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Una historia de amor... por el prójimo

Martes 28 de junio de 2005

Hay que ver cómo el esfuerzo tiene premio no sólo en los jóvenes jugadores de Virreyes Rugby Club. Los chicos se divierten, pero al parecer los más complacidos son quienes les ofrecen su dedicación. Bien sostiene el dicho: hay más alegría en dar que en recibir.

"Esto es lo que uno espera en la semana por la gratificación que dan estos chicos. Ellos nos dan más a nosotros que nosotros a ellos. Me cambió todo; me levanto con unas ganas terribles", comentó con gran placer Eduardo Cartasso, entrenador de la 6ª división (14 años), mientras veía a sus dirigidos frente a Vicente López.

El último tiempo de ese partido tuvo lo que ya es costumbre para Virreyes en el rugby infantil: que los jugadores actúen mezclados, que cada equipo tenga integrantes de un club y del otro. Como sostuvo Marcos Julianes, uno de los fundadores: "Es un formidable antídoto contra la violencia en el rugby, que tanto nos preocupa. Los chicos aprenden a no hacer al otro lo que no le gusta que le hagan a uno. Tienen al lado un rival y enfrente un compañero: el juego es más relajado, más alegre, los padres se olvidan del resultado. Es como para imitar en todo el rugby".

Una de las facetas más destacadas por los técnicos es la amplitud del rugby, que puedan jugarlo altos, bajos, gordos, flacos... Una imagen de aquel encuentro conmovió: "Mirá cómo defiende la pelota ese chico", señaló Cartasso, mientras un flaquito, con una mano izquierda pequeña y torcida, atesoraba la guinda, y en un ruck...

La satisfacción se repite en otros colaboradores. "Con el tiempo cambió la actitud de los chicos hacia el juego y de nosotros hacia ellos. Entre su necesidad de contención y la onda nuestra, todo creció", manifestó Javier Crespo, otro de los 30 entrenadores y socio del SIC. "La relación en la cancha se traduce en buena conducta en la casa y el colegio. Esto no es beneficencia; es un club de rugby en que queremos que los chicos suban un escalón en la vida", expresó Roberto Frenkel, hombre de Champagnat.

Incluso los padres se sienten a gusto, porque sus hijos se alejan de la calle y las malas compañías. "Están con buenos amigos, los viernes se van a dormir temprano, se preocupan por su estado físico y su salud. No cambió mucho el vocabulario, pero sí el respeto a los otros", describió Jorge Flores, papá de Damián. Sin embargo, Jorge relató que los padres, por ahora, casi no se integran. "Van pocos. La gente cree que todo le está negado, que no es parte de eso. Piensa: «¿Qué voy a hacer ahí?». No se siente parte", agregó, con la esperanza de que se sumen.

"Ojalá los chicos, dentro de 10 años, sean directivos de su propio club y yo venga a ver sus partidos", deseó Frenkel. Todos se sienten parte de sus clubes originales y pretenden que sus pollos identifiquen a Virreyes como el propio. Hoy hay chicas jugando al hockey en Fate y todos se entusiasman con el nuevo terreno que tendrá la entidad. Para eso necesitan más ayuda, canalizable por estas vías: majulianes@tutopia.com y (15) 4998-6506 (Julianes), por@sion.com (Patricio O’Reilly), (15) 5894-5454 (Frankel).

"Llegamos, seguimos", suelen decir. Y con ellos ya se comunicó gente del club DAOM, interesada en repetir esto en Flores.

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