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Brillante noche con la Sinfónica

Domingo 03 de julio de 2005
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Concierto de la Orquesta Sinfónica Nacional. Director; Pedro Ignacio Calderón. Solista: Luis Roggero (violín). Coro Polifónico Nacional, con la dirección de Roberto Luvini. Programa: Obertura de "Rosamunda", de Schubert; Concierto para violín y orquesta, Op. 61, de Beethoven; Scherzo sinfónico "El aprendiz de hechicero", de Dukas, y Sinfonía Nº 2, Op. 14 "A Octubre", de Shostakovich (primera audición). En el Auditorio Belgrano.

Frente a un auditorio cubierto en todas sus localidades y con mucha gente de pie, se llevó a cabo un concierto del ciclo de la Orquesta Sinfónica Nacional con programas que incluyen las sinfonías de Dmitri Shostakovich hasta completar la serie integral, contribución artística de alto vuelo impulsada por Pedro Ignacio Calderón, titular del organismo oficial. Precisamente en este concierto, y con su dirección, fue brillante e impactante la versión ofrecida en primera audición para nuestro país, de la Sinfonía Nº 2, Op. 14, denominada "A Octubre" del creador ruso, acaso uno de los más fascinantes del siglo pasado.

La obra que se desarrolla en un único movimiento de alrededor de veinte minutos, especie de alegato a la revolución rusa de octubre, tiene una primera mitad exclusivamente a cargo de la orquesta que transita por un lenguaje audaz no exento de disonancias y una abigarrada sonoridad, por momentos ríspida y excitante que de alguna manera contrasta con la segunda mitad donde un himno con texto del poeta Alexander Rezymensky da lugar a la intervención de un coro gigantesco para fortalecer ampulosas manifestaciones de jubilo que años después, con el advenimiento de Stalin, se trasformaron en descarnados llamados de dolor y ahogo.

La versión tuvo el atractivo de un director de fuste como Pedro Ignacio Calderón, que se agiganta frente a obras realmente complejas y logra ensamblar de maravillas los timbres instrumentales con los vocales provenientes del Coro Polifónico Nacional, preparado con idoneidad por Roberto Luvini. Si es justo afirmar que los músicos de La Nacional cumplieron su cometido con la eficacia que los caracteriza, se sumaron las voces de una institución de primer orden, conformada por coreutas que en su inmensa mayoría son cantantes idóneos entregados a su tarea con amor.

Virtuoso del violín

No obstante el impacto causado por Shostakovich y su obra, el punto de mayor relevancia del programa estuvo centrado en las muy buenas versiones de la obertura para la música incidental de "Rosamunda", de Schubert, la espléndida versión que logró Calderón del famoso scherzo sinfónico "El aprendiz de hechicero" del colorido compositor Paul Dukas y por la admirable interpretación del concierto para violín de Beethoven, con Luis Roggero como solista.

Bien se sabe que ofrecer obras muy difundidas, de esas que se incluyen en las salas de conciertos de manera reiterada o son difundidas por radio de un modo realmente excesivo son las más comprometidas de ofrecer. Una de ellas es la obra de Beethoven que, como no podía ser de otro modo, por los quilates del solista y del director, se escuchó una versión respetuosa, pero con sello distintivo y renovador.

Pedro Ignacio Calderón logró de la orquesta un lenguaje expresivo y temperamental, con ritmo interno como es en líneas generales el mundo beethoveniano. El director ratificó plenamente su reconocida solvencia y su prestigio internacional.

Luis Roggero, por su parte, exhibió sus virtudes más destacadas, un sonido de violín característico en la zona aguda de cristalina transparencia, articulación sin fisuras, manejo del arco sutil y un fraseo cargado de emoción, la necesaria para que el oyente pudiera admirar en toda su magnitud la entrega de un auténtico virtuoso.

Frente al enfervorizado aplauso, el artista agregó una pieza que no dejó dudas sobre su capacidad de ejecutante, un scherzo de Fritz Kreisler, que provocó un aplauso efusivo aun de los propios integrantes de La Nacional, seguramente orgullosos de su violinista concertino.

Fue una noche brillante.

Juan Carlos Montero

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