padres que debía tener esa institución. Cuando fui a inscribir a mis hijos para el nuevo año, me dijeron que no los aceptaban. Me avisaron en una carta documento que no matricularían a ninguno de los chicos", se lamenta, y la voz se le quiebra.

La pedagoga Rodríguez asegura que si la discriminación no es tratada a tiempo puede ser el germen de hechos violentos que se multiplican.

"Es un tema que preocupa, porque en la Argentina hubo casos de discriminación que terminaron con chicos que mataron a otros. En España, con adolescentes que se suicidan por ser acosados. Y en Japón, los menores discriminados se ahorcan. En todo esto hay un fenómeno que parece actuar por contagio. Y la única forma de prevenirlo es que las autoridades se comprometan en planes que puedan atenuar este fenómeno", concluye.

Donde denunciar

Por Jesús A. Cornejo De la Redacción de LA NACION
TEMAS DE HOYActividad económicaElecciones 2015Crisis habitacionalTorneo Primera División